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Pekín prosigue la represión y juzga a un activista por apoyar la libertad de prensa

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Pekín prosigue la represión y juzga a un activista por apoyar la libertad de prensa

Pekín prosigue la represión y juzga a un activista por apoyar la libertad de prensa

China juzgó hoy, en un tribunal blindado por la policía y tras arrestar a diversos ciudadanos que intentaron seguir el proceso, al prominente activista Guo Feixiong, acusado de "alterar el orden público", un delito que está siendo usado por el régimen comunista para acallar a las voces que le incomodan.

En el caso de Guo, su defensa de la libertad de prensa y su lucha contra la corrupción política le ha llevado hoy a sentarse en el banquillo en la ciudad sureña de Cantón, junto a otro activista, Sun Desheng, que también se ha visto involucrado en el caso.

Este juicio, que fue retomado hoy después de que en septiembre los abogados de la defensa boicotearan el proceso por no considerarlo legal, se produce sólo una semana después de que un tribunal pequinés juzgara a la veterana periodista china, Gao Yu, acusada de revelar secretos de Estado, un caso visto como un intento de silenciar a una profesional muy crítica con el Partido Comunista.

Hoy la fiscalía acusó a Guo de alterar el orden, en concreto, por haber apoyado las célebres protestas que impulsaron los periodistas del semanario "Southern Weekly" cuando las autoridades trataron de censurarles un editorial en enero del año pasado.

Según la acusación de la fiscalía, Guo supuestamente portó pancartas y ofreció discursos durante la protesta, y además organizó a otros, como Sun, para publicar imágenes en internet de su participación en actividades similares en hasta ocho ciudades más.

Estas iniciativas, según la fiscalía, "atrajeron a la gente y obstruyeron el trabajo de la policía de cumplir la ley".

Tanto Guo, de 48 años, como Sun, de 32, se declararon hoy "inocentes" en el juicio, en el que se produjo un acalorado debate entre los abogados de los activistas, la fiscalía y los jueces, según confirmó hoy a Efe el letrado Sui Muiqing, quien se ocupó del caso durante algunos meses.

Sui criticó hoy las irregularidades del proceso: "Su caso debería ser abierto al público, pero se está llevando a cabo de manera secreta", comentó el abogado, quien precisó que hay policías rodeando la corte en unos 3 kilómetros a la redonda.

Además, aseguró que otras personas cercanas a Guo han sido "invitadas a viajar", una práctica que se ha convertido en habitual para las autoridades cuando se celebran juicios como el de hoy en China.

Sui, que dejó el caso después de presiones de la policía y al considerar que podría perjudicar el proceso por su cercanía personal con Guo, también denunció las malas condiciones en las que se ha tratado al acusado durante su estancia en la cárcel, en la que "no ha podido salir de su celda".

"No se encuentra bien de salud... Le han maltratado psicológica y físicamente", afirmó a Efe el letrado, quien, no obstante, mantuvo que el activista se encuentra "bien de ánimo".

Según la visión del experto, la "sentencia ya está decidida" y auguró que Guo será condenado a unos cuatro años.

Guo, uno de los defensores de los derechos humanos más combativos del sur de China, comenzó a ser conocido en 2005 cuando ayudó a ciudadanos a organizarse para protestar por problemas ligados a la la corrupción en sus localidades y conflictos de tierra.

El activista fue ya encarcelado en 2007 por sus publicaciones acusado de "actividades comerciales ilegales", pero a su salida, en 2011, volvió a su trabajo a favor de las libertades políticas.

Para Sui, el caso de Guo tiene muchas similitudes con el de Xu Zhiyong, uno de los fundadores del movimiento "Nuevo Ciudadano" que surgió con mucha fuerza en China para pedir al Gobierno que sea más transparente y combata la malversación.

Xu, considerado siempre como un activista moderado, fue condenado a cuatro años de prisión en Pekín bajo la misma acusación de alterar el orden público.

"Hay muchos que ya comparten un dicho: Xu del norte, y Guo del sur", comenta el letrado.

Tras Xu, las autoridades prosiguieron su campaña de persecución al movimiento y condenó a otros varios miembros del mismo a penas cárcel por el mismo delito, lo que ya es visto por los analistas como un patrón del régimen para acallar la disidencia.

"Estos vagos crímenes de bolsillo están siendo usados para criminalizar comportamientos que se enmarcan dentro de los márgenes de los derechos humanos, como llevar una pancarta o reunirse pacíficamente para conmemorar un movimiento democrático", denunció a Efe Maya Wang, investigadora de Human Rights Watch.

Wang explica que estas medidas están siendo utilizadas después del cierre de los campos de reeducación -los gulags chinos- y después de que la Fiscalía Popular Suprema publicara una directiva ordenando utilizar estos crímenes "contra aquellos cuyo último propósito es la subversión del Estado".

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