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La lluvia pone a prueba la devoción rociera

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La lluvia pone a prueba la devoción rociera

La lluvia pone a prueba la devoción rociera

Se suele decir que la devoción rociera no entiende de edad, de sexo o de razas, pero tampoco de climatología, da igual que haga 40 grados o que, como este año las intensas lluvias estén dando lugar a un camino atípico, de los más duros que recuerda la familia rociera.

Una realidad que lejos de amedrentar a los romeros los une y empuja en torno a ese sentimiento mariano que traspasa fronteras, que se mantiene vivo y crece pese al paso de los años.

La semana pasada las predicciones hablaban de que se esperaba agua, pero ni los más pesimistas podían vaticinar que la mayoría de los caminos que transitan hacia al aldea, por entonces en perfecto estado de revista, se iban a volver prácticamente intransitables obligando a las hermandades a tomar caminos alternativos a instancias del Plan Romero, cuyos efectivos trabajan 24 horas al día para garantizar su seguridad.

Pero no sólo para eso, sino para que además, puedan disfrutar en la consecución de su objetivo que no es otro que cumplir ese sueño, ese anhelo que se hace intenso tras un año de espera, que supone para ellos el encuentro con la Virgen del Rocío.

En las salidas de sus municipios de origen, en el camino, este año los trajes de flamenca y de corto se ocultan bajo chubasqueros y capotes, los carros bajo plásticos, algo que empaña el colorido típico de estos cortejos, pero que en nada enturbia la ilusión, porque saben que "el que algo quiere, algo le cuesta" y que ante una devoción como las que ellos profesan no hay más que "poner al mal tiempo buena cara".

Son conscientes de que están -algunas filiales llevan ya varias jornadas de camino- o van a iniciar -39 hermandades más la Matriz de Almonte, anfitriona, lo harán hoy y 20 más hasta el próximo viernes- una romería dura, de que el porvenir será cuanto menos duro, que por el momento este camino no dejará estampas típicas en esos lugares de tanta tradición rociera.

Ese es el caso del Vado del Quema, impracticable por el momento, al que la lluvia está privando esta romería de ser escenario de emociones, testigo directo de esos sentimientos que despiertan momentos como el bautismo rociero para aquellos que hacen por primera vez el camino con muchas hermandades de Sevilla.

En la senda de muchas de ellas, el asfalto sustituirá a una arena que no ha tenido capacidad para absorber tanta agua abriéndose a los peregrinos que la han transitado hasta ahora como un lodazal en la que estos, junto a sus fieles compañeros -caballos, mulos y bueyes- han sufrido para sacar adelante a sus simpecados, carros y carretas.

Y ello sin apenas ratos de tregua por parte de una lluvia que se ha empeñado este año en ser protagonista de la romería, así lo ponen de manifiesto incluso los numerosos "memes" que circulan por las redes sociales sobre esta circunstancia atípica; y ello, sin saber que, a pesar de todo, eso es imposible.

Imposible porque no ha impedido que los sones de la flauta y el tamboril, de las salves y sevillanas inunden un año más el camino, porque no ha podido con el sentimiento de hermandad, al contrario, lo ha intensificado.

Los romeros están más unidos de nunca, el que va a pie ha encontrado en el que va en carro su mejor aliado, la convivencia, según expresan muchos de los que están ya en camino, está siendo más intensa que en muchos otras romerías, por tanto, nada ha cambiado, porque El Rocío es mucho más que todo eso.

La lluvia intensa, el barro y, en algunos momentos el frío, no son más que una simple anécdota en la historia ancestral de esta devoción que puede con todo y se antepone a todo, de unos romeros que disfrutan de su romería a pesar de todo y que están dando un extraordinario ejemplo de porqué el sentir rociero es tan especial y traspasa fronteras.

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