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Y ¿si no fuera solo fútbol?

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Tener un enemigo común suele ser una eficaz herramienta de cohesión social. La causa colectiva se impone sobre la diferencia y remar en la misma dirección parece ser lo único que tiene sentido. Es así desde que el mundo es mundo y ha sido así para ser campeones del mundo. Un grupo de ateos, católicos, musulmanes, blancos, negros, con ocho apellidos españoles –o con ninguno todavía–, de izquierdas y de derechas ha dejado a un lado sus diferencias para luchar por un objetivo común: ganar. Y con ellos un país.

Luis de la Fuente ha primado a las personas sobre los jugadores y al equipo sobre el individuo. De esa forma España se ha convertido en el mejor equipo del mundo. De la misma manera deberíamos comportarnos todos para hacer justicia a lo que somos: el mejor país del mundo. Hay ciertos valores que están y deben seguir estando por encima de las ideologías. El respeto al otro, el compañerismo, el bien común, la empatía… El fútbol nos ha unido con nuestros amigos frente a la pantalla. Nos ha hecho celebrar con desconocidos como si no lo fueran. ¿Y si hiciéramos de este éxtasis algo duradero?

El fútbol nunca es solo fútbol y entre las mil lecturas que nos ofrece me quedo con el “¿y por qué no?” de Laporte. Por qué no mirar a los migrantes como miramos a Williams o a Yamal. Por qué no ver en sus historias familiares la de tantas familias españolas que cruzaron el Atlántico, los Pirineos o se encaminaron a la ciudad para hacer exactamente lo mismo que sus padres. Por qué negar que la mezcla de culturas solo nos hace más ricos y que este país es lo que es precisamente por esa amalgama de culturas que lo caracteriza antes de que ni siquiera España fuese España.

En el mejor país del mundo parecemos empeñados siempre en enfrentarnos, en que cada idea sea opuesta a otra. O tú o yo. O lo tuyo o lo mío. Solemos hacer esto en las ideas generales y no tanto con las personas. Porque el otro nunca es tan diferente de nosotros como aparenta en la distancia. Nuestros amigos no tienen un único signo político, nuestros vecinos no siempre han nacido aquí. Lamine Yamal ha convertido en un símbolo de orgullo el código postal de Rocafonda. Su 304 no es menos que mi 50600.

Hace tiempo que el odio no es espontáneo. Formarse una opinión del mundo a través del sesgo de un algoritmo nos hace vulnerables y, sin duda, peores. Los discursos políticos empeñados en hacer nuestro mundo pequeño hacen que parezca que el otro no cabe. Pero no es cierto. España es esa sociedad solidaria que se moviliza al instante ante cualquier desgracia. Es ese equipo que ha conquistado el mundo siendo un grupo cohesionado, tratando a los rivales con respeto y poniendo empeño en hacer su trabajo de la mejor forma posible. España ha de mirarse en ese espejo. Al fin y al cabo, ¿no es el fútbol lo más importante de las cosas menos importantes? Pues sigamos su ejemplo que esta vez sí merece la pena.