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No me pites, que me irrito

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Venía en el guión. Otra vez el culo del kiosco diestro en carne viva por un pítame allá ese himno, aunque sea en su versión jibarizada de medio minuto. De tres segundos menos, para ser exactos, que el portadista de El Mundo, al que se le hicieron eternos, los cronometró: “ 27 segundos de agravio”, titula el diario pedrojotiano bajo sendas imágenes de un seguidor del Athletic y un par del Barça dejándose la garganta en el intento de silenciar el chuntachunta.

Con las vestiduras patrias hechas jirones, el editorialista encabezaba: “ Pitada contra España, un patético espectáculo”. En la letra pequeña, unos cuantos mamporros a los ofensores y, de regalo, un lametón a los pies de Nuestra Señora de la Esperanza, para quien también los aficionados tuvieron un recuerdo: “Los miles de personas que pitaron los símbolos de España ante millones de espectadores en televisión se comportaron como energúmenos y demostraron su condición cerril. Esperanza Aguirre fue objeto de graves insultos por las declaraciones en las que abogaba por suspender el partido si no se respetaban los símbolos y, seguramente, rindió así un favor a la Monarquía sirviendo como escudo del Rey, pese a que ninguno de los dos estaba en el campo”.

Como ven, La Razón marhuendí reduce en seis segundos —dichosos recortes— la duración del martirio. “ 90 minutos de fútbol, 21 segundos de ultraje” brama una portada demediada, dejando espacio para un sumario con una información fundamental: “ Don Juan Carlos siguió el partido por televisión en la Zarzuela”.

Quien no lo vio fue Alfonso Ussía, que se ufana de ello en una sapoculebrera columna que contiene lindezas como la que sigue: “Sigo creyendo que algo falla en los tornillos de la sensibilidad de muchos españoles no catalanes que son seguidores a ultranza del club antiespañol por excelencia, pero eso sí, que disputa la Liga Nacional –de España–, de fútbol y el campeonato de España y Copa del Rey. Que silban, abuchean y vejan a quien les ha dado plena libertad para ser el objetivo de su rechazo. Y sí, amparados por la Constitución firmada por el abucheado, ahora son más valientes”.

A modo de bis, la reputada intelectual Irene Villa nos regalaba una de sus profundas reflexiones de costumbre: “El símbolo de ilusión y unidad que representa el deporte contrasta sobremanera con los silbidos y los gritos de «¡fuera!» de quienes no respetan el país en el que nacieron. Experiencias anteriores desataron la gran polémica, pero se culpó del follón creado en torno a la Copa del Rey y, de paso, de mezclar política y deporte, a quienes, con sentido común, instaron a evitar estos bochornosos e incluso ilegales panoramas”.

Miren qué sibilinos los de ABC. Pasan por alto los pitos y las dedicatorias a la lideresa y se limitan a enunciar, como quien no quiere la cosa: “ El Barcelona gana la Copa del Rey de España”. Por si no se había captado la intención, el editorialista nos subraya con fosforito la parte del mensaje que nos debe entrar en la cabeza: “ La Copa del Rey de España”. Y luego nos larga esto: “El Príncipe de Asturias presidió la final y entregó la Copa en nombre de Su Majestad el Rey. Una vez más, la Corona actúa como símbolo de unidad y permanencia del Estado. Don Felipe desarrolla de forma ejemplar las funciones que le corresponden y estuvo, como siempre, a la altura de las circunstancias”. De hecho, fue el héroe del partido, ni lo duden.

En la primera de La Gaceta, pura síntesis: “ Firme Príncipe, poco himno y mucho Barça”. Como eso necesita traducción, el editorialista se pone pedadógico: “Era la Copa del Rey, por lo tanto la Copa de todos los españoles, pero los tentáculos sonoros del nacionalismo se empeñaron en eclipsarla con una pitada que tapó el Himno Nacional, aunque en TVE los acordes de la pieza se oyeron más fuertes que el silbido de los energúmenos”.

Unas páginas más allá, el cronista Alberto Lardlés arrancaba con el rigor acostumbrado el relato de lo que ocurrió: “Por desgracia, lo consiguieron. Las plataformas nacionalistas vascas y catalanas que organizaron una pitada contra el himno y el Príncipe Felipe durante la final de la Copa del Rey de fútbol se salieron con la suya. Así, el encuentro entre el Fútbol Club Barcelona y el Athletic de Bilbao, celebrado en el estadio Vicente Calderón, se convirtió, al menos en su inicio, en un acto político en defensa del separatismo”. Impagable, un pie de foto en el que se lee: “ Viendo las enseñas que portaban los aficionados, la final de la Copa del Rey parecía un acto político y no un partido de fútbol”.

Con similar objetividad, un anónimo reportero de Libertad Digital titula su pieza “ Un recital de ofensas a los españoles”. Detallista, nos va enumerando párrafo a párrafo los diferentes atropellos con epígrafes como “ Contra Esperanza Aguirre”, “ Contra la Corona” o “ Banderas catalanas, vascas y de Batasuna”. Llamados por la curiosidad, nos detenemos en este último ladillo, que da paso a lo que van a leer. Pedagogía pura: “Por otro lado, en la grada del estadio Vicente Calderón se vieron muchas banderas durante el partido. La mayoría eran banderas del País Vasco – la conocida como Ikurriña–, que portaban tanto los aficionados del Athletic de Bilbao como los del FC Barcelona, donde la bandera más ondeada fue la independentista catalana, conocida como Estelada”. De Pulitzer.

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