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¿Recuerdan esa imagen en algunas películas de dibujos animados en la que el protagonista tiene que elegir entre dos caminos para llegar a su meta? Suele representarse con un camino soleado con aspecto primaveral y otro oscuro que se parece más bien a Mordor. Así la disyuntiva está clara, aunque en el cine se dramatice un poco y los nervios del espectador sufran durante unos minutos. La cosa cambia cuando los dos caminos son Mordor y usted no es el espectador sino el resignado conductor que tiene que transitar alguno de esos caminos. Bienvenidos a las Cinco Villas.
Llegar hasta su capital, Ejea de los Caballeros, supone poner a prueba su pericia al volante, la calidad de los amortiguadores de su vehículo, su templanza ante la adversidad y, lo peor, las papeletas que posee para acabar protagonizando un accidente de tráfico. También es, desde hace años, un ejercicio de exploración comarcal, 'slow driving' forzado, turismo antibache. Uno va cambiando de opción para recorrer el camino que separa Ejea -y toda la redolada- de Zaragoza, con la ilusión de encontrar la carretera más 'decente' pero a estas alturas es imposible. Las dos autonómicas que pasan por Tauste o Zuera están, literalmente, hechas picadillo.
Por la comarca más extensa de Aragón no discurre ni un solo kilómetro de carretera nacional, ya no hablemos de autovía. Y dada la dejadez, da la impresión de que las carreteras autonómicas dependan de alguna administración remota. No hace falta explicar la cantidad de tráfico que pueden llevar las carreteras de una comarca en la que hay industria, agricultura, ganadería, turismo... y en la que, cada vez de forma más habitual, una consulta médica ordinaria acaba con un desplazamiento a la capital, a Zaragoza.
La zona sanitaria de Ejea está, utilizando el adjetivo con el que parece que la opinión pública ha dejado de estar en babia sobre lo que pasa en el medio rural, 'vaciada'. De 17 médicos que deberían atender a una población de más de 18.000 personas, ahora mismo hay 6 trabajando, es casi un tercio. Los profesionales hacen lo que pueden pero, obviamente, no dan abasto. Los vecinos protestan en la calle, cada semana, esperando que su grito de auxilio llegue a la misma administración remota que no parece conocer el estado de las carreteras.
Ni la falta de médicos ni el mal estado de la red viaria son exclusivos de las Cinco Villas. De carreteras intransitables saben mucho en Los Monegros, por ejemplo. Si uno atiende a las grandes apuestas del Gobierno autonómico, parece que se gobierne solo para Zaragoza y sus segundas residencias. Da la impresión de que el resto de Aragón, desde las Cinco Villas al Bajo Cinca, del Aranda al Jiloca o del Bajo Martín a La Litera, suene muy lejano en el Pignatelli. Quizá es que lo accesorio cubica más en votos que lo importante y lo estético sale más rentable que lo ético. Solo así se explica que a este paso vayamos a quedar todo pa yermos.