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Los incendios y el PIB

5 de agosto de 2026 21:25 h

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A raíz de los incendios que están devastando el país he recordado una de las siete “cavilaciones” que componen el pequeño tomo Pequeñas heridas mortales, de la escritora Belén Gopegui. En ella, trae a colación un viejo artículo de Fernando Cembranos Díaz, en el que, bajo el descriptivo título de Pérdidas que hacen crecer el PIB, examina 14 destrozos que, de manera solo en apariencia paradójica, cuentan positivamente en el PIB. Entre ellos, sin ir más lejos, se encuentran los incendios. Si un río contaminado por la industria obliga a los habitantes de una aldea a comprar agua embotellada, y así favorecer el PIB, un bosque quemado contribuye igualmente más que uno vivo: se contratan medios de extinción, se pagan salarios a bomberos, se compra maquinaria, se desarrollan trabajos de limpieza y retirada de árboles quemados, se diseñan proyectos de reforestación, se construyen infraestructuras preventivas, etc. El PIB crece a costa de una enorme pérdida.

A pesar de ello, aún hoy el Producto Interior Bruto (PIB) es uno de los indicadores económicos más utilizados para medir la actividad económica de un país, ya que calcula el valor total de los bienes y servicios producidos durante un período determinado. Sin embargo, aunque resulta muy útil para comparar el tamaño de las economías o analizar su crecimiento, queda claro que no constituye el mejor indicador para medir la riqueza o el bienestar real de una sociedad.

Un aumento de la actividad económica puede ir acompañado de contaminación, agotamiento de recursos naturales o pérdida de biodiversidad, factores que reducen la riqueza futura de un país aunque incrementen el PIB en el presente

En primer lugar, el PIB no refleja cómo se distribuye la riqueza entre la población. Un país puede registrar un PIB muy elevado y, al mismo tiempo, presentar grandes desigualdades económicas, de modo que una parte importante de sus habitantes viva con escasos recursos. Por tanto, un crecimiento del PIB no implica necesariamente una mejora en la calidad de vida de todos los ciudadanos. Eso explica que cada vez que el Gobierno alardea de los buenos datos, mucha gente no entienda por qué no puede pagar, o siquiera encontrar, una vivienda.

Además, este indicador no tiene en cuenta actividades que generan valor social, pero que no pasan por el mercado, como el trabajo doméstico, el cuidado de familiares, el voluntariado, la cooperación en un centro social de gestión autónoma o las redes de solidaridad como las que hemos visto estos días en la crisis humanitaria de Ceuta. Estas tareas contribuyen al bienestar colectivo, aunque no aparezcan registradas en las estadísticas económicas.

Otra limitación importante es que el PIB ignora el impacto ambiental de la producción. Un aumento de la actividad económica puede ir acompañado de contaminación, agotamiento de recursos naturales o pérdida de biodiversidad, factores que reducen la riqueza futura de un país aunque incrementen el PIB en el presente. De nuevo lo vemos con los incendios de este año.

Para conocer el verdadero nivel de desarrollo y bienestar de una sociedad son necesarios indicadores que reflejen la distribución de la riqueza, la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de la población

Asimismo, el PIB tampoco mide aspectos fundamentales del bienestar, como la salud, la educación, la seguridad, la esperanza de vida o la satisfacción personal. Por ello, organizaciones internacionales complementan este indicador con otros, como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que incorpora variables sociales además de las económicas.

En suma, medir la riqueza por el PIB no tiene sentido, y ya desde los años setenta lo vienen advirtiendo destacados economistas. Para conocer el verdadero nivel de desarrollo y bienestar de una sociedad son necesarios indicadores que reflejen la distribución de la riqueza, la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de la población.

Cuando lleguen las próximas elecciones el país seguirá ardiendo, en los bosques y en esas calles donde cada semana los especuladores de la vivienda expulsan a más y más personas. Pero no pasa nada, ya veréis como alguien del Gobierno nos dirá que España no deja de generar riqueza. Riqueza, sí, esa riqueza del PIB.