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El cardenal Amato destaca el carácter humilde del nuevo beato Luis Ormières

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El cardenal Amato destaca el carácter humilde del nuevo beato Luis Ormières

El cardenal Amato destaca el carácter humilde del nuevo beato Luis Ormières

El cardenal Angel Amato, prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos, ha destacado hoy "la humildad" y la "irresistible necesidad de trabajar por los pobres" como rasgos principales del sacerdote francés Luis Ormières, fundador la comunidad de Hermanas del Ángel de la Guarda y que hoy ha sido beatificado en una ceremonia en la catedral de Oviedo.

Al acto, la segunda beatificación que acoge la basílica asturiana tras los cambios introducidos por el Vaticano para estas ceremonias, han asistido unas 2.500 personas, en su mayor parte religiosas de la congregación del Santo Ángel, además de jóvenes y familias pertenecientes a las diferentes obras apostólicas, colegios y parroquias, que dirigen estas religiosas en el mundo.

El nuncio del Papa en España, Renzo Fratini, ha acudido también a una ceremonia cooficiada junto al cardenal Amato por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, y por los obispos de la provincia eclesiástica (León, Santander y Astorga) y a la que también han acudido los de Montauban (Francia), Bernard Ginoux; Palencia, Manuel Herrero Fernández, y Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez Martínez.

En su homilía, Amato ha recordado que Ormières -"Chere Père" como era conocido en Francia y como "el santín" en Gijón- fue "un educador nato, un hombre de acción y de servicio con una personalidad rica de virtudes cristianas" al que la humildad transformó "su índole más bien fogosa en un comportamiento manso".

"Era un trabajador incansable. Sentía la necesidad irresistible de trabajar con los pobres", ha recordado el cardenal tras subrayar que el nuevo beato se enorgullecía de que la orden que él fundó fuera conocida en España como las "Hermanitas de los pobres".

El padre Ormières, nacido en Quillán, un pueblo del sur de Francia, en 1809, se ordenó sacerdote en 1833 y se dedicó principalmente a la educación antes de fundar una congregación femenina, las Hermanas del Ángel de la Guarda, que se extendió rápidamente por varios países.

A pesar de sus raíces francesas, el sacerdote conoció Asturias, y concretamente Gijón, invitado por la parroquia de San Pedro, y quiso fundar en la ciudad un noviciado para toda Francia y España.

A partir de ese momento sus estancias en Gijón fueron cada vez más frecuentes y prolongadas, hasta el punto de hacerse muy conocido entre la sociedad local, donde falleció el 16 de enero de 1890, en el actual colegio del Santo Ángel donde aún se conserva la que fue su habitación.

Su proceso de beatificación se vio impulsado con la curación "inexplicable científicamente" de un cáncer incurable de una religiosa del Santo Ángel, natural de Gijón y profesora del colegio durante años, la hermana Celina Sánchez del Río, que hoy ha sido la encargada de trasladar hasta el altar de la catedral de Oviedo las reliquias del nuevo beato.

Entre los asistentes al acto se encontraba fieles de hasta once nacionalidades, especialmente de Latinoamérica (Colombia, Ecuador, Méjico, El Salvador, Nicaragua o Venezuela), así como de África (Guinea Ecuatorial, Malí, Costa de Marfil), y de Asia (Japón).

La congregación creada por Ormières en 1939 junto a la Madre San Pascual se encuentra extendida actualmente por dieciséis países de Europa, América, Asia y África y cuenta con unas 500 religiosas que centran su labor en la educación, pero que atienden también a parroquias y a otras labores apostólicas.

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