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Niños que juegan a ser niños para olvidar la guerra

Chalecos en Lesbos/ Pedro Armestre

Dicen que la isla de Lesbos atrapa, que una vez que has entrado en contacto con la tragedia que allí se consume todos los días, es imposible desprenderse de ella. Es cierto, pero no es sólo la tragedia de los refugiados lo que te persigue una vez dejada la isla. Son sus historias, sus miradas, sus sonrisas y sus lágrimas. Son esos abrazos, esas expresiones de amor entre los niños refugiados y sus padres y hermanos. Es la dedicación de las decenas de voluntarios que les acogen con ropa caliente, comida, agua y unas palabras de ánimo, y que te hacen volver a creer en la humanidad. Pero son sobre todo las sonrisas de los niños, su increíble fuerza y valor en medio de esta tragedia humanitaria.

Lo primero que salta a la vista al llegar a Lesbos son las montañas de chalecos salvavidas naranjas, que salpican toda la línea de costa que desde el aeropuerto de la isla lleva a Mitilene, la capital. Les acompañan las carcasas de los barcos, desde botes de goma a barcos de madera que yacen medio hundidos en la orilla. El primer impacto es desolador, los restos de lo que parecen miles de naufragios contrastan de manera brutal con el paisaje antes idílico de esta isla del Egeo. 

Los primeros barcos atiborrados de refugiados no tardan en llegar. Se divisan desde lejos, en cuanto salen de la costa de Turquía, perfectamente visible a tan solo seis millas de distancia. La mayoría son precarias lanchas de goma, en la que viajan entre 40 y 60 personas, y avanzan lentas, medio hundidas por el peso excesivo que transportan. A menudo el motor se rompe y los refugiados pasan horas perdidos, a la deriva, en una travesía que con condiciones normales lleva entre una hora y una hora y media. 

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¿Por qué hablar de Pobreza Infantil?

Natalia Quiroga/ Save the Children

Persona sin hogar, niño o niña viviendo en una chabola, hombre desempleado que no percibe ninguna prestación, madre soltera trabajando a tiempo parcial, pareja atrapada en la espiral del sobreendeudamiento… La pobreza tiene muchas caras, lejos de poder entenderse solamente por la falta de ingresos. En Save the Children, nuestra experiencia directa con la infancia más vulnerable nos permite reafirmar la complejidad de la pobreza infantil.

El pasado 20 de octubre el Congreso de los Diputados aprobó los Presupuestos Generales para el año 2016. En estos presupuestos la inversión en infancia sigue disminuyendo, y con ello, aumentando la desigualdad. En Save the Children mantenemos las exigencias presupuestarias de nuestra Agenda Política e insistimos en que es necesario que la inversión en infancia y familia aumente, para que disminuyan la desigualdad social y el número de familias y niños en riesgo de exclusión.

Ante el elevado número de personas en la Unión Europea en riesgo de pobreza y exclusión social, el 17 de junio de 2010 el Consejo Europeo aprobó para la siguiente década la estrategia de crecimiento de la UE: Europa 2020. El objetivo es conseguir que la UE posea una economía inteligente, sostenible e integradora. En esta nueva estrategia, la propia UE propuso ampliar el indicador de pobreza relativa utilizando el indicador AROPE, que engloba al grupo de personas en riesgo de pobreza o exclusión social. Sin embargo, este indicador agregado agrupa solo dimensiones económicas, como el nivel de ingresos, de precariedad laboral y privación material.

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180 días

Hace 180 días la tierra tembló en Nepal, causando la muerte de casi 9.000 personas y una enorme devastación: más de 600.000 viviendas, 30.000 escuelas y 1.000 centros de salud fueron reducidos a escombros.

Afortunadamente el primer terremoto- el más destructivo- tuvo lugar en sábado, el día de la semana no lectivo en Nepal. Si hubiese ocurrido en cualquier otro día, la tragedia en las escuelas hubiera sido inmensa.

Como en todas las catástrofes naturales y en todos los conflictos armados, las mayores víctimas son los niños y las niñas. Decenas de miles de niños de Nepal han perdido a sus padres, familiares y amigos, sus casas, sus escuelas, sus centros de salud, y ahora viven mucho más expuestos a la explotación laboral o sexual.

Hace pocos días regresé de Nepal. Muchas personas me preguntan por el proceso de reconstrucción del país, con la sensación de que el terremoto tuvo lugar hace mucho tiempo, producida por el modo tan rápido en que consumimos la información. Pero fue hace tan sólo 180 días.

Pedro Armestre/ Save the Children

Pedro Armestre/ Save the Children

El mayor progreso desde la catástrofe ha tenido lugar en lo más humano e intangible: las familias y comunidades han asumido con impresionante rapidez y resistencia las pérdidas de todo tipo causadas por el terremoto, y luchan con gran coraje por desarrollar una nueva vida en un contexto mucho más precario y difícil que el que ya tenían antes del seísmo. La capacidad y la velocidad de superación del trauma que están demostrando es la que sólo tienen los pueblos acostumbrados a vivir en la adversidad.

El menor progreso desde la catástrofe está teniendo lugar en el ámbito material. Las ciudades, los pueblos, las aldeas más remotas son todavía un mar de escombros. Sólo allí uno se da cuenta de que retirar todo lo destruido, paso imprescindible para comenzar a construir, supone un inmenso esfuerzo cuando las únicas herramientas disponibles son las propias manos.

En estos 180 días la ayuda humanitaria llegó y atendió necesidades inmediatas de una buena parte de la población afectada: refugio, alimentos, agua, suministros de salud, escuelas temporales. La difícil orografía de Nepal y la precariedad de sus infraestructuras de comunicaciones lo convirtieron en un enorme desafío logístico. Aún hoy, no se ha conseguido llegar a las comunidades más remotas, que viven en zonas montañosas de muy difícil acceso. Save the Children utiliza helicópteros y porteadores humanos para hacer llegar ayuda humanitaria imprescindible a las zonas más inaccesibles.

Pedro Armestre/ Save the Children

Pedro Armestre/ Save the Children

El trabajo más importante es el que habíamos hecho antes del terremoto: en previsión de una emergencia, Save the Children había previsto suministros para atender necesidades inmediatas de 4.000 personas en todos los distritos. Fueron fundamentales en la primera respuesta. Habíamos trabajado con todos los hospitales y centros de salud implantando protocolos sanitarios de respuesta en emergencias. Fueron decisivos para salvar muchas vidas.

Hemos atendido las necesidades más inmediatas, pero es urgente e imprescindible impulsar la reconstrucción. Una gran parte de la población de Nepal aún vive bajo lonas o en refugios temporales precarios, y llega el invierno al país más montañoso del mundo. Las promesas de las potencias internacionales en la Conferencia de Donantes deben convertirse en realidades rápidamente, y el gobierno de Nepal debe acelerar el plan de reconstrucción.

El primer terremoto de Nepal duró sólo dos minutos. Recuperarse de la devastación que causó llevará al pueblo de Nepal un mínimo de tres años, y sólo será posible si cuenta con el apoyo decidido y continuo de la ayuda internacional.

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Cuando la mudanza la decide una guerra

Un niño refugiado busca refugio de la lluvia en un campo improvisado en Croacia

De pequeña cambié 7 veces de ciudad. La palabra mudanza se aparecía con bastante frecuencia en nuestras cenas familiares, y cuando lo hacía, empezaba todo un proceso. Planificar la fecha en la que debíamos estar en el nuevo destino, meter todo en cajas, contratar un camión para el traslado, encontrar casa y localizar un nuevo colegio para mi hermano y para mí. Eso era únicamente la parte logística de la cuestión, después venía el proceso emocional y personal que cada uno teníamos que vivir. Separarte de tus amigas y amigos, superar la tristeza de dejar lo que se había convertido en tu hogar, enfrentar el miedo a llegar a un sitio diferente, a ser la nueva de la clase una vez más. A llorar muchas veces porque con 5, con 7, con 8, con 11, con 13 y con 16 años, cuesta dejar atrás todo lo que conoces y empezar de nuevo.

A pesar de todo ese viaje físico y emocional, siempre que llegaba a una nueva ciudad tenía una casa en la que dormir desde la primera noche. Mi madre enseguida conseguía las tarjetas para el médico que nos permitían el acceso a recetas y a visitas a los especialistas. En el colegio me facilitaban la llegada, y por lo general siempre había algún grupo de niñas y niños que se acercaban a hablarme e invitarme a jugar.

Con el tiempo, a veces cuestión de meses y otras de años, el proceso volvía a repetirse. Metía todas mis cosas en cajas, me despedía de mis amigos y comenzaba de nuevo la rueda de la adaptación.

Las últimas semanas veo sin cesar imágenes de miles de niñas y niños que están haciendo otra mudanza muy diferente a la mía. Solos o con sus familias, inician un viaje que no habrían querido hacer nunca. No se decidió en una cena frente al plato de sopa. La fecha la marcó el sonido de las bombas o la violencia que en países como Siria se ha vuelto algo cotidiano. Los niños que llegan a Europa no lo hacen cómodamente sentados en un medio de transporte seguro. Se enfrentan a peligrosas travesías en barco que no siempre llegan a la costa, caminan durante días con lo puesto kilómetro a kilómetro para llegar a la siguiente frontera que el mapa dice que hay que cruzar. Cuando llega la noche no hay una casa donde resguardarse, y ante la saturación de los campos de refugiados que se han venido habilitando, muchos niños duermen en el suelo de la calle, junto a las vías del tren o a las puertas de una estación. El verano ha tocado a su fin y la lluvia y el frío son ahora los que marcan la urgencia de encontrar dónde cobijarse.

Familias de refugiados en un campo improvisado junto a las vías del tren en Croacia

Familias de refugiados en un campo improvisado junto a las vías del tren en Croacia

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La desigual vuelta al cole

Septiembre es para todo el mundo el momento de “la vuelta al cole”. Esta especie de mantra se hace inevitable desde finales de agosto cuando las calles, los buzones de las casas y la publicidad en cualquier medio y soporte nos bombardean con fotos de ofertas de cuadernos, mochilas con ruedas, uniformes y ropa para el otoño escolar que está a punto de llegar. Las librerías se llenan de carteles anunciando las editoriales escolares cuyos libros tienen ya disponibles y los patios de los colegios empiezan a calentar motores para recibir a la chiquillería.


Una gran mayoría de madres y padres se preparan para coordinar la logística previa en un proceso que podría parecerse a algo como esto: “Mira a ver si mañana te puedes encargar tú de comprar los libros, yo les llevo esta tarde de compras a por el uniforme nuevo y esta noche decidimos quién hace los papeleos y el ingreso de la matrícula para apuntarles a las clases extraescolares (que les mantendrán ocupados de lunes a viernes hasta que salgamos de trabajar y podamos recogerles). Ah! Y ayer envié el pago para el primer trimestre del comedor escolar, lo de la ruta del autobús nos lo pasan la semana que viene.”


Pero existe otra complicada logística a la que se enfrentan cada vez más familias en nuestro país. Algo que tiene mucho de encaje de bolillos y que podría parecerse a algo como esto: “Llevo días sin dormir pensando que faltan días para que empiece el colegio. He sacado del armario todo lo que guardé en junio cuando acabó el curso anterior. Las pinturas están ya en las últimas, pero aún tienen un tamaño suficiente para poder seguir agarrándolas y pintar unas semanas más. Hay un par de cuadernos que no completó del todo, así que he arrancado las hojas usadas para que sirvan de momento los primeros días. Los zapatos del invierno pasado ya no le valen, pero con suerte este veranillo se alarga un poco y me da para preguntar entre las vecinas si alguno de sus hijos ha dejado pequeño algo que le sirva al mío. Tengo que buscar a alguien que pueda recogerle las semanas que me toque el turno de tarde en el trabajo, quizás alguna de las otras madres me pueda hace el favor de tenerlo en su casa hasta que salga y pueda recogerlo. Lo que no sé cómo voy a resolver es el tema del comedor. Sigo con el papel sin rellenar en la mesita, a ver si en el último momento me conceden la beca. Que no se me olvide hablar con la profesora nueva para pedirle que le ponga en la primera fila, porque ahora mismo imposible plantearnos lo de las gafas. Y el curso está a punto de empezar…”

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¿Y si Burgos fuera Siria?

Hedinn Halldorsson/Save the Children

Despertarse en mitad de la noche porque una bomba cae cerca de tu casa, ver desaparecer a tu padre, sentir la desesperación de tu madre por hacer que el resto de su familia sobreviva o que tu hermano mayor haya sido detenido sin motivo aparente. Estas son las historias de guerra que nos llegan. Historias que parecen lejanas, que aparecen en la prensa, pero que sobre todo son historias reales de personas. Sufrimiento, violencia, hambre, privación de los derechos humanos. Algo que puede pasarnos hoy a nosotros. Siria se vio inmersa en esta situación hace más de cuatro años. 

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La pobreza existe y tiene el rostro de Manuela, Nieves, Javier o María

Copyright Aitor Lara

Copyright Aitor Lara

En el último mes estamos asistiendo a la instrumentalización política de la pobreza, a un lamentable juego partidista que cuestiona y frivoliza con el sufrimiento de muchas familias que no han elegido voluntariamente ser la diana de esta guerra.

Los datos de la pobreza infantil se recogen a partir de indicadores elegidos por la UE para controlar que el crecimiento económico de Europa sea “inteligente, sostenible e integrador”.  Este es el objetivo de la Estrategia 2020: Ante el elevado número de personas en la UE en riesgo de pobreza y exclusión social, el Consejo Europeo aprobó en 2010 esta estrategia con el objetivo de conseguir que la UE posea una economía inteligente, sostenible e integradora.

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“Estoy sola con mis dos hijos y tengo que sobrevivir con 300 euros al mes”

Manuela es madre sola con dos hijos a cargo. Foto: Pedro Armestre / Save the Children

Manuela, de 52 años, vive haciendo funambulismos. Está sola con dos hijos a cargo de 11 y 16 años, no trabaja y tiene que sobrevivir con los 300 euros mensuales de pensión que le pasa su exmarido. Ella y sus hijos residen de alquiler en un piso modesto en Valencia y, cuando puede, realiza pequeñas tareas como cuidar niños o preparar bocadillos en un bar. Pero no es suficiente. “Mi situación económica es desastrosa, llevo todo el mes poniendo lavadoras con el lavavajillas”, ilustra esta mujer menuda, que lo mismo rompe a llorar como se seca las lágrimas al instante y saca una sonrisa al impulso de: “Es que me desahogo ahora porque no están mis hijos delante. Pensar en ellos es lo que me anima a luchar”.

La vida de Manuela y de otras mujeres está reflejada en el informe “Más solas que nunca”, realizado por Save the Children y donde se retrata la dura existencia de estas mujeres y de cómo afecta la pobreza a sus hijos.  La tasa de pobreza en los niños que viven con madres solas es de un 54% , 12,5 puntos más que el conjunto de la población infantil y el doble que el total de la población, señala este informe. Manuela es una de las beneficiarias de los programas que tiene Save the Children para las familias monomarentales en riesgo de pobreza o exclusión social y que engloban tanto ayuda para la manutención como apoyo psicológico. En el caso de esta mujer, cuenta con el apoyo incondicional de Sara, una de las especialistas de Save the Children que está siempre pendiente de ella y que es su “ángel de la guarda”.

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Al menos 4 datos y 5 propuestas para reducir la pobreza infantil en los hogares encabezados por mujeres solas

Aitor Lara/ Save the Children

Artículo escrito por Violeta Assiego y Thomas Ubrich, autores del informe " Más solas que nunca"

Más de uno de cada tres niños en España está en riesgo de pobreza o exclusión social ( 35,8%). Un dato, sin duda, peor al del año anterior. Entre los hogares más afectados por esta situación destacan los monoparentales. Más de la mitad de estos (53,3%) está en riesgo de pobreza o exclusión, algo que vulnera gravemente los derechos de las niñas y los niños que viven en ellos. Cuando hablamos de estas familias el género importa, y mucho. Del casi millón ochocientos mil hogares monoparentales que hay en España, el 82% tiene rostro de mujer.

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Disfrazada de Ébola

Augusta*, 17 años. Aún lleva el anillo que le regaló su madre. Louis Leeson/ Save the Children

Llegar a la aldea de Dumegbe, al sur de Sierra Leona en la frontera con Liberia nos costó 12 horas para recorrer 300 km de carretera, o mejor dicho, caminos. En estas aldeas trabaja Save the Children desde hace 12 años, ahora además luchando contra el Ébola. Para 300.000 en personas la región sólo hay 2 ambulancias, y 1 médico para cada 40.000. El agua corriente y potable es algo que simplemente no existe. Hay tomas de agua (pozos y depósitos) en los que beber una sola taza pequeña de café supondría para nuestros estómagos, como poco, una fuerte diarrea de varios días.

En Dumegbe viven unas 600 personas. El 50% tiene menos de 16 años. Una de las primeras imágenes que vi fue un bebé de tres meses que tomaba el pecho de una madre. La leche de su pecho es lo único que podía darle de comer ese día. Esta madre, Mamina, es una superviviente del Ébola en Sierra Leona. Salvó su vida pero perdió a otra hija y a su marido. Estaba feliz por haber salvado la vida del Ébola y la de su hija, pero angustiada porque su marido era el que les traía los únicos alimentos que les tomaban para sobrevivir. Ahora sola con su bebe de tres meses no es capaz de conseguir alimentos todos los días. En el mejor de los casos el reparto que Save the Children hace cada semana le permite cubrir 4 de los 7 días de la semana. El resto de días son las escasas reservas de su pecho las que permiten a su bebe de tres meses comer a diario.

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