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Marco Rubio monta una reunión con 66 países contra el supuesto “resurgimiento internacional del terrorismo de extrema izquierda”

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, pronuncia el discurso de apertura durante el acto Reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político, celebrado en el Departamento de Estado de EEUU, el 16 de julio de 2026, en Washington, D. C.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
16 de julio de 2026 17:54 h

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El pasado 4 de julio marcharon 400 militantes neonazis por el centro de Washington DC impunemente. Una de las primeras cosas que hizo el presidente de EEUU, Donald Trump, al regresar a la Casa Blanca, fue indultar a los asaltantes del Capitolio de enero de 2021. Pero a la Administración Trump le obsesiona Antifa, que ni siquiera existe como organización ni entidad política, hasta tal punto de organizar el secretario de Estado, Marco Rubio, una reunión con 66 países, de Europa, América y Asia, para abordar el supuesto “resurgimiento internacional del terrorismo político de extrema izquierda”.

“España ha sido invitada y asiste a nivel de embajada”, explican fuentes de Exteriores a elDiario.es.

Así, el secretario de Estado ha asegurado que “durante demasiado tiempo, nuestra doctrina antiterrorista ha tenido un punto ciego en lo que respecta a la violencia extremista proveniente de la izquierda política. Incluso hoy en día, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se trata como una fantasía febril de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista. Así lo consideran muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales. Sin duda, veremos cómo este dogma resurge en la cobertura de esta misma conferencia. Oiremos cómo se resta importancia a este tipo de violencia y terror organizados. Ha surgido toda una industria en torno al estudio del extremismo en nuestros países, existen centros de estudios, becas, revistas especializadas y consultoras que comparten el entendimiento tácito de que solo un tipo de violencia política representaba una verdadera amenaza para nuestro sistema: una bomba colocada por un grupo neonazi se veía como un acto de maldad atroz y asesino. En cambio, una bomba colocada por un revolucionario marxista se percibía simplemente como un trágico exceso de idealismo. Esa es la implicación subyacente en la forma en que abordan el asunto”.

“La violencia de izquierda no solo se justificaba; se trataba como algo sagrado, una categoría protegida en sí misma”, ha asegurado Rubio: “Esa era debe terminar. El terrorismo político de extrema izquierda no es algo reciente ni una novedad moderna. No es una invención de políticos conservadores. Durante gran parte de la era moderna, fue, de hecho, la forma predominante de violencia política”.

A continuación Rubio ha citado a los Tupamaros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso, pero no los crímenes de Estado cometidos por las dictaduras sangrientas latinoamericanas amparadas por EEUU, a cuyos torturadores formaba en la Escuela de las Américas. Rubio también ha hablado de las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo y la organización griega 17 de Noviembre, pero no los asesinatos de las dictaduras europeas fascistas alentadas por Washington, como la española, griega o portuguesa, por ejemplo.

“Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal aquí, en Estados Unidos”, según Rubio, que no ha mencionado el asalto al Capitolio de 2021 ni los asesinatos e intentos de asesinato contra políticos demócratas: “La proporción de ataques y complots terroristas de extrema izquierda ha alcanzado niveles no vistos en décadas”.

De acuerdo con el secretario de Estado de EEUU, “la izquierda radical puede adoptar diversos lemas e ideologías, pueden llamarse a sí mismos anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación; una necesidad abrumadora de derribar lo que hombres más grandes han construido, de destruir lo bello y lo justo en nombre de personas que solo rebosan fealdad y que no tienen nada más que ofrecer al mundo que violencia y terror. El mundo que imagina el comunismo es pequeño, plano, gris, despojado de toda excepcionalidad y vaciado de todo lo bueno y noble que hay en el alma humana. El mundo que imagina es un mundo sin valentía. Y el mundo que imagina el comunismo es un mundo sin Dios. Para estos arquitectos de la violencia revolucionaria, el gran logro de nuestra civilización, para ellos, supone una humillación insoportable; es un recordatorio de lo que no pueden hacer y de lo que no pueden llegar a ser. Así que, en su lugar, eligen destruir”.

De acuerdo con el secretario de Estado de EEUU, el mundo “se enfrenta a una amenaza internacional. No se trata de células distintas y aisladas, sino de redes interconectadas. No reconocen nuestras fronteras; de hecho, no creen en el propio Estado-nación. Se coordinan, se comunican, viajan, se entrenan y actúan conjuntamente, compartiendo la misma infraestructura, los mismos enemigos y la misma misión. Los militantes de Antifa y sus camaradas viajan desde toda Europa y hacia las Américas para participar en ataques mutuos, canalizar propaganda, materiales de formación e información sobre objetivos a través de canales cifrados compartidos, desplazarse mediante redes clandestinas de casas de seguridad y financiación, y sostener sus operaciones con fondos transnacionales. Además, colaboran con Estados extranjeros hostiles que comparten su misión, como las redes iraníes interpuestas que mantienen vínculos cada vez más estrechos con grupos militantes de izquierda en todo el mundo”.

“La extensa red de inteligencia e ideología del régimen cubano contribuyó a forjar la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue estando inextricablemente ligada a grupos y movimientos de extrema izquierda tanto en Occidente como más allá de sus fronteras”, asegura Rubio sobre el país al que EEUU está sometiendo a un bloqueo que ha impactado tanto en la sociedad civil que la mortalidad infantil se ha multiplicado por tres en los últimos años: “Los terroristas de extrema izquierda actuales pueden recaudar fondos en un país, alojar sus comunicaciones en un segundo, recibir formación en un tercero, reclutar militantes en un cuarto y, finalmente, atacar un objetivo en un quinto país. Por ello, no tenemos más remedio que afrontar esta amenaza unidos”.

Rubio ha recordado que Trump firmó un memorando presidencial de Seguridad Nacional para fijar “una estrategia integral para investigar y desarticular las redes terroristas de Antifa y a sus aliados”. Asimismo, el pasado mes de noviembre, el Departamento de Estado designó a cuatro grupos de izquierda como organizaciones terroristas extranjeras, “y próximamente habrá más designaciones”, ha dicho Rubio, quien ha recordado que, en diciembre, la Administración anunció el programa 'Recompensas por la Justicia', con hasta 10 millones de dólares de recompensa “por información que permita interrumpir la financiación de estos grupos”. Y, en mayo, EEUU organizó el primer taller de fuerzas policiales con países aliados “para trazar un mapa de estas redes y desarrollar estrategias para desmantelarlas”.

El director de gabinete adjunto de la Casa Blanca y uno de los asesores clave de Trump, Stephen Miller, ha intervenido después de Rubio para señalar: “Hemos tomado la medida necesaria y esencial de reconocer formalmente la violencia de izquierda como una forma de terrorismo político. Constituye una amenaza directa para nuestra seguridad nacional y para la supervivencia de nuestra forma de gobierno”.

“Es fundamental comprender que el terrorismo político de izquierda busca, como objetivo último, derrocar nuestro sistema y nuestra forma de gobierno”, ha dicho Miller: “No hay un momento en que el terrorista de izquierda se dé por satisfecho y deje de avanzar; si se le permite seguir su curso inevitable, siempre desemboca en un gulag. Siempre deriva en el encarcelamiento masivo de adversarios políticos, en la privación de sus derechos y libertades, y en la imposición de un dolor, una humillación y un sufrimiento inmensos con el fin de establecer un control absoluto y total mediante el terror psicológico, físico y real. Y debemos comprender que ese es el alcance y la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos”.

Miller, además, ha vinculado, sin pruebas, atentados en EEUU con grupos de extrema izquierda: “Aquí, en Estados Unidos, hemos sido testigos de un aumento creciente y profundamente alarmante de intentos de asesinato contra figuras públicas. Cabe destacar, por supuesto, los múltiples intentos de asesinato contra el presidente Trump, el atentado mortal contra Charlie Kirk y muchos otros casos. Esto es un cáncer letal para la civilización, y el mayor riesgo que corremos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y cobardes para defenderse ante una amenaza mortal”.

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