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La vergüenza del hambre

Este jueves es el Día Mundial de la Alimentación. Si atendemos a los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) sobre el actual despilfarro alimentario, uno de cada tres kilos que producimos en el mundo se envía a la basura.

"Somos mucha gente buscando y no dan abasto los contenedores", dice María del Carmen.

Foto: Luis Serrano.

Durante los últimos años se ha producido un importante incremento en las tasas de desempleo de larga duración en España, especialmente a partir del año 2008, donde se produjo una continua subida desde tasas en torno al 2%, hasta alcanzar el 11% en 2012. Es decir, un aumento de 9 puntos en cuatro años:

 

tasa desempleo larga duración

Fuente: Eurostat 2014

 

Este parámetro, junto a otros como las actuales tasas de desempleo o el aumento del número de los llamados trabajadores pobres o "working poors", ha provocado que se haya disparado el número de peticiones de ayuda básica entre las instituciones benéficas más relevantes en toda la geografía española. Es el caso de Cruz Roja Española, que ha registrado en este sentido un crecimiento lineal casi perfecto, aumentando su demanda en un 74% entre 2009 y 2012:

 

Fuente: Cruz Roja Española, 2014

Fuente: Cruz Roja Española, 2014

 

Si se analiza qué tipo de ayuda es la que más se solicita en Cruz Roja Española durante estos años, gracias a sus memorias anuales se puede comprobar cómo el protagonismo principal en estas ayudas es la relativa al programa de distribución de alimentos.

Asimismo, es interesante observar cómo han ido evolucionando otros programas de ayuda, como el de 'Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social', que tenía un protagonismo menor en el año 2009 y que, en tan sólo cuatro años, ha cuadruplicado el número de personas atendidas. O el relativo a la 'Infancia y jóvenes en dificultades sociales', cuyo aumento en los últimos cuatro ha sido del 279%.

Una situación similar ocurre en la Federación Española de Banco de Alimentos (FESBAL), que puede servir como indicativo de cómo ha ido evolucionando la demanda de alimentos en España por parte de la población más vulnerable. Los números reflejan un aumento del 108% en la demanda de la ayuda alimentaria en los últimos siete años para todo el Estado español.

 

Fuente: FESBAL, 2014

Fuente: FESBAL, 2014

 

Fuera de las cifras y los gráficos, muchas personas de este país conocen el rostro de aquéllos que ahora se encuentran en situación de pedir ayuda externa para poder tener una cesta de la compra digna. Esas personas que te dicen "la pobreza yo sólo la veía en la televisión" y te relatan el profundo trago amargo de encontrarse de pronto en la cola de una entidad benéfica para que le ayude con la comida que no se puede proporcionar ni puede dar a su familia.

Esta es una de las caras de la vergüenza del hambre, o la también llamada "pobreza invisible". Muchos pretenden ocultar su difícil situación evitando incluso ir a estas instituciones por el tremendo golpe anímico que reciben. Entrar por la puerta de una entidad benéfica es un paso muy difícil y duro que no todo el mundo es capaz de dar.

Sin embargo, paralelamente a situación, en el mismo lugar donde hay carencias de alimentos se desperdicia mucha comida. Si atendemos a los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) sobre el actual despilfarro alimentario, uno de cada tres kilos que producimos en el mundo se envía a la basura.

Según la FAO, en cereales se desperdicia el equivalente a 763 mil millones de paquetes de pasta al año, y en carne el equivalente a 75 millones de vacas, es decir, el 20% de toda la carne que se cría en el mundo se tira.

Estas cifras presentan porcentajes de despilfarro parecidos entre los llamados países desarrollados y en vías de desarrollo, llegando a desperdiciarse entre el 40-50% de toda la fruta y verdura, cifras similares en productos tan básicos como las patatas, las cebollas o las zanahorias.

Y aquí nos encontramos con la segunda cara de la vergüenza del hambre. En este caso la vergüenza en mayúsculas, por el fracaso como sociedad que supone haber conseguido realizar logros tecnológicos inimaginables hace unos años, pero sin embargo no hemos aprendido a no despilfarrar uno de los recursos más valiosos de nuestro planeta, como es el alimento, cuando hay tantas personas que lo necesitan.

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