El líder de los obispos equipara la crisis de la vivienda con el aborto porque es “un desahucio de consecuencias irreversibles”
Los obispos españoles han hablado, al fin, de la crisis de los desahucios y del drama de Ceuta. Y lo han hecho para, aprovechando la crisis de la vivienda, criticar el aborto: “Es un desahucio de consecuencias irreversibles” ha afirmado el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, en un texto colgado en sus redes sociales bajo el título, ‘Tres tipos de “desahucios” están de actualidad: vivienda, Ceuta y vientre materno’.
En su artículo, el arzobispo de Valladolid apunta al “acuerdo social” sobre el grave problema de viviendas, aunque lamenta que sea “más emocional que moral” en el ‘caso Maricarmen’, que en su opinión se ha “convertido en bandera”. Al tiempo, denuncia el “desacuerdo legal, la manipulación ideológica y el conflicto político y social sobre las causas y las posibles soluciones a este grave problema”. No profundiza más.
En segundo lugar, Argüello se refiere al ‘desahucio’ en Ceuta. “Los ceutíes viven el desahucio de sus calles, plazas y de su normalidad; los inmigrantes, –algunos desahuciados de sus países de origen, otros desplazados por intereses geopolíticos– son deslocalizados continuamente y se resisten a un desahucio definitivo”, apunta el presidente de la CEE, quien incide en que “los ceutíes, como gran número de españoles, desean un desahucio rápido y total de los que han entrado en la ciudad como ‘okupas’”.
En medio, admite, hay “una crisis humanitaria –física, psicológica y moral– que afecta a todos, inmigrantes y ceutíes”, y “la manera de mirar a los inmigrantes en toda España”. Por ello, el presidente de los obispos ve “imprescindible un acuerdo nacional para ayudar a los ceutíes y solucionar la crisis humanitaria”, además de “un pacto de Estado y europeo que aborde las causas de las migraciones en los países de origen, combata las mafias –también haga frente a los Estados que utilizan los éxodos personas para provocar invasiones por intereses geopolíticos con comportamientos mafiosos– regule los flujos migratorios y acoja a los que llegan respetando su dignidad, que no se pierde al atravesar la frontera, aunque luego hubieren de ser retornados a sus países de origen”.
Pero donde Argüello da un inexplicable giro argumental es a la hora de introducir “el desahucio del vientre materno provocado mediante el aborto”, que califica de “un desahucio de consecuencias irreversibles”. En este punto, el líder de los obispos aprovecha para denunciar la “campaña moralista del Gobierno” que presenta el derecho a la interrupción del embarazo como “un acto bueno, porque es legal, y autónomo”.
“Habrá casos de un gran conflicto ético, pero nunca podrá justificarse la solución en un derecho legal que niega al hijo la vida en cuya dignidad se fundamentan todos los derechos”, culmina el presidente de los obispos, quien echa mano de la única frase en la que León XIV se refirió al tema en su visita a España: “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización’, dijo León XIV en las Cortes”.
Para Argüello, estos tres “desahucios” reclaman “diálogo sereno y grandes acuerdos”, aunque admite no ser optimista, llegando a hablar de “un ‘cuarto desahucio’: la razón y la voluntad de acuerdo por la defensa de la dignidad humana y el bien común parecen haber sido expulsados de nuestra casa común”.
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