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De la matanza de Atocha a hoy

La democracia se ganó en la calle, en la movilización, por los ciudadanos, y no fue un regalo de nadie ni una jugada magistral por las alturas

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ENTIERRO ABOGADOS ASESINADOS MATANZA DE ATOCHA: Madrid, 26-1-1977.- Miles de personas abarrotan las calles para presenciar el paso de la comitiva fúnebre con los féretros de Javier Sauquillo, Enrique Valdelvira y Angel Rodríguez Leal, que junto a otras seis personas fueron ametralladas por dos jóvenes en el despacho laboralista que Comisiones Obreras tiene en la calle Atocha.

Aunque la historia contrafactual no es historia en sentido estricto, su mero enunciado puede servir a veces para interpretar los hechos, su contexto, para entender por qué las cosas fueron de una forma y no de otra.

Así, podríamos plantearnos ahora, 40 años después de la matanza de Atocha, ¿qué habría pasado si al asesinato de los cinco abogados laboralistas de CCOO, el PCE hubiera respondido, por ejemplo, con el asesinato de cinco ultraderechistas, a ser posible los propios criminales? ¿Qué hubiera ocurrido si frente al fusilamiento de los abogados, el estudiante y el administrativo, que estaban el 24 de enero de 1977 en el despacho laboralista de la calle Atocha número 55 de Madrid, el PCE hubiera hecho una batida por las calles que años mas tarde los fachas denominaron “zonas nacionales” en tantas ciudades españolas, y se hubieran liado a tiros sembrando la muerte y el pánico, devolviendo el golpe?

No hace falta ser un lince para concluir que hubiéramos entrado en una espiral de acción-reacción, en un clima de enfrentamiento, agravios y sangre, que era lo que obsesivamente quería evitar la dirección del PCE entonces, con Santiago Carrillo de secretario general, y lo que buscaban los ultras de todo tipo.

Frente a la matanza, el PCE respondió, golpeado y dolorido, con una de las manifestaciones más hermosas, emocionantes y democráticas que se han producido en la historia reciente de España, y mira que ha habido manifestaciones en la historia reciente de España.

Frente al intento sangriento por impedir la llegada de la democracia y las libertades, el PCE, el partido más potente, organizado y combativo contra la dictadura franquista, hizo una demostración de serenidad, de madurez, sentido democrático y estrategia por evitar la vuelta a un clima que propiciara el enfrentamiento entre españoles.

El contexto de enero de 1977 eran matanzas fascistas, asesinatos de manifestantes, atentados terroristas de ETA, secuestros de ese ectoplasma que eran los GRAPO -el del general Emilio Villaescusa Quilis, se produjo el mismo día 24-. Siembra planificada de odio, muerte y miedo. El franquismo se negaba a morir después de muerto el dictador, en noviembre de 1975, y la democracia no acababa de llegar.

Había muchas fuerzas, aparentemente opuestas, empeñadas en que no llegaran las libertades. El plan era una democracia desleída y fue la intensa movilización en la calle, de obreros y de estudiantes, las huelgas  -había una del transporte cuando la matanza-, los paros, las manifestaciones, la lucha sostenida, constante, la que rompió ese plan y permitió la llegada de las libertades, que tantos, aparentemente distintos, no querían.

Lo explican fehacientemente Alberto Sabio y Nicolás Sartorius en su muy recomendable libro: 'El final de la Dictadura. La conquista de la democracia en España. Noviembre de 1975-Junio de 1977'.  Demuestran que la democracia se ganó en la calle, en la movilización, por los ciudadanos, y no fue un regalo de nadie ni una jugada magistral por las alturas.

Hubo un plan para establecer una democracia que podríamos llamar de baja intensidad, sin legalizar al PCE, y esos planes fueron desbaratados, entre otras cosas, por la manifestación que respondió a la matanza. Se ha establecido el lugar común de que en aquella marcha silenciosa, el PCE se ganó a pulso su legalización, puesta a limpio cuatro meses después, en abril de 1977.

Sirva como indicador del clima de la época este hecho, puramente factual. El 3 de enero de 1979, la banda terrorista ETA asesinó al general Constantino Ortín Gil, gobernador militar de Madrid. En el funeral celebrado al día siguiente, militares de alta graduación vestidos de uniforme y ultraderechistas vestidos de paisano, gritaban al unísono cosas de este jaez: “Ejército al poder”, “Guti, masón, irás la paredón”, “Gobierno asesino”, “Alzamiento nacional”, y así. Gobernaba Adolfo Suárez, máximo traidor para los ultras, y era vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado. Pues bien, Gutiérrez Mellado se enfrentó a los ultras en plena calle, les mando callar y les dijo que había que aprender de la clase obrera por cómo enterraba a sus muertos.

El PCE, Comisiones Obreras, el sindicato que más tiró de las movilizaciones de esa época, no pagaron a los ultras con su misma moneda; gracias a eso no tuvimos un enfrentamiento civil y gracias a ellos, y a otras fuerzas que estaban contra la dictadura, por supuesto, llegamos a la democracia.

Por cierto, no es justo ni responde a la verdad de los hechos, el reproche que desde el burladero actual se hace a Santiago Carrillo y a la entonces dirección del PCE por su comportamiento y su línea de actuación en aquellos años.

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