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Llamamiento al profesorado andaluz: las familias no queremos ir solas

Rocío Bejínez

Portavoz de la Confederación de ampas de Andalucía (CODAPA) —

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Detrás de cada cifra de abandono escolar, de cada aula pública que se cierra en nuestros barrios y de cada joven que se queda sin plaza para estudiar lo que sueña, estamos nosotras. Estamos las madres y los padres. Familias que no dormimos pensando que nuestros hijos e hijas irán mañana a colegios convertidos en hornos, o pensando en cómo luchar para que el alumnado con necesidades especiales tenga garantizado su derecho a una educación de calidad en igualdad de condiciones.

Nos hemos convertido, por pura supervivencia y amor, en el parachoques de un sistema educativo andaluz que se cae a pedazos. Soportamos el frío de las protestas, la frustración de las promesas rotas y el peso de una responsabilidad que nadie nos debería exigir en exclusiva.

A veces miramos de reojo a la Comunitat Valenciana y se nos encoge el alma de admiración y de envidia sana. Allí, el profesorado ha decidido que no se puede delegar el dolor de la escuela pública en los hombros de las familias. Más de 200 directores y directoras han dimitido en bloque y han parado el sistema junto a sus docentes en una huelga indefinida valiente, demostrando que la defensa de la escuela pública es un acto de coraje absoluto que se asume en primera persona.

¿Y en Andalucía? En nuestra tierra, lo que encontramos en la mayor parte del profesorado es una anestesia y un silencio que duelen. Frente a ratios imposibles, frente a la falta de recursos y medios para el alumnado con necesidades especiales, frente al goteo constante de aulas públicas suprimidas y frente a la escandalosa privatización de la Formación Profesional (FP) —así como el desmantelamiento de la FP específica y adaptada para los chicos y chicas más vulnerables—, la respuesta de quienes habitan las salas de profesores, en su mayoría, se ha vuelto peligrosamente previsible. Se ha sustituido la movilización real por la queja de pasillo mientras la realidad nos pasa por encima. Quienes no actúan así son, lamentablemente, la excepción.

Parece que la estrategia de algunos claustros es esperar sentados a que la desesperación de las familias prenda la mecha ante los problemas estructurales reales

También resulta intolerable la alarmante estrategia de bastantes profesionales para justificar esta inacción. Desvían de forma vergonzosa el foco hacia el eslabón más débil, magnificando los problemas de convivencia, y poniendo el foco en situaciones excepcionales, criminalizando a los y las menores y dibujando las aulas como junglas ingobernables para tapar que, en realidad, miran hacia otro lado. Incluso tenemos que ver en las redes sociales a ciertos docentes reconvertidos en influencers lanzando odio y condescendencia sobre el alumnado y sus familias para buscar el aplauso fácil.

Esta actitud se traslada a la gestión del día a día. Una parte importante del colectivo acepta acuerdos que reducen la participación familiar al entorno online. Entienden la “comunidad educativa” como una notificación unidireccional por iPasen y nos vetan en los debates profundos bajo el pretexto de que “ellos son los profesionales”. Olvidan que las familias llevamos leída más normativa que muchas y muchos de ellos. No existe otro sector donde personas no profesionales se formen tanto para ejercer su derecho legal a opinar.

No se trata de un deseo de cuestionar la labor docente —como tantas veces se nos recrimina—, sino de una respuesta inevitable: suele decirse que el profesorado es el colectivo funcionarial que peor conoce su propia normativa. Una falta de formación en sus obligaciones legales que, paradójicamente, obliga a las familias a estudiar la ley para no quedar en el más absoluto desamparo.

Por ese respeto infinito que les tenemos a los docentes, les pedimos que despierten, que salgan de su letargo, y que den un paso al frente

Parece que la estrategia de algunos claustros es esperar sentados a que la desesperación de las madres y los padres prenda la mecha ante los problemas estructurales reales. Esperan que sigamos siendo nosotras las que pongamos el cuerpo, el desgaste emocional y las lágrimas de impotencia frente a la administración, para luego sumarse ellos cuando el terreno ya esté ganado.

Nosotras amamos y respetamos profundamente a los maestros y maestras de nuestros hijos e hijas. Precisamente por ese respeto infinito, les pedimos que despierten, que salgan de su letargo, y que den un paso al frente.

La defensa de la escuela pública andaluza no puede ser un escudo humano hecho de familias ya agotadas. Si de verdad queremos salvar el futuro de la educación pública, los maestros y maestras, el profesorado tiene que asumir las consecuencias de un conflicto real.

Las familias estamos dispuestas a vaciar aulas y a llenar las calles, nunca hemos dejado de hacerlo, pero no queremos ir solas en la vanguardia. El futuro de la educación pública se defiende con la comunidad unida, profesorado y familias, codo con codo. O no se defenderá.