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Sobre este blog

ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/

'Cuentos de Raíz' para matar las prisas

Web Un Relato Andaluz (6)

Eusebio Muriel y María Roncel

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Lo popular como antídoto: Pepe Mújica titulaba los tiempos que terminarían despidiéndolo, más que como una época de cambio, como un cambio de época. Desde luego no está siendo una transición pacífica ni aparenta ser recordada como otra belle époque. Todo apunta a que podemos acabar padeciendo una ruptura axiológica liderada por las grandes tecnológicas: la posible apertura de un abismo social por el que corren riesgo de caer los códigos ocultos que nos ayudan a discernir entre el bien y el mal, entre lo justo y lo abusivo, y que llevan recorrido un camino demasiado largo como para que los ignoremos. Gracias al ingenio colectivo, la sociedad civil no para de idear estrategias de respuesta y de resistencia. Entre ellas existe la bendita tendencia de estar desempolvando y reivindicando sonidos, saberes, estéticas y, sobre todo, maneras de entender el mundo que aún viven en nuestras abuelas y cuya custodia nos pertenece; lamentablemente, las políticas en esta línea se están haciendo de rogar. No entraremos aquí en cómo mecanismos del mismo mundo del que huimos despedazan nuestras identidades para, precisamente, diseñar nuevas estrategias de venta. Glocalization lo llaman. Con dos narices. Todas podemos imaginar algún ejemplo reciente.

En lo popular, que es lo que aquí nos ocupa, no solo residen estos códigos, sino las especificidades culturales que engrasan el funcionamiento de la vida para construir y sentirnos parte de lo común y para aportar nuestra nota particular a lo universal. Hoy, instituciones públicas y privadas detentan funciones sociales heredadas de profundas normas humanas que han permitido, con todos sus conflictos internos, que estemos donde estamos. La tan anhelada emancipación, la sanción del acoso, los sistemas sexo/género, la burda y ritualizada lucha por el poder, el ascenso social, la negociación con la diversidad o la búsqueda de pareja, cuestiones que rigen nuestras sociedades ahora y siempre, nuestros fetiches, tabúes y mitos palpitan codificados en el acervo de las tradiciones orales. Y especialmente, en sus cuentos.

No somos pocos los jóvenes que sentimos la imperiosa necesidad de parar. De detenernos a charlar, a escuchar, a jugar, a cuidarnos, una pulsión que nos empuja a apartarnos del camino y evitar que este mundo a la bulla nos arrastre con él. Los imperios urbanos han precipitado que en apenas dos generaciones esta necesidad vital básica haya pasado a ser una cuestión de -dinero- tiempo. De aquí, y de la reflexión anterior, surge el proyecto de Cuentos de Raíz.

Tratamos de conjugar la puesta en valor de la tradición oral andaluza, la introducción a las artes escénicas y el reencuentro con la fantasía, la imaginación y el juego, a través de la interpretación con marionetas frente a una escena, con el fin de echarle un pulso al cada vez más precoz acceso a los dispositivos móviles

Un proyecto que abre una nueva vía para hacer llegar a la población otro de los tesoros culturales de Andalucía: sus cuentos populares. Cuentos que hunden sus raíces en los orígenes del tiempo. De los que nadie sabe exactamente cuándo aparecieron ni quién los inventó, pero de los que hemos aprendido a construirnos como sociedad y comprender desde pequeñitos el mundo al que llegamos. Nos han acompañado durante miles de años viajando entre las voces de las abuelas de las abuelas de nuestras abuelas. Cada generación, a lo largo de la historia, ha ido memorizando, transmitiendo y transformando estos cuentos que el investigador alcalareño y tercer hermano Grimm, Antonio Rodríguez Almodóvar, lleva toda la vida recopilando y restaurando. A él debemos el acceso a esa caja negra y proverbial de Andalucía que son sus cuentos y a él le agradecemos la selección de las cinco narraciones populares que forman parte de Cuentos de Raíz.

Que no se nos olvide jugar: este proyecto toma la forma de juego infantil para convocar a niños y niñas, educadores y familias frente a un teatrillo montable, como lo hicieran nuestros antepasados alrededor de la lumbre. Tratamos de conjugar la puesta en valor de la tradición oral andaluza, la introducción a las artes escénicas y el reencuentro con la fantasía, la imaginación y el juego, a través de la interpretación con marionetas frente a una escena, con el fin de echarle un pulso al cada vez más precoz acceso a los dispositivos móviles. El niño no es sólo espectador, sino director de escena, acompañado siempre por una apuntadora que guía el proceso y sostiene el relato. Nuestro teatrillo de cartón es una invitación a entender cómo funciona el teatro desde dentro: sus tiempos, sus cambios, su magia invisible. Cada cuento propone una pequeña obra, y cada representación es distinta, única y personal. Defendemos el volver a jugar con calma, a escuchar con atención y a dar espacio a historias andaluzas que nos han construido como sociedad y que, esperamos, sirvan a familias, ludotecas, bibliotecas y centros educativos de diversa índole para bregar con las prisas del mundo.

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ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/

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