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Feijóo, abofeteado por las margaritas

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El presidente de la Xunta ha recibido un ramo de margaritas con una nota en la que --sobre la firma de Patxi López-- se puede leer "para que las deshojes pronto". La metáfora me la han planteado esta mañana varios dirigentes de distinto pelaje político pero que coinciden en un mismo argumento: "Si Feijóo no adelanta las elecciones gallegas para hacerlas coincidir con las vascas, estaría loco y repetiría el error que, no hace tanto, envió al socialista Emilio Pérez Touriño directamente del sillón de presidente al del salón de su domicilio de ciudadano Touriño".

La decisión tiene un plazo. El lunes 27 de agosto el presidente gallego debería anunciar la disolución de la Cámara autonómica si quiere que esta decisión llegue a su boletín oficial en el límite previsto por ley (el martes 28). De no hacerlo, deberá aguantar hasta el final del mandato, previsto para marzo.

La decisión está tomada y, según fuentes del PP gallego, sólo la conocen tres personas: el propio Núñez Feijóo, Rajoy y el alcalde de A Coruña, Carlos Negreira (últimamente con poca tendencia a responder llamadas en su teléfono móvil).

El presidente Rajoy y su homólogo gallego han tratado ya la cuestión. Fuentes populares consultadas por eldiario.es aseguran que terminó con un "haz lo que quieras" con el que Rajoy dejó en el tejado de Feijóo la polémica cuestión.
Sin embargo, el presidente gallego sabe ahora cosas que antes no sabía: su intención de realizar un "adelanto técnico" a noviembre se ve desbaratada por la decisión del lehendakari López ya que nadie entendería en estos tiempos de crisis dos procesos electorales en fechas diferentes pero tan cercanas. También sabe ahora Feijóo que Rajoy prefiere quitarse urnas de en medio; una vez celebradas las elecciones vascas y gallegas, al de Pontevedra le quedarían por delante dos años sin carteles electorales y sin la presión que eso supone. 

Pero algo más ha aprendido Feijoo en estas últimas semanas. Su intención de reducir diputados en un claro intento de beneficiarse electoralmente le ha salido mal ya que la opinión pública rápidamente ha olido el pucherazo que se preparaba en la cocina de San Caetano (sede de la Xunta). Si finalmente las gallegas coinciden con las vascas, el PP podrá llevar esa propuesta en su programa y considerar una más que probable victoria como refrendo popular a la iniciativa.

Además, si el PP espera, la situación puede empeorar y estaría dando un tiempo de oro a las nuevas opciones nacionalistas que tras las escisión del BNG intentan ahora tomar aire en la incubadora.

A todo esto hay que añadir la ya casi histórica situación del socialismo gallego. Tres nombres pugnan por la candidatura a presidir la Xunta: el actual secretario general, Pachi Vázquez, el exministro José Blanco y el también exministro Francisco Caamaño. Si Feijóo adelanta al 21 de octubre, Blanco queda fuera (todavía a la espera de que el Tribunal Supremo le exima de culpa en la llamada Operación Campeón) y Caamaño perdería opciones. Con esos plazos y observando sus estatutos, al PSOE gallego no le daría tiempo a convocar primarias y debería ser el comité nacional el encargado de elegir candidato. Vázquez recuperaría todas las opciones de continuismo, que en los últimos meses parecía haber perdido definitivamente.

Como decíamos, Feijóo ha recibido un ramo de margaritas con remite en euskera y es probable que mañana toque barrer todos esos pétalos antes de que las encuestas conviertan lo que hay en su florero en "margaritas para los muertos (políticos)".

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