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La mermelada de las pepitas de oro o un nuevo episodio del drama arancelario en Estados Unidos

25 de febrero de 2026 19:37 h

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El otro día vino mi marido del supermercado de al lado de mi casa hecho una furia. El hombre venía enfadado, con razón, porque le habían cobrado $10 dólares (unos €8.50 euros) por un tarro de mermelada de fresa. 

Asustada, le pregunté si la mermelada traía pepitas de oro o un Ferrari de regalo. Pero no, la respuesta era otra: la confitura era importada. Para más inri, hecha en Francia.

Y es que, a pesar de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha descabalgado la política arancelaria del presidente Trump, y anulado la mayoría de las tasas impuestas a importaciones, el mandatario no se da por vencido. Trump ha anunciado nuevas políticas restrictivas al comercio internacional, como un arancel global del 10 al 15% o incluso “mucho más alto” para países que “se anden con juegos”. 

Por su parte, Bruselas pide total claridad a las autoridades estadounidenses, porque no sabemos cuánto cobrarle a la gente, y así nos pasa, que al final estamos pagando la mermelada a precio de jamón de pata negra. 

A ver, está feo decir que os lo dije, pero creo que es buen momento de sacar a relucir este artículo titulado Arancelé, ¡já!, de qué, en el que ya avisaba yo hace casi un año que esto de los impuestos a la importación iba a ser un despiporre. 

Si a los republicanos les quedaba alguna esperanza de continuar controlando las cortes en Estados Unidos después de las elecciones de noviembre de 2026, intentar pasar los aranceles por el Congreso acabaría con ellas. Por eso Trump seguramente haga lo que hace siempre: maniobras de distracción para que se nos olvide esta derrota política

Ahora sin bromas: que el Tribunal Supremo de mayoría conservadora en el que Trump ha puesto ya a dos miembros vitalicios haya tumbado sus aranceles es muy significativo. Primero, nos dice que las instituciones democráticas de este país y su separación de poderes siguen funcionando a pesar de los ataques del autoritarismo. 

Segundo, pone de relieve uno de los mayores defectos de esta segunda legislatura de Trump que es la de gobernar por decretazo, es decir, a través de órdenes ejecutivas que no tienen respaldo de las cortes legislativas. 

Esto no quiere decir que el gobierno actual no esté haciendo todo lo posible para desestabilizar las instituciones democráticas y del propio gobierno federal, que sí, sino que lo están haciendo de la manera más fácil, sin tener que negociar con los republicanos en el Congreso. Pero sí significa que el próximo presidente podrá deshacer muchos de estos cambios tan rápido como han llegado. 

Tercero, a partir de ahora Trump no puede ignorar al Congreso, ya que la sentencia del Tribunal Supremo lo que ha venido a decir es: sí a los aranceles, pero los tienes que pasar por la rama legislativa. 

Esto último va a ser un problema para el partido Republicano si Trump se empeña en hacer los aranceles ley, puesto que muchos senadores y congresistas de este partido tienen que ser reelegidos este 2026 en las elecciones de medio término. Y a nadie se le escapa que los aranceles son muy impopulares, incluso entre los partidarios más incondicionales de Trump

Si a los republicanos les quedaba alguna esperanza de continuar controlando las cortes en Estados Unidos después de las elecciones de noviembre de 2026, intentar pasar los aranceles por el Congreso acabaría con ellas. Por eso Trump seguramente haga lo que hace siempre: maniobras de distracción para que se nos olvide esta derrota política. 

Mientras, en los supermercados de Estados Unidos, los consumidores (de tostadas con mantequilla y mermelada, entre otros) seguiremos pagando el pato de los aranceles.