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Sebastiao Salgado salió a buscar el planeta y se encontró a sí mismo

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Sebastiao Salgado salió a buscar el planeta y se encontró a sí mismo

Sebastiao Salgado salió a buscar el planeta y se encontró a sí mismo

Las bellas e impactantes imágenes de Sebastiao Salgado transportan al espectador muy lejos, hasta los enormes icebergs del Antártico o las comunidades selváticas de Sumatra, pero lo mejor para el fotógrafo brasileño fue que salió con su cámara "a buscar el planeta" y se encontró a sí mismo.

Sebastiao Salgado (Aimorés, Brasil, 1944), de visita en España para presentar "Génesis", exposición que permanecerá en CaixaForum Madrid hasta el próximo 4 de mayo, recuerda, en una entrevista con la Agencia Efe, que llegó a la naturaleza ante su hartazgo de la fotografía social, tras unas experiencias "complicadas" con los seres humanos "y la violencia" con la que pueden actuar.

Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, el brasileño dejó algunas de las grandes agencias de fotografías, como Gamma o Magnum, para crear en 1994 su propia agencia, Amazonas Images, y seguir en una profesión que, asegura, le ha dado "todo" lo que es hoy.

De su trabajo en "Éxodos" (2000), un tributo a la emigración masiva provocada por la hambruna, los desastres naturales y el deterioro medioambiental causado por el hombre, reconoce que salió "sin grandes esperanzas" sobre el futuro del planeta, una situación que le llevó a dejar de fotografiar.

La cesión por parte de sus padres de una finca familiar en Brasil a mediados de los 90 fue "clave" para su vuelta a la fotografía, al aceptar "el desafío" de recuperar la frondosa vegetación que él recordaba existía en ese lugar en su infancia y que, en ese momento, había desaparecido.

Tras plantar entre él y su esposa y compañera de vida, Lélia Wanick Salgado, más de dos millones de árboles, comprobaron "asombrados" el retorno de las aguas a la hacienda y también de la abundante fauna que antes la poblaba, un valle "tan grande como Portugal", la cual es hoy "la recuperación ambiental más grande hecha en Brasil".

Trabajando en este proyecto, reconoce que sintió "la llamada de la naturaleza", a la que atendió con su cámara Leica al hombro y en la que -dice- salió "a buscar el planeta" y se encontró a sí mismo.

"El viaje interior ha sido mucho mayor que el durísimo viaje exterior" que ha tenido que hacer durante los ocho largos años en los que se ha prolongado su proyecto "Génesis", según reconoce el emblemático fotógrafo, quien asegura que, durante un periplo como el que él ha realizado, en compañía de su esposa y de un guía de montaña, "uno descubre que somos naturaleza propiamente dicha".

Así, Salgado asegura que él es "tan naturaleza como un árbol" o una iguana a la que fotografió en uno de sus viajes, conclusión a la que llegó tras ver, a través de la óptica de su cámara, su pata: "Pensé que era mi prima; hemos venido de la misma célula, aunque hemos evolucionado de forma distinta".

"Nos olvidamos de ser, porque todos estos años nos han contado la gran mentira de que el ser humano es el único racional", denuncia el fotógrafo, quien asegura que en estos ocho años ha descubierto que todas las especies son "profundamente racionales dentro de su especie".

Ante las 245 fotografías de gran formato en blanco y negro de "Génesis", el espectador se siente muy pequeño y desvalido en medio de los infinitos desiertos saharianos, los inmensos glaciares de Alaska o los abundantes ríos amazónicos, rincones totalmente vírgenes del planeta.

También pierde sentido la aparente opulencia del mundo desarrollado ante la visión de formas de vida indígenas aún inalteradas, como las de la etnia "korowai" de Papúa Occidental o las comunidades selváticas de los "mentawai" en las islas de Sumatra.

"Espero que quien las vea piense que hay cosas mucho más importantes que pensar sólo en nosotros, en nuestra supervivencia o en nuestra cuenta corriente del banco", afirma Salgado.

De los treinta y dos territorios visitados durante ocho años asegura que una de las experiencias que más le impactó fue su estancia, durante dos meses, con un grupo de trashumantes "nenets" y sus manadas de renos en Siberia, a los que quiso recompensar al despedirse de ellos por su gentileza con un regalo y no se lo aceptaron.

"Ellos transportan todas sus pertenencias en sus carros tirados por renos y no quieren más cosas que las esenciales para vivir", subraya Salgado, quien afirma que las personas que se ha encontrado en este periplo "viven mucho más felices que nosotros sin nada material, porque viven por y para la naturaleza, en comunión con ella, con sus hijos y con los animales que les rodean".

De España, el fotógrafo recuerda que en la Edad Media era un país frondoso, cubierto de flores, "y hoy es un gran desierto, con problemas de agua y polución", lo que le lleva a pensar que en todo el mundo el ser humano tiene "la obligación" de echar la vista atrás y construir "todo lo que ha destruido", si quiere seguir conservando ese "maravilloso planeta que está ahí fuera".

Sebastiao Salgado reconoce que a veces sí que ha tenido la tentación de quedarse en alguno de estos lugares, a los que llegó a pie, en avioneta, en buque, en canoa o incluso en globo aerostático, pero él tiene -dice- su propia "tribu", su esposa y sus hijos, a la que debe regresar, y con la que trata de vivir en comunión con una naturaleza a la que en estos años ha aprendido a amar y respetar.

Concha Carrón.

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