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Casado o el imperio contraataca por la Base de Rota

Habrá que tener paciencia, el aterrizaje de la política española en Andalucía nos va a dar grandes alegrías. Cosa del AVE. Cuando estaba vivo el debate sobre si, de verdad, el imperio español era como decía Casado, va y viene a Andalucía para  hablar de los problemas nuestros, se supone, se planta en Rota y pide, suplica a nuestro sucesor imperial, los EEUU, en un llamado callejero, que venga la Sexta Flota y se instale en la Base. Se le habrá olvidado al hombre, en su fogosidad patriotera, el desastre del Maine, pobres marinos, y la guerra hispanoamericana, inicio del fin de su añorado imperio. Si excluimos Guinea Ecuatorial, de la que tanto supo su mayor, Fraga Iribarne. Patriotismo español sin acritud, digo. Algo es algo.

Me lo imagino ya, celebrando el Thanksgiving en Génova después del Halloween, con confetis baratitos y globos, por supuesto y por la cochera, tratando de convencernos de que Pocahontas era de Chipiona y Pedro Sánchez un difunto. Sus mentores dicen que no había nada de sumisión al imperio sucesor sino que pensaba en los trabajadores de la comarca y en darle un tirito al populismo italiano que, por cierto, es muy parecido al suyo y al de sus socios ciudadanos de gira sureña. Ha debido de pensar poco, como sus antecesores populares, incluido su presidente, atlantista donde los haya; no se suelen acordar de ellos, de los trabajadores andaluces de la Base se entiende.

“Les quiere quitar la base a los populistas italianos”

Casado debería saber que Rota, vicus del asentamiento militar, tiene un paro del 23,87%, superior a la media andaluza, sin Base que lo corrija. Pero el líder de la derecha piensa en Nápoles, donde ahora está la Sexta, Flota se entiende. Les quiere quitar la Base a los populistas italianos y se lo va a contar a Trump, que como todo el mundo sabe, no lo es: un genio. Debería saber que el vicus napolitano cuenta con el mayor paro juvenil de Italia y su mafia y eso.

Pero hay algún dato más: cuando Rodríguez Zapatero tuvo a bien decidir situar en Rota el escudo antimisiles y predicar, a bombo y platillo, la estancia fija de buques a estos efectos, el paro ascendía al 30,82%; en 2011, año de la feliz noticia y masaje al secretario de Defensa americano Leon Panetta. Y al 35,03 un año después, inicio, se supone, de los días de vino y rosas. Rota, ¿dónde están tus huertos y los frutos de tu sacrificio? Obama estuvo por allí (no en los huertos claro), saludó militarmente a los suyos y familia y fuése. Volvió por España pero ya con Trump con el maletín. Siguen sin pronunciarlo ni bien: “Roura”.

Después de este ejercicio de patriotismo, no sería de extrañar que prometa al Reino Unido, por seguir en Cádiz, ni inmutarse por los submarinos nucleares jartibles que pastorean en Gibraltar. Ya en otro ejercicio de lo mismo, fue a Europa a explicarles el desastre español sin Mariano, y un día de estos nos lo vemos en la sede de Banco Central Europeo chivándose del Tribunal Supremo por lo de los impuestos a las hipotecas. Por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea no creo que se pase que solo le esperan disgustos. Si no, al tiempo .

 

Pero bueno, con tanto alarde de política dependiente sumisa, podría darse un garbeo por Roma y verse con algún señor con faldas de El Vaticano. Si tiene que ir de mantillas, que vaya, que el departamento de moda de las radios vaticanas acecha, pero que sea eficaz. No ya para pedir al estado vaticano que cumpla la ley en la democracia española, que ya sabemos que no, si no, al menos, por seguir en Cádiz, para que le pidan, exijan, en nombre de Cristo, al Obispo de Cádiz que no se resista más y ceda los pisos vacíos- a saber si pagan impuestos- a las almas cristianas gaditanas que no tienen un techo para poder vivir y no hay más currelo en la Base.

 

En fin, otro diíta más de alta política española en Andalucía. Cuando no es una Base, es una caña de pescar o una bata de cola . Así nos va.

Habrá que tener paciencia, el aterrizaje de la política española en Andalucía nos va a dar grandes alegrías. Cosa del AVE. Cuando estaba vivo el debate sobre si, de verdad, el imperio español era como decía Casado, va y viene a Andalucía para  hablar de los problemas nuestros, se supone, se planta en Rota y pide, suplica a nuestro sucesor imperial, los EEUU, en un llamado callejero, que venga la Sexta Flota y se instale en la Base. Se le habrá olvidado al hombre, en su fogosidad patriotera, el desastre del Maine, pobres marinos, y la guerra hispanoamericana, inicio del fin de su añorado imperio. Si excluimos Guinea Ecuatorial, de la que tanto supo su mayor, Fraga Iribarne. Patriotismo español sin acritud, digo. Algo es algo.

Me lo imagino ya, celebrando el Thanksgiving en Génova después del Halloween, con confetis baratitos y globos, por supuesto y por la cochera, tratando de convencernos de que Pocahontas era de Chipiona y Pedro Sánchez un difunto. Sus mentores dicen que no había nada de sumisión al imperio sucesor sino que pensaba en los trabajadores de la comarca y en darle un tirito al populismo italiano que, por cierto, es muy parecido al suyo y al de sus socios ciudadanos de gira sureña. Ha debido de pensar poco, como sus antecesores populares, incluido su presidente, atlantista donde los haya; no se suelen acordar de ellos, de los trabajadores andaluces de la Base se entiende.