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La elevada abstención en Chile inquieta a las candidatas a la presidencia

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La elevada abstención en Chile inquieta a las candidatas a la presidencia

La elevada abstención en Chile inquieta a las candidatas a la presidencia

La elevada abstención registrada en la primera ronda de la elección presidencial chilena ha hecho sonar la alarma en los comandos electorales de Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, quienes se verán las caras nuevamente el próximo 15 de diciembre en una segunda ronda.

Además de la incidencia en las expectativas electorales de las dos aspirantes a suceder a Sebastián Piñera, la baja participación ensombrece la legitimidad del sistema político chileno, uno de los más consolidados de toda América Latina.

El pasado 17 de noviembre, por primera vez en la historia del país, los chilenos pudieron votar voluntariamente en unos comicios presidenciales y parlamentarios, sin tener que inscribirse antes en el registro electoral. Pero ese día, uno de cada dos ciudadanos prefirió quedarse en casa.

La participación del 49,3 por ciento (6,7 millones de personas), la más baja desde el retorno a la democracia tras la dictadura de Augusto Pinochet, fue un balde agua fría para toda la clase política, que dos años antes había aprobado de forma unánime la reforma electoral.

Las autoridades pensaban entonces que el voto voluntario atraería a un millón de electores más, pero lo cierto es que sucedió todo lo contrario.

Cuando el voto era obligatorio, había 8,5 millones de electores inscritos, pero en la práctica sufragaban 7,5 millones. El resto se excusaba ante las autoridades o incluso prefería pagar la multa.

En octubre del pasado año, los comicios municipales pusieron a prueba el nuevo sistema electoral. El resultado no fue muy halagüeño. La abstención rondó el 40 por ciento.

Sin embargo, la alta participación registrada en las elecciones primarias que en junio de este año celebraron las dos grandes coaliciones hizo renacer las esperanzas, porque en esa ocasión hubo casi el doble de los votantes esperados.

Ahora, cuando faltan dos semanas para la segunda vuelta, la representante de la coalición opositora Nueva Mayoría, la exmandataria Michelle Bachelet, aspira a ensanchar su espacio electoral con los votantes de las otras candidaturas progresistas que concurrieron el pasado día 17.

En tanto, la aspirante oficialista, Evelyn Matthei, de la derechista Alianza por Chile, se afana por superar los casi 22 puntos que la separaron de su oponente en la primera vuelta.

Matthei está convencida de que los que se quedaron en su casa fueron, sobre todo, de su sector político y por eso ahora se esfuerza en atraer al nutrido grupo de ciudadanos que no se sintieron representados por ninguna opción política.

Pero a ambas les inquieta que la abstención el próximo 15 de diciembre supere incluso el 50,7 por ciento registrado hace dos semanas, porque siempre que en Chile ha habido segunda vuelta para decidir una elección presidencial, la participación ha sido menor. Y eso que antes el voto era obligatorio.

Ésta es una preocupación que comparte el propio presidente Sebastián Piñera, quien en la noche del día 17 dirigió un mensaje al país lamentando la elevada abstención, motivo por el cual el Gobierno estudia intensificar la campaña para que la ciudadanía tome conciencia de su deber cívico.

El temor que subyace es que cuanta menos gente acuda a las urnas el próximo 15 de diciembre, menor será la legitimación del proceso electoral y, en último término, del propio sistema político.

Algunos analistas señalan que la diferencia entre ambas candidatas es tan grande que nadie cree que Matthei vaya a superar a Bachelet y ello hace que el incentivo para ir a votar sea menor, con independencia de cuál sea la preferencia política de los electores.

Además, 1,8 millones de chilenos no votaron por ninguna de las dos candidatas hace dos semanas y está por verse que ahora vayan a cambiar de opinión, porque ninguno de los siete aspirantes que quedaron fuera de carrera ha pedido a sus seguidores que traspasen el voto a una de las candidatas.

Es más, algunos, como el independiente Franco Parisi, ha anunciado incluso que no piensa ir a votar, lo cual ha sido considerado como una falta de civismo político.

Algunos estudios señalan que el voto voluntario favorece a las clases media y alta, porque son las que tiene más conciencia política y acuden a sufragar.

Pero los expertos no se ponen de acuerdo en este punto, porque la realidad es que en la primera vuelta hubo muchos municipios pequeños y zonas populares en los que la participación fue bastante elevada.

En lo que sí coinciden los analistas es en que si el próximo 15 de diciembre los niveles de participación descienden aún más, es muy probable que los partidos se planteen la conveniencia de volver al voto obligatorio.

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