Anatomía del letargo socialista andaluz: los 87 municipios donde el PSOE geolocaliza 580.000 votos durmientes
Andalucía tiene 785 municipios y el PSOE andaluz cuenta con casas del pueblo en todos ellos, pero el mayor esfuerzo de su campaña electoral debía estar perimetrado en 87. Son los llamados “municipios preferentes”, los que el equipo de María Jesús Montero señala con un punto rojo en el mapa, porque en ellos se concentran los 583.794 andaluces que votaron a Pedro Sánchez en las elecciones generales de 2023, pero un año antes no fueron a votar en las autonómicas.
El 65,25% de los votos que puede crecer el PSOE andaluz el próximo 17 de mayo se concentra en esos 87 municipios, según un informe de la dirección regional del partido. Pero la brecha de la desmovilización socialista es mucho más abrupta a pequeña escala: por ejemplo, Isla Cristina, un municipio costero de Huelva con un censo de 15.970 electores, tiene la mayor brecha de votantes del PSOE de toda Andalucía. La variación es de 142,8% entre las autonómicas y las generales, aunque la diferencia sea sólo de 1.587 votos más. A esa escala está trabajando el equipo de campaña de Montero para tratar desesperadamente de activar a los votantes de Sánchez.
Una de las claves de estas elecciones es la desmovilización de las izquierdas, singularmente del PSOE andaluz, partido hegemónico en esta comunidad durante 37 años y, aún hoy, la federación más numerosa de España, con más de 40.000 afiliados. Si el electorado socialista se activa, pueden darle una patada al tablero político. Montero tiene “fichados” a los votantes que le faltan para dar ese vuelco a todas las encuestas -todas- que oscilan entre una mayoría absoluta o una mayoría simple de Juan Manuel Moreno, y un retroceso alarmante del PSOE.
Los 87 “municipios preferentes” incluyen las ocho capitales de provincia y las ciudades más pobladas, donde se concentra el 80% de los votantes de Andaluca -6,8 millones de electores, de los que 369.000 podrán hacerlo por primera vez-, pero el voto durmiente socialista no es homogéneo en estos municipios, el letargo del electorado va por barrios.
El PSOE, de hecho, los tiene geolocalizados incluso por sección electoral, la división territorial mínima de una circunscripción, que incluye un máximo de dos mil electores y un mínimo de quinientos. “Sabemos en qué barrios viven los que nos votaron en las generales pero no en las autonómicas, y en esas calles concentramos la campaña puerta a puerta, el buzoneo, las llamadas de teléfono y una mayor presencia de nuestras agrupaciones”, explican desde el equipo de la exvicepresidenta del Gobierno.
Los analistas de campaña se refieren al fenómeno de la “curva del voto” para describir las fluctuaciones de apoyos que recibe un partido en los distintos procesos electorales. La del PP de Moreno es una línea recta, porque sus votantes son los más fidelizados, repiten la misma papeleta en las autonómicas, las municipales, las generales y las europeas. La curva del PSOE, en cambio, es mucho más oscilante. Sube en las generales y en las municipales, pero cae abruptamente en las andaluzas.
“Mapa de la esperanza”
El equipo de Montero tiene monitorizados los municipios, las secciones electorales y los barrios donde se concentran “las posibilidades de crecimiento” del PSOE. Lo llaman el “mapa de la esperanza”, pero para que funcione “los nuestros tienen que ir a votar”, avisan. Son 17 municipios en la provincia de Sevilla, con un margen de crecimiento del 67% [de 95.838 a 143.875 votos]; otros 17 en Málaga, la provincia con la brecha más profunda, que puede crecer un 89% si pasa de los 92.152 votos de las autonómicas a los 103.868 de las generales.
En Cádiz hay otros 15 municipios preferentes, también con la posibilidad de aumentar un 85% sus votos, de los 87.147 a los 102.360; en Granada serían diez, con un margen de mejora del 47% (de 27.967 a 59.555); Huelva sería la provincia con la brecha más corta entre autonómicas y generales, con un crecimiento posible del 56% (de 18.809 a 33.828); junto con los seis municipios prioritarios de Jaén, también con un crecimiento potencial del 56% (de 26.382 a 47.133). En Córdoba se han marcado como preferentes siete municipios donde se pueden aumentar un 58% los votos socialistas (de 30.536 a 52.984), y en Almería, las opciones de repuntar son del 64% en siete localidades (de 22.593 a 35.573 votos).
Según este mapa, el margen de crecimiento es desigual en cada uno de los territorios. Y no significa que el PSOE tenga que ganar y ser la fuerza más votada en ninguno de ellos (la lista de Málaga o de Almería, por ejemplo, es una muralla de mayorías absolutas del PP). Pero sí necesitan doblegar la curva del voto, apurar ese margen de crecimiento del voto socialista (fiel en las generales, reticente en las andaluzas) para que se produzca un corrimiento de tierra a escala autonómica. En 2022, los populares se quedaron con “los restos” de cinco provincias o de las ocho, según con quién se hable del equipo de campaña de Moreno.
El punto débil de este diagnóstico son las causas de la reactivación masiva del electorado socialista en las generales del 23. En el cuartel de mando del PSOE creen que es Pedro Sánchez el revulsivo que despertó ese voto durmiente, y atribuyen al presidente la capacidad de tensionar a sus bases. Otras voces en el partido, sin embargo, piensan que el revulsivo para ir a votar en las generales fueron “los enemigos de Sánchez y del PSOE”, el perfil duro y agresivo de los Feijóo y los Abascal, que hizo que las izquierdas se activasen. Pero en Andalucía no existe ese perfil beligerante, Moreno no despierta ni el rechazo ni la reacción visceral del votante socialista.
Los pueblos más sanchistas
En los 87 municipios señalados con chinchetas en el mapa de Andalucía es donde la “curva del voto” es más pronunciada, es decir, el ancho de la cicatriz es mayor entre los votantes de Espadas en 2022 y los de Sánchez en 2023. Los ocho líderes provinciales del PSOE disponen de un documento digital, hiperdetallado, “con el potencial de movilización del voto socialista por cada sección electoral”. Es decir, donde más se necesita apretar a la militancia, el puerta a puerta, el boca a boca. Con un 41% de indecisos según las encuestas.
La cartografía del socialismo durmiente es tan precisa, que uno puede entender por qué Pedro Sánchez ha elegido los sitios que ha elegido para los cinco actos de campaña que ha compartido junto a Montero, y los otros tantos que protagonizó durante la precampaña.
Pongamos, por ejemplo, Dos Hermanas, paradigma de la estrategia de movilización del PSOE andaluz. En esta ciudad, a 17 kilómetros de Sevilla capital, convergen todos los factores bajo el microscopio del partido. Es la ciudad más grande que gobiernan los socialistas con mayoría absoluta de todo el territorio, con un censo de 106.437 electores, el 7% de la provincia. Es el último bastión inexpugnable, cuna del sanchismo y talismán del presidente del Gobierno.
En las últimas andaluzas hubo 15.780 votantes del PSOE, un año después 26.993 en las generales y 28.303 en las municipales. En las municipales el candidato socialista era el alcalde, Francisco Rodríguez, hoy secretario de Organización del PSOE-A y, a la sazón, responsable directo de la campaña de Montero.
Es el primer aludido de su propia llamada de corneta para que los regidores socialistas, concejales y cuadros medios del partido llamen a la movilización masiva el 17-M y cubran la diferencia entre las autonómicas y las municipales o generales. El margen de crecimiento de votos en Dos Hermanas es del 71% (11.213 papeletas más), porcentualmente más incluso que en Sevilla (54,2%, aunque por volumen la capital andaluza se deje 44.396 votos en las autonómicas).
“Los votantes que se nos quedan en casa en las generales viven precisamente en los barrios más humildes, clase media y baja, a los que van dirigidas todas nuestras políticas socialdemócratas”, se lamenta un miembro de la ejecutiva regional. En esta provincia, donde hoy el PP es hegemónico con nueve diputados (frente a cinco del PSOE), la mayor desmovilización de socialistas se concentra en Coria del Río (82,9%).
En la provincia de Cádiz, donde las distintas familias socialistas llevan años peleando entre sí, la variación del voto del PSOE entre las generales y las autonómicas es brutal: donde más votos se pierden por la desmovilización socialista es en Jerez de la Frontera (16.972 papeletas, un 87,8% de variación respecto las andaluzas).
Pero hay hasta nueve municipios que podrían duplicar el número de votantes socialistas si logran una movilización similar a la del 2023: Cádiz capital, con un margen de crecimiento del 110,5%; Sanlúcar de Barrameda (122,1% más); Barbate (133,9%); Puerto Real (110,4% más); San Fernando (108,8%); Conil de la Frontera (106,5%); Algeciras (105,1%), Chiclana (103,4%) y La Línea de la Concepción (102,2%). La Línea (con 3.961 votantes socialistas “durmientes”) fue uno de los municipios donde Sánchez y Montero compartieron mitin, el domingo pasado.
Málaga es otra provincia donde la hegemonía absoluta del PP desmotiva a los socialistas en las autonómicas, aunque en las generales se vienen arriba. En la capital la variación es del 80,7%, con una diferencia de 40.107 votos que marcaría la diferencia entre tener un escaño más o no tenerlo. En todos los municipios costeros, donde los populares siempre ganan, extrapolar el resultado de Sánchez a las autonómicas daría un subidón a las posibilidades de Montero: Coín (109%), Mijas (98%) y Alhaurín de la Torre (93,3%) son donde más se nota la brecha.
En Almería hay 18.869 votos socialistas dormidos en tres ciudades de sólida hegemonía conservadora: Almería capital, Roquetas del Mar y El Ejido, con opciones de crecer entre un 69 y un 84%. En la provincia de Córdoba, la curva es menos pronunciada, pero destaca la brecha de votantes en la capital (19.436 más en las generales) y Lucena (2.500, un 68% más).
Granada es la segunda provincia con más militantes del PSOE, después de Sevilla, y donde la variación del voto entre las autonómicas y las generales es menor (47%). Destaca Almuñécar, con un margen de crecimiento del 93% (aunque se trate sólo de 1.631 votos más) y por volumen Granada capital (12.700 más) y Motril (3.900). En Huelva capital la distancia es del 75%, unas 10.400 papeletas en el aire, seguida de Lepe, con un 94% (1.433 votos).
En Jaén, otro de los históricos bastiones del PSOE, la diferencia en la capital es abrumadora: del 17,4% del escrutinio en las autonómicas de 2022 al 29,9% en las generales del año siguiente, teniendo un margen de crecimiento del 96,9%, unas 9.500 papeletas más.
Montero, lejos de la calle
María Jesús Montero está haciendo pocos actos a pie de calle, con escaso contacto de piel con la ciudadanía, al contrario que Moreno. Basta revisar su álbum de fotos de campaña para comprobar que la candidata aparece siempre en lugares cerrados -más bien oscuros-, en espacios contratados por el partido, donde se recibe a militantes y simpatizantes ya convencidos.
El presidente de la Junta, en cambio, no para de dar besos, abrazos y selfies, y al final de cada día aparece un vídeo de él rodeado de gente en la calle, un subrayado de emociones, editado con una música allegro de fondo. El medio es el mensaje. Moreno busca una mayoría absoluta que, por suavizar un término tan determinista como “absoluto”, él mismo ha rebautizado como “mayoría suficiente”, “mayoría de estabilidad” y, en los últimos días, “mayoría de cariño”.
Mientras esto ocurre, la verdadera campaña del PSOE no es la que está protagonizando la candidata, sino la que se le ha encomendado a los ocho secretarios provinciales, a las agrupaciones locales, a los alcaldes, a concejales y a cuadros medios del partido, sobre todo en esos 87 municipios donde vive el socialismo aletargado. “Si votamos, ganamos”, dijo hace cuatro años un militante del PSOE almeriense, durante un mitin del entonces secretario general y candidato, Juan Espadas.
El diagnóstico es el mismo cuatro años después, pero entonces no sirvió de nada saber que la abstención masiva estaba carcomiendo al PSOE andaluz.
Históricamente hay un desapego del votante de izquierdas en las elecciones autonómicas, no se sienten tan concernidos, aunque el 80% de sus vidas (sanidad, educación, dependencia, política social...) dependa directamente de la gestión del gobierno regional que saldrá de las urnas. Al PP esto no le afecta, porque hoy disfruta del llamado “voto institucional”: “la gente vota al gobernante, en este caso a Juanma, es algo que también hicieron con Manuel Chaves durante más de una década”, explica uno de los asesores del candidato popular.
En los últimos cuatro procesos electorales en Andalucía, los de Moreno apenas se han movido de la franja de los 1,5 millones de votos, donde está su techo electoral. No pasan de ahí, y además cuentan con un colchón de otros 500.000 votos de Vox. El bloque conservador en Andalucía es hoy mucho más robusto y compacto que el progresista, al que la fragmentación del voto le hace polvo.
Los analistas electorales del PP se apoyan en encuestas internas que aseguran que la mayoría absoluta de Moreno, en 2022, se nutrió de un buen puñado de votantes de centroizquierda, y cuantifican que en torno al 5% provenían del PSOE. En el equipo de Montero apuntan que eso es un “mito”, y que no se sostiene con los datos: “Cuando el PSOE recupera 400.000 o 500.000 votantes en las generales, el PP no los pierde. Vienen de la abstención y, a veces, de otros partidos de izquierda por la concentración del voto útil”, explica un responsable de campaña de la exministra. Y añade: “Hay secciones electorales donde domina la derecha, con una participación del 65%, mientras las nuestras están en el 30%”.
Los 1,5 millones de votos del PP representaban el 43,1% del escrutinio en las andaluzas de 2022, a 19 puntos del PSOE (24%). Pero en las generales del año siguiente, los mismos votos (incluso con 13.600 papeletas más) representaban el 36,4% del escrutinio, apenas tres puntos más que los socialistas (33,4%). Es la movilización de la izquierda lo que va a determinar el resultado del 17-M, como ocurrió en 2018, en 2019, en 2022 y en 2023.