Málaga da vía libre a las polémicas esculturas de Venus y Neptuno en el Puerto pese a las dudas legales
Si todo va como las administraciones prevén, Neptuno y Venus dominarán desde las alturas el acceso al Puerto de Málaga en apenas un mes. Este es el plazo aproximado que el Presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio, se da para colocar las figuras (de 7,5 y cinco metros de altura y 2,25 y 1,9 toneladas de peso) sobre los pedestales de tres metros en los que se trabaja desde hace semanas. La pretensión del Rubio cuenta con el aval del alcalde Francisco de la Torre (PP), que este jueves aseguró que la Gerencia de Urbanismo no ha puesto reparos al proyecto, un conjunto escultórico del ceutí Ginés Serrán compuesto por las dos figuras mitológicas y dos leones que las acompañan, y denominado “Las columnas del mar”.
El proyecto ha despertado una intensa polvareda que ha despertado el proyecto. Se cuestionan los rasgos estéticos de las obras (“más propias del Universo Marvel”, dijo la Real Academia de Bellas Artes en un duro comunicado), las implicaciones económicas (70.000 euros de dinero público para la instalación de las esculturas, cedidas en comodato) y el impacto paisajístico y simbólico (se colocarán en el acceso al recinto portuario desde la Plaza de la Marina, un espacio que linda con el Centro Histórico, declarado Bien de Interés Cultural).
En teoría, estarán allí seis meses, antes de trasladarse a una ubicación “más idónea”. Sin embargo, el propio escultor ya dijo a este diario que los seis meses servirían para comprobar “la reacción del público” para ver “si le parece bien o no”, dejando la puerta abierta a su continuidad. Además, hay dudas jurídicas de que, una vez colocadas, el Puerto pueda unilateralmente retirarlas a otro lugar sin que medien razones técnicas, de seguridad o de operativa portuaria.
Sus críticos lamentan que una decisión de este calado no se haya sometido a debate ciudadano, pasando de puntillas por el Consejo de Administración del Puerto y esquivando también el debate municipal. Razonan que, aunque se ubiquen sobre suelo portuario, las esculturas condicionan la imagen de la ciudad.
Nada de esto parece que vaya a torcer la voluntad de Rubio, que insiste en que la ley se lo permite y que no es la primera vez que se traen obras al Puerto. El presidente del Puerto trata de reconducir el debate al gusto estético: “Que en este caso a estas academias no les gusta nada, pues yo lo siento mucho. Pero es temporal, les queda el consuelo para los que no les gusten de que en seis meses ya no las verán”.
Sin intervención del Ayuntamiento ni de la Junta de Andalucía
La limitación a seis meses sigue sin convencer a la Academia de Bellas Artes de San Telmo, de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la Academia Malagueña de las Ciencias, del Ateneo y del Instituto de Estudios Urbanos y Sociales, que advierten de que una intervención de este tipo exige licencia municipal previa aunque esté en suelo portuario.
Razonan que no es una intervención “estrictamente portuaria”, y que el Ayuntamiento debe intervenir en obras que “se integren funcionalmente” en la ciudad, afecten a la “estética” o la “accesibilidad” de la ciudad o tengan finalidad “cultural” o “expositiva”. En apoyo de esta postura, las instituciones culturales citan varias sentencias del Tribunal Supremo.
Hace dos semanas el alcalde tenía dudas y anunció una consulta a Urbanismo para ver si el Ayuntamiento tiene “margen legal para intervenir”. Pero apenas dos días después el Puerto anunció que ya había acordado con el Ayuntamiento que las esculturas se colocasen en esa ubicación, si bien solo durante seis meses. Tras quince días de silencio, el alcalde dice ahora que las dudas que los técnicos de Urbanismo le dicen que el Ayuntamiento no tiene que intervenir y que la delegación de Cultura de la Junta de Andalucía “dice lo mismo”.
En un comunicado emitido este jueves, las instituciones culturales malagueñas también muestran su sorpresa con el hecho de que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía se haya inhibido a pesar de que el Centro Histórico (declarado Bien de Interés Cultural en 2012) esté inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, y recuerdan que la protección de estos espacios abarca su “entorno, percepción simbólica e imagen cultural”, incluyendo elementos que alteren vistas, relaciones visuales, escalas o volumetría. “Que las estatuas proyectadas estén unos metros detrás de la línea de demarcación del ámbito BIC” no eximiría de la protección del entorno, señalan.
Propias del “universo Marvel”
Venus con un sol en las manos (en alusión a la Costa del Sol), Neptuno con una red de pesca (por el carácter marinero de Málaga) y los dos leones, todos hechos en bronce, son obra de Ginés Serrán, un escultor ceutí pero residente en Nueva York que quiere, según ha dicho, homenajear los orígenes de su padre malagueño.
Al conocer las obras, la Academia de Bellas Artes de San Telmo emitió un duro comunicado tildándolas de “pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente”, “más propio del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel”. Serrán, que tiene varias esculturas similares repartidas por el mundo, está muy contrariado y ha acusado a algunos académicos de juzgar sus obras sin tener bagaje. Protesta por lo que considera una ofensa a su honor.
Un proyecto tramitado durante cuatro años
Más allá del aspecto estético, los críticos cuestionan la opacidad con la que el Puerto ha tramitado un expediente con un evidente impacto visual, simbólico e incluso emocional, en un espacio, el Puerto, que ya es escenario desde hace más de diez años de una batalla por la construcción o no de un rascacielos que dominaría la Bahía, ahora en barbecho tras el varapalo de Puertos del Estado al proyecto.
La tramitación de la idea de Serrán ha sido discreta. Durante cuatro años el proyecto de las esculturas estuvo latente y no pasó por los órganos de gobierno del Puerto. En abril de 2025 Rubio lo llevó al Consejo de Administración del Puerto, pero lo retiró por sorpresa en el último instante. En julio volvió a llevarlo, y es entonces cuando los consejeros lo aprobaron sin que nadie se opusiera, lo que ha servido al Presidente para esgrimir la supuesta unanimidad.
Lo cierto es que algunos consejeros no acudieron a la convocatoria de aquel día (como la abogada del Estado y la delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía), otros se ausentaron a mitad de reunión (el subdelegado del Gobierno) y entre los que sí estuvieron hay quienes alegan que Rubio actuó de mala fe, enterrando la cuestión entre decenas de asuntos y omitiendo aclarar cuál iba a ser la ubicación definitiva. “Nunca se debatió sobre el sitio. Tenían decidida la ubicación pero no la compartieron, sino que la metieron de tapadillo”, explica una fuente del Consejo.
En cambio, el debate giró en torno a la fórmula elegida para aceptar el regalo: se optó por el comodato durante 25 años, con el fin de evitar la tributación, a pesar de que Puertos del Estado prefería la donación. Ese contrato de comodato fue presentado en varias versiones entre abril y julio, sin aclarar que había sufrido modificaciones sustanciales: por ejemplo, quién era el comodante (primero la Fundación de Ginés Serrán, finalmente el propio escultor), el emplazamiento (de las columnas a “la entrada del Puerto de Málaga colindante con la Plaza de la Marina) y quién pagaba los gastos de colocación: sólo en la última versión los asumió el Puerto, que ha gastado 69.801,45 euros en la obra de los pedestales.