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No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar

El trabajo invade cada vez más nuestras vidas, sin entender de horarios y festivos. ¿Nos queda algún espacio o tiempo que no esté contaminado de lo laboral?

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EFE

 No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy camarero, cocinero, dependiente, comercial, cajero, reponedor, transportista, repartidor, servicio técnico, teleoperador y todas las profesiones que quieran añadir y para las que ya no hay domingos ni festivos (por eso me pagan igual un domingo que un lunes, porque todos los días son ya laborables).

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy precario, a tiempo parcial, pluriempleado, con un solo trabajo no me llega, así que los fines de semana y festivos echo unas horas en un bar, en la BBC del catering (Bodas, Bautizos y Comuniones), vendiendo cualquier cosa, cubriendo sustituciones, reforzando rebajas y campañas navideñas, ayudando en el negocio familiar, cuidando niños, limpiando, trabajando online o repartiendo en bicicleta.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy periodista, colaborador, fotógrafo, cámara, diseñador, traductor, editor y todas las profesiones que se les ocurran del mundo freelance, mi vida es un interminable plazo de entrega que no entiende de domingos ni festivos, y cuando no tengo un plazo inminente, aparte de hacer facturas, papeleo fiscal y perseguir para que me paguen, siempre tengo el trabajo de seguir buscando nuevos trabajos.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy artista, actor, escritor, guionista, músico, dramaturgo, cineasta, creador cultural de cualquier rama, y aparte de que mi arte no entiende de horarios ni festivos, cuando no estoy trabajando me entrego en cuerpo y alma a promocionar en prensa, bolos y redes cualquier obra en que participe (y proporcionarme a mí mismo, que soy mi propia marca). Hacer gratis el trabajo promocional que antes hacían editores y productores es algo que tampoco entiende de festivos.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy autónomo. ¿Hace falta que diga más?

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: soy falso autónomo. Véase la anterior.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: aunque solo voy a la empresa de lunes a viernes, no sé cómo pero siempre me acabo trayendo a casa trabajo atrasado, proyectos que rematar, reuniones que preparar, correo por contestar, papeles que leer, clases que organizar, exámenes que corregir y preocupaciones inolvidables, eso si no me llaman con un marrón de última hora que no puede esperar a mañana, total, es solo un momento, acabo esto y ya.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: estoy en paro, y todo mi tiempo se dedica a buscar empleo, responder ofertas, enviar currículum, presentarme a entrevistas y procesos de selección, pasar períodos de prueba y prácticas sin cobrar, aceptar empleos fugaces, hacer chapuzas sumergidas, fracasar como emprendedor, seguir formándome y sobre todo mantener una actitud positiva y ser proactivo, muy proactivo, y ya se sabe que la proactividad no entiende de festivos.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: además de pertenecer a cualquiera de los colectivos anteriores, soy mujer, y añado la parte mayoritaria que me toca de trabajo reproductivo, de cuidados, doméstico, de mantenimiento y reparación de maridos e hijos que sin mi servicio técnico no remunerado, desvalorizado e invisible no podrían ir a trabajar cada mañana.

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: como cualquier festivo, como cualquier rato libre, lo pasé estudiando inglés, preparando oposiciones, sacándome la carrera a distancia, el máster online y cualquier titulación que me permitirá encontrar empleo, conservar el que tengo o promocionar en la empresa (porque siempre hay que subir, y el que se estanca acaba en la calle, es ley de empresa. La formación es lo primero).

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar: estaba en el gimnasio, el yoga, la casa rural, la escapada romántica o la excursión campestre para así repararme del destrozo laboral, quitarme el cansancio, el estrés, el malestar, el desencuentro con mi pareja y el deterioro familiar que voy acumulando de lunes a viernes, que si no lo reparo en festivo cualquiera aguanta otra semana. Para el trabajo hay que estar en forma, con el cuerpo sano y resistente (todos los medicamentos que se anuncian en TV apuntan a lo mismo: que no pares, que una gripe no te detenga, que un dolor de espalda no te frene, viva la analgesia); y con la mente igualmente dispuesta a aguantar lo que te echen (¿ansiedad? ¿Insomnio? Pregunta también en la farmacia).

No fui a la mani del Primero de Mayo porque tenía que trabajar, pero a lo mejor el año que viene voy. Estaría bien que para entonces, además de reivindicar empleo para todos y salarios dignos, denunciásemos también la invasión de nuestras vidas por el trabajo, cómo lo laboral ha conquistado hasta el último reducto. Y ya de paso, reivindiquemos la jornada de ocho horas, la semana de cuarenta horas y el descanso dominical, como nuestros abuelos.

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