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"Si no hay una reacción urgente, la dehesa desaparecerá en la próxima generación"

Es un ecosistema único en el mundo, que solo se da en el sur de la Península Ibérica

En él viven especies en peligro de extinción como el lince o el águila imperial y está ligada a actividades humanas como la crianza de cerdo ibérico, el corcho, el toro de lidia, la agricultura ecológica, el ganado ovino o el turismo rural

Cada año se muere una encina por hectárea y en la zona del Andévalo (Huelva) se han tenido que arrancar 470.000 en la última década

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Es el cultivo de mayor valor medioambiental y sostenible de la tierra, produce agua, alimentos de calidad y equilibrio ecológico. Un hábitat de árboles centenarios, de especies en peligro de extinción como el águila o el lince, donde se pueden encontrar en torno a 60 especies de aves nidificantes, más de 20 de mamíferos, y otras tantas de reptiles y anfibios.

Está considerada Sistema de Alto Valor Natural por la Unión Europea. Dado su gran valor ecológico, económico y social, su gran extensión y las amenazas que la acechan, buena parte de esa superficie cuenta con algún grado de protección, como Parques Naturales, Parques Nacionales, Reserva de la Biosfera, zona ZEPA, LIC, Red Natura, Zona Starlight, Geoparque, e incluso ahora plantean su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad.

Un fenómeno único a nivel mundial ya que sólo se da en la península ibérica (Portugal, Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, Castilla León y Madrid). Y que a pesar de todo esto se está muriendo. La dehesa sufre un deterioro de tal magnitud que en 50 o 60 años puede haber desaparecido, según la Fundación Savia.

¿Dónde? Sólo se da en el sur de la Península Ibérica.

Ocupa 1,3 millones de hectáreas en Portugal, donde se denominan montados, y unos 2,4 millones de hectáreas en España. La extensión en Andalucía se sitúa en torno a 1,2 millones de hectáreas (10-15% de la superficie de la comunidad), que se localizan fundamentalmente en Sierra Morena y Valle de los Pedroches, Serranías de Cádiz, Málaga y Sevilla y otras manchas dispersas por toda Andalucía. Por provincias, Córdoba concentra la mayor superficie, con 361.674 hectáreas, seguida de Huelva (233.184); Sevilla (181.086); Jaén (117.937); Cádiz (89.708); Granada (73.307); Málaga (57.5223); y Almería (40.552), según datos de la Junta de Andalucía.

Hay 99 municipios andaluces con más de un 25% de superficie con formaciones adehesadas. 14.000 explotaciones, en su mayoría de ganadería extensiva, con más de dos millones de cabezas de ovino, 400.000 de bovino, medio millón de caprino y más de 400.000 de porcino ibérico. Las principales actividades económicas de estos territorios se ligan al c erdo ibérico, el corcho, el ganado ovino, el toro de lidia, la agricultura ecológica y el turismo rural. Este agrosistema genera productos de calidad del que dependen más de un centenar de mataderos y 274 industrias cárnicas.

No se trata de un paisaje espontáneo, sino que nació, se desarrolló y pervive solo gracias a la mano del hombre, en equilibrio con la naturaleza. La mayor parte de las dehesas arboladas actuales fueron creadas entre los siglos XIX y XX a partir del aclarado del bosque mediterráneo, en zonas donde difícilmente puede haber otros cultivos.

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¿Por qué? Enfermedades, falta de rentabilidad y sin relevo generacional

"Si no hay una reacción urgente, la dehesa desaparecerá en la próxima generación", asegura Francisco Casero, presidente de la Fundación Savia. La falta de rentabilidad, "la seca" que mata los árboles centenarios, la tuberculosis en los animales, la despoblación de las localidades, la asfixia burocrática (hay 46 normativas que cumplir), y que no hay un relevo generacional son los principales problemas a los que se enfrenta.

Para mantener una dehesa en buen estado es necesario controlar la carga ganadera, el control diario de los pastos, la rotación de animales, la regeneración de los árboles que se están muriendo, su poda correspondiente. Una gestión diaria que supone una serie de gastos que terminan por no hacerla rentable. Además, el precio del ganado se mantiene o incluso es inferior al de hace una década, sin embargo, los gastos son superiores.

El patógeno 'Phytophthora cinnamomi', causante de la enfermedad denominada podredumbre radical, es el principal responsable de la seca de los árboles en la dehesa, estando presente en un 80 por ciento de los casos en los que se detectan daños. Es también el mismo patógeno que causa la tinta del castaño y es capaz de infectar a más de 1.000 especies vegetales distintas, principalmente leñosas.

Según la Fundación Savia, esta enfermedad ha obligado a arrancar en los últimos diez años más de 470.000 encinas en la zona del Andévalo, comarca histórica situada en la provincia de Huelva y que también está afectando, aunque en menor medida al resto de Andalucía.

La seca cuesta a un ganadero entre 50 y 60 euros por la reposición de cada árbol. Todos los años como mínimo se muere uno por hectárea. Hay zonas como Pedroches que son menos y otras como en el Andévalo donde son más.

La tuberculosis le supone a un propietario, cuando entra en su ganadería, entre 100 y 150 euros de pérdidas por hectárea y año. Si se habla de animales, entre 1.500 y 2.000 euros por animal que se sacrifica. Y además no tiene solución, y sí otras repercusiones como la inmovilización de la ganadería o los gastos sanitarios.

También perjudica la norma de calidad del cerdo ibérico. El producto criado en dehesa no llega a revalorizarse al precio del pienso. Se produce una competencia desleal entre el otro cerdo ibérico pero que se cría en un lugar cerrado y el que es 100% ibérico con bellota y en el campo.

Las pérdidas por el relevo generacional no se pueden medir en dinero. El problema es que cada vez que se jubila o se muere un propietario no hay gente joven que lo sustituya, "los padres no quieren condenar a la pobreza a sus hijos", y entonces esa dehesa se abandona. "Esa tierra pasa a ser un monte cerrado y termina por arder y después del fuego viene siempre la desertificación".

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La PAC y el Plan Director de la Dehesa

Hoy día la agricultura y ganadería está planteada a través de la PAC (Política Agraria Común), de pagos compensatorios para que se pueda seguir cultivando o criando ganado sin pérdidas. En el caso de la dehesa, los dueños de explotaciones consideran que no se está recibiendo las compensaciones necesarias.

En estos momentos pueden recibir entre 50/70 euros por hectárea, sin embargo, en la misma zona una hectárea sembrada de cereal puede recibir entre 130 y 150 euros por hectárea, y si el cultivo es de olivar o acebuche, castaño o algarrobo, la ayuda es de 260 euros por hectárea. Cuando la dehesa necesita más mano de obra y es menos rentable. Según la Fundación Savia se necesitaría una ayuda compensatoria de entre 150 y 200 euros más por hectárea para poder mantenerla bien. "Lo que se cobra ahora mismo es una limosna, no un pago compensatorio", aseguran.

La reforma de la PAC en 2015 supuso un brusco recorte de las ayudas (de hasta un 60%) con la aplicación de un nuevo Coeficiente de Admisibilidad de Pastos (CAP), que descuenta en una parcela el terreno que hay bajo el paraguas de la encina, la copa del árbol, sin entender que ese espacio también es pasto, quitándole entre el 30 o el 40% del terreno subvencionable.

En el mes de octubre los países de la Unión Europea (UE) y la Eurocámara llegaron a un acuerdo sobre el llamado reglamento Ómnibus, que modifica de forma provisional la PAC, hasta su reforma después de 2020. En ese acuerdo se incluyó a la dehesa dentro de los pastos permanentes y eso se tomó como una mejora en los coeficientes de admisibilidad, incluso las organizaciones agrarias manifestaron su satisfacción.

Sin embargo, la Fundación Savia envió una carta al ministerio solicitándole información sobre ese acuerdo, para poder saber en qué se vería beneficiada la dehesa. La respuesta del Ministerio, no fue muy alentadora, ya que asegura que "no supondrá un cambio en la aplicación" y que realmente “el cambio de definición no va a tener un gran efecto en su admisibilidad para el cobro de ayudas”. "Por tanto, el margen de mejora del CAP de la dehesa es reducido".

La dehesa en peligro de extinción, ¿dónde, cómo y por qué?

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Para la Fundación “este lavado de cara a la dehesa solo le sirve para condenarla a la desaparición” y creen que “dentro de los pastos permanentes donde se la ha incluido en la PAC tiene el certificado de defunción firmado”.

En Andalucía, el Consejo de Gobierno aprobó también en octubre el Plan Director de las Dehesas de Andalucía, que prevé hasta 2021 una inversión inicial de más de 86 millones de euros del Programa de Desarrollo Rural (PDR), su principal fuente de financiación, para garantizar la viabilidad económica y medioambiental de este sistema. Este Plan Director servirá para poner en marcha la Ley de la Dehesa aprobada en 2010.

Para la Fundación Savia, llega desfasado con respecto a la PAC, porque se basa en una definición errónea, y sobre todo, porque debería ir acompañada de un presupuesto como mínimo de 100 millones de euros anuales, que son los necesarios, para dar respuesta a los principales y graves problemas que afectan a la Dehesa, de los cuales la Administración andaluza carece, como puede observarse en las partidas presupuestarias de los PDR, aprobadas ya para el periodo 2015-2020.

La Fundación que fue promotora del Pacto por la Dehesa en 2005, y participó activamente en las consultas y reuniones que hubo durante la gestación de la Ley de la Dehesa, considera que el presupuesto es insuficiente, “es como darle al que está agonizando ceregumil”, ya que los 86 millones de euros, saldrían a 6 ó 7 euros por hectárea al año.

 En un momento en el que la sequía y la desertification amenazan al sur de Europa, y en el que cada vez es más apreciado por el turismo rural paisajes sostenibles, la protección de la dehesa se convierte en crucial, según los miembros de la Fundación Savia. Del mantenimiento de la misma depende la calidad del agua y la elaboración de alimentos de calidad como los que produce la ganadería extensiva. Además, la desaparición de estos lugares, únicos en el mundo, aumentaría el riesgo para especies amenazadas, como el lince, el buitre negro o el águila imperial ibérica;  y contribuiría al abandono de territorios en los que apenas hay otras alternativas productivas.

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