El debate que agita Málaga: ¿dioses romanos de “inspiración Marvel” en la puerta del mar a la ciudad?
Con una red de pesca y un sol en las manos y flanqueados por leones, Neptuno y Venus, imponentes dioses romanos del mar y el amor, están llamados a contemplar desde las alturas la principal entrada al Puerto de Málaga, y desde allí a los miles de malagueños y cruceristas que a diario transitan por este espacio emblemático en el que la marina se funde con el Centro Histórico.
Sin embargo, las esculturas de bronce de ocho y cinco metros de altura (once y ocho, incluyendo sus pedestales) esculpidas por Ginés Serrán serán dioses con pies de barro, promete la Autoridad Portuaria. Su presidente Carlos Rubio ha tomado una decisión salomónica en vista de la “controversia generada entre diversas instituciones de carácter cultural”: después de seis meses, las piezas se trasladarán a una ubicación “consensuada y con menor impacto”. Sin embargo, Serrán aspira a que sigan allí: “Es tiempo suficiente para que el público diga sí o no”, señala a este medio. Y arquitectos como Salvador Moreno Peralta dudan de que se acometa un esfuerzo tan importante para tan poco tiempo. Tampoco el alcalde lo ve claro. Este martes, Francisco de la Torre (PP) dijo comprender la polémica, y anunció que había pedido a Urbanismo que estudiara si la ciudad tenía algo que decir, en vista de que las esculturas, aun en suelo portuario, trascienden la actividad portuaria e impactan en el paisaje urbano.
La decisión del Puerto, supuestamente consensuada con el Ayuntamiento, pretende zanjar la polémica, pero lo previsible es que no lo consiga. Un manifiesto abierto a firma en Change.org exige la “inmediata paralización” del montaje y que, en todo caso, la cuestión pase los trámites de información, licencia y dictamen del Ayuntamiento de Málaga y la Comisión Provincial del Patrimonio, lo que hasta ahora no ha ocurrido, por lo que advierte de posibles acciones legales.
Tras días de silencio, el Puerto ha salido al paso este miércoles con el comunicado, difundido un rato antes de que esas instituciones (la Real Academia de Bellas Artes, la Academia Malagueña de Ciencias, el propio Ateneo, el Instituto de Estudios Urbanos y Sociales y la Sociedad Económica de Amigos del País) subrayaran con un manifiesto su frontal oposición al conjunto escultórico, al que califican de seguir un “criterio estético pseudoclasicista”, pretender una “monumentalidad ampulosa y anacrónica” y, en definitiva, de ser un “sonrojante remedo de estéticas del pasado”. “No podemos colocarlas en el sitio de mayor tránsito como si fuera un escaparate”, insiste Moreno Peralta.
“Inequívoco enganche kitsch” en una zona emblemática
Su supuesta “pretenciosidad” y su “inequívoco enganche kitsch”, según definición de la Real Academia de Bellas Artes, es la primera capa de la polémica, que se enmarca en el debate más amplio sobre los criterios, procesos y modos con los que se decide sobre el espacio público y preferente en Málaga. En otras palabras: quién, cómo y para qué decide qué se coloca en los lugares más sensibles de la ciudad.
El asunto pasó por el Consejo de Administración del Puerto (con presencia de todas las administraciones), que aprobó su instalación para generar “una nueva seña de identidad emblemática y reconocible nacional e internacionalmente, que previsiblemente favorecerá la acción comercial en materia portuaria y marítima”. Fuentes del consejo señalan que, tras descartar colocarlas sobre las columnas, no se aclaró dónde irían, pero en la memoria sí se señala que estarán “en un espacio incorporado a los espacios de interacción puerto-ciudad”.
Durante meses el asunto no tuvo eco. Ahora, el asunto ha escalado a la prensa internacional con un artículo publicado en el Times en el que se recogen las críticas ciudadanas y académicas al proyecto.
A falta de las piezas, el debate hasta ahora no gira solo en torno a su mayor o menor calidad artística, sino a la decisión del Presidente de la Autoridad Portuaria de disponer de esta forma de ese espacio, central y simbólico en la ciudad, sin consultarlo con nadie: ni con la ciudadanía, ni mucho menos con las instituciones culturales más relevantes de Málaga, que esta vez han marcado el paso. “La ciudad no estaba dormida, y ha bastado este movimiento para que se manifieste”, dice Rosario Camacho, presidenta de Academia de Bellas Artes.
Además de la crítica estética, subyace un argumento identitario: en los últimos años la ciudad ha sufrido un acelerado proceso de desnaturalización ejecutado al margen (y muchas veces en contra) de la voluntad de miles de vecinos, lo que ha incluido evitables atentados paisajísticos que han descompuesto la imagen de la ciudad.
Esta propuesta se observa como un paso más en un espacio simbólico y al límite del Centro Histórico (declarado Bien de Interés Cultural): la intersección Puerto-ciudad, donde ya se instaló una noria gigante, y en el mismo espacio público (supuestamente ajeno a la regulación municipal) donde se pretende desde hace más de una década un rascacielos de 144 metros de altura, el Puerto. La cuestión es si la máxima autoridad portuaria, el Presidente, puede hacer lo que quiera en ese espacio, abierto a la ciudadanía hace 15 años, sin consultar a nadie.
El artista: “Hay injurias”
Desde hace días, Venus y Neptuno aguardan en algún almacén del Puerto su turno para descubrirse al público. Se supone que será pronto, pero la Autoridad Portuaria no ha comunicado aún cuándo ocurrirá. Por ahora, una valla de obra que protege dos voluminosos pedestales cierra el paso franco en la entrada principal al Puerto de Málaga, en el extremo occidental del Paseo de los Curas, junto a la Plaza de la Marina y al lado de calle Larios.
Estos días el artista está enfadado. “Hay difamación e injurias, hacia el proyecto y hacia mí como artista, sin llamarme y sin ver las esculturas, y a pesar de mi trayectoria. Es infame”, protesta por teléfono. Se refiere a un comunicado de la Real Academia de Bellas Artes que prendió la mecha de la polémica, del que responsabiliza en exclusiva a su presidenta, Rosario Camacho, de quien pide la dimisión.
Hasta entonces, el proyecto había pasado desapercibido, apenas mencionado en un par de artículos de prensa de hace más de un año. Pero hace una semana se colocaron los dos inmensos pedestales y la Academia dio la voz de alarma con términos que dolieron en su orgullo. En el comunicado atribuía a sus esculturas un “pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente”, “más propio del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel que de una sincera recuperación del clasicismo desde la óptica contemporánea”.
A Serrán le ha dolido también las menciones posteriores a su “extraño currículum”: “Metiéndose en Google o la IA puede ver lo que he hecho yo. 250 individuales y colectivas en 23 países. Tengo la Llave de Oro de Miami, de Kentucky, he expuesto en Japón. Tengo la medalla de las artes de los Medici, soy embajador de las artes en Roma. Mis esculturas son un icono en Ceuta”, asegura: “Y no me ha llamado a mí, cuando tiene una miembra (sic) de la Academia que es de Ceuta y me conoce, porque fui su profesor de Dibujo en el instituto”.
Ginés Serrán, que hoy tiene 76 años, dice ser arqueólogo y antropólogo, además de artista. Nacido en Ceuta, ha residido durante décadas en Nueva York. Su obra escultórica se caracteriza por incorporar elementos que rompen el clasicismo de las piezas, y tiene como punto de inflexión 2007, cuando colocó 'Los Hércules y La Unión del Mundo', un conjunto de siete metros de altura y cuatro toneladas, en el puerto de su ciudad natal.
Cuenta que la idea para Málaga, con la que quiere homenajear a su padre, se lo ocurrió por casualidad en 2021, justo antes de una reunión con Carlos Rubio para el posible alquiler de un espacio museístico en el Palmeral. “Mientras esperaba, vi las cuatro columnas que hay en la entrada, y le comenté que a lo mejor el arquitecto pensaba poner algo arriba”. Así que fueron al archivo y vieron que, en efecto, así era. “Mira, si queréis os pongo algo, porque me gustaría que hubiera una huella de mi obra en Málaga. Me dijo: ”Es que tus obras son muy caras“, y yo le dije que se lo regalaba a la ciudad y al Puerto”.
70.000 euros de dinero público
Ha puesto mucho dinero de su bolsillo, asegura. La fundición en bronce en su estudio de Manchuria, al norte de China (“lo hago allí porque aquí costaría el triple”), la valora en cientos de miles de euros. El flete hasta Algeciras costó 15.000 euros; guardarlas allí hasta tener la aprobación del Puerto, otros 30.000; y traerlas en camión, el resto hasta 60.000. Las piezas, cedidas mediante un contrato de comodato, valen tres millones de euros, asegura. “Encima de todo esto, que sea la gente tan desagradecida…”.
Sin embargo, todo esto no sale gratis. La cimentación y colocación de los pedestales tendrá un coste de casi 70.000 euros de dinero público, que la Autoridad Portuaria abonará a la constructora Verosa, única licitante al concurso abierto el pasado mes de octubre.
Serrán dice que sólo aspira a que lo juzgue la gente, y acusa a los académicos de no representarse más que a sí mismos. Estos, en su manifiesto abierto al público, insisten en que las obras impugnan la política cultural de la ciudad, pues ninguno de los museos sobre los que ha configurado su identidad cultural (el Pompidou, el Picasso, el Thyssen, el Ruso) la acogerían: “Resultaría inconcebible”. Pero van más allá del cuestionamiento estético, y denuncian la falta de transparencia del proceso y su posible ilegalidad. El Ayuntamiento aún no ha aclarado si debe emitir licencia o no, por ser suelo portuario.
Ni seis meses, ni 25 años ni dos días, los “académicos” de Málaga no quieren esas piezas en ese sitio ni ahora ni nunca, y con su posicionamiento firme han marcado, esta vez, el debate ciudadano.
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