De elecciones y fragmentación de la izquierda, o cómo votar sin que te dé un jamacuco
El mismo día que llegó a mi casa el sobre para votar en las elecciones andaluzas como inscrita en el censo de españoles residentes ausentes (CERA), llegaron también los materiales electorales de las primarias de California. Dos elecciones, dos continentes y una misma mesa del comedor convertida en oficina electoral improvisada.
La diferencia se ve a simple vista. En California nos dan un librito cogido con grapas donde podemos ir viendo todo lo que vamos a poder votar, además de varios folios con las listas de candidatos. Para las andaluzas me han mandado varios sobres: uno con las papeletas, y otro lleno de más sobres: el electoral donde meter la papeleta, otro para remitir a la delegación provincial, y un tercero donde se mete todo para mandar al Consulado. Vamos, tantos sobres que por un momento pensé que me habían confundido con mandataria del PP.
En California, este junio se celebran las primarias para elegir al próximo gobernador. Gavin Newsom no puede presentarse a un tercer mandato, y la carrera se ha llenado de candidatos. El sistema es el llamado top-two primary: todos los candidatos compiten en la misma papeleta y los dos más votados pasan a las elecciones generales de noviembre, aunque sean del mismo partido.
En Andalucía, en cambio, no elegimos directamente a una presidenta o un presidente, votamos candidaturas al Parlamento andaluz, y después son esos diputados quienes configuran mayorías, investiduras y gobiernos.
Os digo la verdad: yo sé que no son lo mismo, pero a primera vista suenan a la lista de preposiciones que nos aprendimos en quinto de primaria: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre y tras
Pero, aparte de las claras diferencias, también hay similitudes. En concreto, una con la que estoy para que me dé un jamacuco: la división de la izquierda. En California, la primaria abierta puede convertir una oferta política amplia en un embudo: si el voto progresista se reparte demasiado, el sistema premia a quienes logran concentrar apoyos, no necesariamente a quienes representan mejor a la mayoría ideológica.
En Andalucía, la cosa tiene menos épica institucional y más drama familiar. Porque, por mucho que parecieran unidos en el debate electoral de la RTV andaluza, se presentan en listas distintas. Y eso, se mire como se mire, divide a la izquierda y por el funcionamiento del sistema de escaños, hace que los votos progresistas sumen menos escaños al estar separados.
A la izquierda del PSOE concurren Por Andalucía (la coalición donde se integran IU, Sumar, Podemos, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana, Partido Verde Andaluz y Alianza Verde) y Adelante Andalucía, que se presenta como una fuerza andalucista propia. Os digo la verdad: yo sé que no son lo mismo, pero a primera vista suenan a la lista de preposiciones que nos aprendimos en quinto de primaria: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre y tras.
Y luego está el PSOE andaluz, que es una categoría emocional aparte. En esta campaña lo encabeza María Jesús Montero, ex vicepresidenta y ministra de Hacienda, pero en Andalucía las siglas del PSOE no vienen solas: vienen con eco, con memoria, con primos que todavía discuten en las comidas y con esa sensación de que el pasado nunca se jubila, solo cambia de cargo.
Ya sabemos que las encuestas no siempre aciertan, sobre todo si como dice el CIS, casi un 40% de votantes están indecisos. Esto se puede leer de la siguiente manera: las personas que van a votar a la derecha, ya lo saben. Son los votantes de izquierda o de centro los que, a vistas de las opciones que tenemos sobre la mesa, no saben para dónde tirar
Pese al deterioro de las instituciones públicas andaluzas en esta pasada legislatura, e CIS preelectoral de abril coloca al PP de Juan Manuel Moreno en el 43,6% de estimación de voto y en los 55 escaños, justo la mayoría absoluta. También sitúa al PSOE en el 25,8%, a Vox en el 10,3%, a Adelante Andalucía en el 8,5% y a Por Andalucía en el 6,9%. Que traducido resulta, la derecha tiene visos de llevarse la tortilla a casa mientras la izquierda sigue discutiendo si la hacíamos con o sin cebolla.
Ya sabemos que las encuestas no siempre aciertan, sobre todo si como dice el CIS, casi un 40% de votantes están indecisos. Esto se puede leer de la siguiente manera: las personas que van a votar a la derecha, ya lo saben. Son los votantes de izquierda o de centro los que, a vistas de las opciones que tenemos sobre la mesa, no saben para dónde tirar.
La realidad a estas alturas del partido es que, como votante de izquierdas, una no puede pensar solo en a quién votaría yo. También hay que calcular a quién van a votar los otros progresistas, no vaya yo a tirar mi papeleta a la basura. O quizá la pregunta sea otra: a quién tiene una estómago de votar, quién le va a decepcionar menos, quién puede servir para frenar qué, cuánto cinismo cabe en un sobre electoral antes de que no cierre.
Yo no os puedo decir por cuál preposición de la lista tenéis que votar. Bastante tengo con aclararme entre sobres, siglas, primarias, consulados y traumas autonómicos. Solo sé que cuando ejercer la democracia se parece tanto a resolver un sudoku con papeletas, algo hemos hecho mal. Y que esta primavera, entre votar con convicción, votar con resignación o votar con antiácido, lo mínimo sería que elegir papeleta no nos costara un jamacuco.