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El extraordinario ropero de Isabella Blow, en la Somerset House de Londres

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El extraordinario ropero de Isabella Blow, en la Somerset House de Londres

El extraordinario ropero de Isabella Blow, en la Somerset House de Londres

El extravagante y fascinante ropero de la malograda estilista británica Isabella Blow, un icono de la moda en el Reino Unido, se expone desde mañana en Londres en una muestra que reafirma su influencia seis años después de su muerte.

Hasta el 2 de marzo las galerías Embankment de la Somerset House despliegan centenares de sofisticados atuendos, lujosos zapatos y estrafalarios sombreros que pertenecieron a Blow, la influyente directora de la sección de moda de publicaciones como Vogue, Tatler o el dominical Sunday Times.

Nacida en el seno de la aristocracia británica en la Inglaterra de la postguerra, su aplaudida carrera en el mundo de la moda, que duró tres décadas, empezó a comienzos de los 80 como ayudante de la directora del Vogue estadounidense Anna Wintour.

Inspiración para artistas y diseñadores, y con una pasión sin límites por la creatividad, la excéntrica Blow, que regresó de EEUU a Londres en 1986, "tuvo un gran impacto internacional y fue muy respetada en Francia", explicó hoy Efe uno de los comisarios de la muestra, Alistair O'Neill, durante la presentación a la prensa.

"La respuesta a esta exposición prueba cómo Isabella continúa teniendo influencia no sólo en el campo de la moda, sino en una definición más amplia de la cultura popular", opinó O'Neill.

Blow, que se quitó la vida en 2007 a los 48 años, al poco de ser diagnosticada con cáncer de ovarios, también destacó por sus frecuentes colaboraciones con conocidos fotógrafos como Steven Meisel, David LaChapelle y Sean Ellis. Con ellos jugó a la provocación hasta establecerse como una figura por derecho propio dentro del mundo de la moda y el arte contemporáneo.

La galería revela de manera envolvente y con una tenue iluminación el fascinante vestuario de Blow, con zapatos firmados por Manolo Blahnik, exquisitos diseños del también fallecido Alexander McQueen -a quien ella descubrió- y tocados del admirado diseñador de sombreros Philip Treacy, en cuya carrera resultó clave.

Esas piezas icónicas del envidiado ropero de Blow no pretenden sólo exhibir un armario, sino que sirven "para desempaquetar sus intereses y preocupaciones, así como cosas que Isabella seguía", como sus sombreros de plumas o de cáscara de langosta.

Otras salas exploran "aspectos psicológicos" de la estilista, con vídeos que proyectan entrevistas en las que ésta habla de su singular relación con la ropa y "cómo su vestuario era su armadura, su protección ante el día a día".

En cuanto a su obsesión por los sombreros, de todos los tamaños, formas, colores y materiales, Blow se escudaba tras ese accesorio "porque no se sentía guapa y pensaba que con un sombrero podía compensar sus deficiencias; eran como un tónico, le hacían sentir bien en cuanto se los ponía", según O'Neill.

Blow fue crucial para dar descubrir e impulsar las carreras de hoy conocidos nombres en el mundo de la moda como Alexander McQueen, Treacy, Hussein Chalayan o Julien Mcdonal y a modelos como Sophie Dahl o Stella Tennant.

Su relación con McQueen atravesó altos y bajos: "Ambos tenían mucho temperamento y se solían enfadar para luego volver a enamorarse", señaló O'Neill, que recordó que Blow se sintió "defraudada" cuando el modisto fichó por la casa Givenchy, gracias a ella, y la dejó fuera de su equipo creativo.

Tras su trágico fallecimiento en 2008, McQueen y Treacy celebraron un desfile, "La dame Bleue", inspirado en Isabella Blow, que se recuerda en una de las salas de esta envolvente exposición.

Por Patricia Rodríguez

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