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La guerra en el este de Ucrania castiga a pueblos enteros sin agua, luz y gas

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La guerra en el este de Ucrania castiga a pueblos enteros sin agua, luz y gas

La guerra en el este de Ucrania castiga a pueblos enteros sin agua, luz y gas

Los habitantes de numerosas localidades rurales situadas en el frente del este de Ucrania viven aislados, sin agua, luz y gas, víctimas del asedio y del fuego cruzado entre el Ejército ucraniano y las milicias prorrusas.

"Llevamos más de dos años sin agua ni energía. Aún no sabemos cómo vamos a enfrentarnos a las heladas del invierno", dice a Efe Ninel Alexandrovna, una de los pocas personas que quedan en el pequeño pueblo de Berdyanske, al sureste de la provincia de Donetsk.

Ninel reside en la denominada "zona gris" de la operación antiterrorista de las tropas ucranianas, cerca de la frontera con Rusia, en la línea de contacto que separa el territorio controlado por el Gobierno y el ocupado por separatistas prorrusos.

Como resultado de las hostilidades, que se registran casi a diario, las infraestructuras que suministraban recursos de primera necesidad a esta zona quedaron dañadas o fueron confiscadas.

"Vivir así es muy duro. Todo el pueblo está igual: no hay electricidad, no cobramos nuestras pensiones, no tenemos dónde comprar alimentos. Nadie quiere venir aquí porque saben que en cualquier momento puede pasar algo", explica Ninel, que depende de la ayuda humanitaria de la Cruz Roja para sobrevivir.

Una bombilla, que cuelga de un fino hilo en el techo de su salón y funciona con la ayuda de un generador, es la única fuente de luz con la que vive su familia, formada por ella, su hijo, su nuera y el bebé de ambos.

Pese a estar en silla de ruedas y reconocer que vive con el miedo a ser alcanzada por una bala perdida, Ninel se niega a marcharse de la que siempre ha sido su casa, objeto de ataques en más de cuatro ocasiones, como demuestran las numerosas marcas de disparos en su exterior.

"Nos vamos a dormir cada noche con el sonido de los tiroteos. Sales a la calle y no sabes si volverás viva", afirma Ludmila Razumova, otra vecina que resiste en ese fantasmagórico pueblo junto a su marido y sus hijos.

En 2015 Ludmila vio arder su casa por culpa de la artillería. La mitad de su vivienda quedó destrozada y aún están presentes las grandes grietas que abrió el fuego de las granadas.

"No tuvimos tiempo de salir corriendo. Nos protegimos bajo muebles y colchones", recuerda.

La población civil sigue sufriendo las consecuencias del interminable conflicto que ha dividido la región del Donbáss, como se conoce a las provincias orientales de Donetsk y Lugansk, una parte de las cuales fueron ocupadas por las milicias prorrusas y autoproclamadas como repúblicas independientes de Ucrania en 2014.

Las restricciones de seguridad impuestas por el Ejército ucraniano obligan a los habitantes de Berdyanske a atravesar puestos de control militar para ir a cualquier lugar.

No pueden recibir visitas de familiares o amigos que no residan en la población y tampoco pueden entrar en la localidad vehículos comerciales.

"Hay muchísimos pueblos ubicados en la línea de contacto a los que aún no tenemos acceso debido a su peligrosidad o a la fuerte presencia militar. Y la población que vive en estas áreas está muy necesitada de ayuda", explica a Efe Daniela Hannon, delegada de la Cruz Roja en la ciudad portuaria de Mariupol (Donetsk).

Se trata de una de las pocas ONG que consigue enviar convoyes de ayuda a ambos lados del frente y establecer un diálogo con las autoridades para obtener acceso a algunas de las áreas más remotas para evaluar las condiciones de vida de las víctimas del conflicto armado.

Hannon asegura que la situación es especialmente difícil para la gente mayor que reside en la zona de conflicto, que en la mayoría de los casos no tiene recursos para marcharse y se ve obligada a vivir en los sótanos de sus casas entre constantes bombardeos.

"Intentamos encontrar maneras para sacarlos de ahí, hablar con ellos e identificar sus necesidades. Pero para ellos no es fácil salir siquiera de su casa y hablar con nosotros, porque puede ser muy peligroso", asevera.

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