La otra cara de la agricultura en Almería: residuos que se acumulan entre invernaderos, caminos y barrios

Álvaro López

15 de abril de 2026 06:02 h

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Basta con salir a caminar por algunas zonas de la periferia de Almería capital para encontrarlos. Restos de plásticos agrícolas, rafias -como se conoce a los cordeles de fibra natural-, trozos de invernadero y otros residuos aparecen esparcidos en caminos, solares, márgenes de carreteras o junto a barrios. No se trata de puntos aislados. La acumulación se repite en distintos enclaves del término municipal, uno de los principales núcleos de agricultura intensiva de la provincia y que constituye su cara menos amable.

No en vano, Almería capital cuenta con más de 3.000 hectáreas de cultivo bajo plástico. Es el tercer municipio de la provincia en importancia agrícola y uno de los principales productores de tomate, con un modelo intensivo que ha situado a la zona como referencia internacional. Junto a esa potencia productiva, sin embargo, convive una realidad menos visible: la gestión irregular de parte de los residuos que genera la actividad. Una gestión en la que la falta de contundencia de Junta de Andalucía y Consistorio para evitar que los desechos se acumulen está en el foco.

“El 98 o el 99% de los agricultores hace un trabajo perfecto”, sostiene José Mañas, agricultor y concejal de la oposición del PSOE en el Ayuntamiento de Almería. “Pero hay unos pocos que lo ensucian todo”. Según explica, esos comportamientos minoritarios son los que acaban teniendo mayor impacto: “Van dejando los residuos donde pillan: bancales, solares, caminos o donde sea”. El problema no se limita, según su relato, a agricultores que evitan asumir el coste del reciclaje. También apunta a intermediarios que operan al margen de los circuitos legales: “Hay gente que cobra por llevar los plásticos a reciclar y luego los va dejando por ahí”.

El circuito de los residuos

Para entender el problema en su conjunto, hay que partir del hecho de que el sistema de gestión de residuos agrícolas en la provincia no es de carácter público directo. La Junta de Andalucía autoriza y supervisa, pero la gestión recae en empresas privadas que se encargan de clasificar y derivar los materiales a gestores finales. En el caso de Almería capital, una de las instalaciones clave es Reciclados Almerienses 2005, que actúa como planta intermedia para distintos tipos de residuos, incluidos los agrícolas.

Pero el proceso no termina ahí. Los plásticos deben ser trasladados posteriormente a plantas específicas, como las ubicadas en Níjar, mientras que los restos vegetales se gestionan en instalaciones como la de Rioja. Esta cadena, con varios eslabones y desplazamientos, introduce costes y complejidad logística. “Estamos hablando de cantidades pequeñas comparadas con otros gastos del campo”, señala Mañas, que sitúa el coste del tratamiento entre 150 y 250 euros por hectárea, además del transporte. Aun así, reconoce que algunos optan por vías irregulares.

Desde la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG) de Almería, el foco se sitúa en otro punto: la capacidad del sistema. La organización advierte de que el final de campaña concentra grandes volúmenes de residuos que pueden saturar las plantas de tratamiento. “Las plantas están trasladando su inquietud por la posible saturación ante el volumen de entradas”, explica su secretario provincial, Andrés Góngora.

COAG insiste en la necesidad de anticipar la gestión para evitar acumulaciones y facilitar el reciclaje, especialmente mediante la separación de materiales. “Separar la rafia es fundamental”, señala Góngora, que recuerda además el impacto económico asociado: “Puede haber una reducción de hasta el 80% si los residuos llegan sin rafia”. La acumulación de restos, ya sea por saturación del sistema o por prácticas irregulares, tiene consecuencias más allá de lo visual. “Es clave evitar que se acumulen restos en el exterior de las explotaciones”, advierte Góngora, que apunta a la proliferación de plagas en un contexto ya complejo para el control fitosanitario.

En esa misma línea, Mañas describe el efecto directo sobre el entorno agrícola: “No es sólo una mala imagen, es un foco de infección para los invernaderos”. Y añade: “Con que salga un pulgón o una mosca blanca de ahí, ya estás transmitiendo enfermedades”. Los residuos no se concentran únicamente en zonas agrícolas. En barrios periféricos, donde la limpieza urbana recae en el Consistorio, su presencia es visible. En lugares como Venta Gaspar, Bellavista o la Vega de Almería “es tremendo lo que te encuentras”, explica.

La acumulación inicial, además, tiende a escalar: “Empieza con unos plásticos y acaba con neumáticos o electrodomésticos porque la basura llama a la basura”. La imagen que proyecta esta situación ha llegado incluso al ámbito comercial. “Se diseñan recorridos para evitar que las visitas vean estos residuos”, reconoce el concejal, en referencia a visitas institucionales o de grandes cadenas de distribución que quieren implantarse en la capital y a las que se aleja de la desagradable imagen de los desechos.

Junta y Ayuntamiento se desmarcan

Mientras, desde el Ayuntamiento de Almería gobernado por el PP, el concejal de Agricultura, Juanjo Segura, sostiene que la gestión de estos residuos no entra dentro de sus competencias directas. “La vigilancia y recogida de residuos agrícolas no es competencia municipal”, afirma, aunque señala que existe colaboración con la Junta de Andalucía y el Seprona para abordar estos casos. “Cuando detectamos residuos, lo ponemos en conocimiento para que se actúe”, explica Segura. El consistorio sí realiza limpiezas periódicas en otros ámbitos, como el cauce del río Andarax, donde en 2025 se retiraron alrededor de 315.000 kilos de residuos, y más de 143.000 en lo que va de año.

La Junta de Andalucía, por su parte, sitúa la responsabilidad inicial en los propios productores. “La responsabilidad es, en primer término, de los agricultores”, señalan fuentes de la Consejería de Agricultura, que indican que, en caso de incumplimiento, la intervención corresponde a la Consejería de Sostenibilidad. Cuando los residuos son urbanos o afectan a caminos, la competencia pasa a los ayuntamientos.

Desde el Ejecutivo regional también recuerdan que se hacen actuaciones en cauces públicos, donde se han retirado residuos plásticos en el marco de programas específicos de limpieza y restauración ambiental. Sin embargo, la consecuencia de estas posturas es que la presencia de desechos en diferentes zonas de Almería capital se debe a que los principales actores implicados - agricultores, empresas gestoras, ayuntamiento y Junta- se reparten su responsabilidad. Mientras tanto, los residuos siguen acumulándose en puntos visibles del entorno agrícola y urbano.

No obstante, desde el propio sector agrícola se plantean soluciones que pasan por mejorar la capacidad de las plantas, modernizar infraestructuras y facilitar la transición hacia materiales biodegradables. “Las mejoras deben ser asumidas por todos los agentes implicados”, sostiene Góngora. Sobre el terreno, sin embargo, la imagen es otra: restos de actividad agrícola que permanecen a la vista, en los márgenes de una de las principales potencias productivas del país y de Europa.