Nazareth Rafales, emprendedora rural y repostera: “Quería cumplir mi sueño de niña y a los 46 años llegó mi momento”

Cuántas mujeres han pensado en un momento determinado de sus vidas “cuando mis hijos sean mayores haré, seré, intentaré…”. Nazareth Rafales tiene 48 años, y tenía ese pensamiento: “Siempre decía que cuando mis hijos fueran mayores intentaría dedicarme lo que me gusta”. Así, con sus hijos en una edad “menos dependiente”, y con muchas ganas de dar un nuevo aire a su vida, esta vecina de Santa Cilia de Jaca decidió en 2023 elaborar almendras garrapiñadas con una receta tradicional, porque su objetivo es “recuperar lo que comíamos antes y que ahora se está perdiendo”. 

A nadie le ha sorprendido que Nazareth se haya arremangado para elaborar almendras garrapiñadas porque lo venía anunciando desde que era una niña: “Me encantan, y cuando era pequeña sabía que, en algún momento de mi vida, haría mi receta”. Dicho y hecho, aunque con unas cuatro décadas de impasse

Hasta llegar a 2023, momento en el que por fin decide poner en marcha su emprendimiento de repostería Cachapa, Nazareth había regentado un bar de tapas y una administración de lotería en Nonaspe, su localidad natal. Sin embargo, algo no le encajaba: “Me iba muy bien laboralmente, pero mi hija tenía tres años y se estaba criando huérfana. No quería ese estilo de vida ni para ella ni para nosotros”, confiesa la repostera. Con el apoyo de su marido, ambos buscaron una alternativa laboral, ella dejó su trabajo, compraron una explotación de cerdos y así es como estos dos amantes del Pirineo llegaron a Santa Cilia de Jaca. 

Desde entonces han pasado 11 años y ninguno de los dos se arrepiente de haber tomado aquella decisión: “Mi marido había trabajado toda la vida en granjas, y yo decidí ponerme a ello también porque de esa forma podía dedicarles a mis hijos más tiempo”, apunta Nazareth. No obstante, la idea de poner en marcha su propio negocio no se le iba de la cabeza: “Vivimos de la granja, y tenemos muchísimo trabajo porque además es de madres, pero necesitaba darme la oportunidad de emprender haciendo lo que me apasiona”, reconoce la repostera.

Aunque son muchas las personas que le dicen que se “ha echado más trabajo a la espalda”, Nazareth, que no niega que en su vida a veces no hay un minuto de respiro, se siente realizada cada vez que pisa el obrador y se pone manos a la obra: “Es una sensación que no sé describir, solo sé que me evado de todo y me siento feliz, me sube la autoestima”, añade risueña. Asegura que trabajar bajo presión le gusta, y que en las épocas de “encargos fuertes” ha ido al obrador a trabajar de madrugada: “Aprovecho cuando tengo todo hecho en casa, y como en la granja me ocupo del papeleo, me organizo para sacar tiempo”. Entrar una noche a las diez y salir a las siete de la mañana de la sala de repostería. Una flexibilidad que otro empleo no le hubiera permitido y que la recompensa con dos cosas importantes para ella: “Soy dueña de mi tiempo y estoy siempre que mis hijos me necesitan sin tener que pedir permisos o dar explicaciones a nadie”. 

Recuperar las buenas costumbres y la buena mesa

Cachapa es el nombre por el que se conoce a las mujeres de Nonaspe, el pueblo natal de Nazareth: “Quería hacer honor a las mujeres de mi pasado, a las que nos lo enseñaron todo y nos han traído hasta aquí. Es una especie de homenaje a todas ellas”. La buena respuesta de la gente y haber encontrado un espacio que le ha dado facilidades en el primer tramo del camino que supone emprender en un negocio pequeño, han animado a la repostera a aumentar la variedad de dulces que elabora de forma artesanal y con ingredientes de proximidad, sumando a las almendras garrapiñadas en distintos formatos. La carta se completa con los famosos coquitos, las galletas de mantequilla, almendrados y mantecados.

Lo que según esta emprendedora hace diferente a su repostería de otras es el trabajo de recuperación de recetas antiguas que hay detrás: “Algunas personas me han cedido las recetas de sus familias para que no se pierdan”, confiesa Nazareth. Una de las más especiales es la que le confió la tía de su marido que, a sus 90 años de edad, le ha regalado la receta de tortas de alma que ha ido pasando de generación en generación. 

En estos dos años, Nazareth ha ido alcanzando algunos de los objetivos que tiene marcados en su agenda, pero todavía quedan muchos por lograr. Uno de ellos es poder elaborar sus recetas con productos de proximidad. Ya emplea algunos, como la harina de almendra hecha con las almendras de la explotación familiar: “Pero, además, me gustaría llegar a hacer mis garrapiñadas con las almendras de nuestro campo. Sin embargo, por el momento, estoy buscando la fórmula porque las máquinas para abrirlas son caras y la que tengo rompe mucho el producto. Pero el momento llegará”, confía la repostera. 

A pesar de llevar en activo desde 2023 y de no hacer venta directa, los productos de Cachapa se pueden encontrar en los Hipermercados oscenses de Cabrero e Hijos, en numerosos establecimientos locales de Aragón, en Barcelona, en el Monasterio de San Juan de la Peña y hasta en la cadena Eroski. El secreto según Nazareth es: “Creer en tu producto”, porque cuando lo vendes con pasión, eso se trasmite al comprador. No obstante, hasta llegar a los lineales de los supermercados la repostera tuvo que hacer una importante labor de investigación: “Elaboré un listado de lugares donde creía que mis productos se podían vender, después hice muchas llamadas de teléfono, y envié muestras para que los pudieran probar”, recuerda. Una labor que sigue haciendo, aunque a otra escala. 

Además de los encargos más grandes, Nazareth también hace trabajos más pequeños, se trata de pedidos para celebraciones, bautizos, bodas: “Ahora estoy terminando uno de saquitos de almendras garrapiñadas como detalle para una comunión, en lugar de las típicas peladillas”. 

Nazareth no siempre está sola en el trabajo, además de contar con el apoyo de otros emprendedores que hacen uso de las instalaciones del vivero de empresas en el que está ubicada: “Tengo a una chica contratada a 20 horas, y trabaja conmigo principalmente cuando nos llegan picos de producción”, explica Nazareth. Y así, aunque de manera temporal, gracias a su emprendimiento esta repostera de Santa Cilia de Jaca ha empezado a crear puestos trabajo.

“Tener un espacio acondicionado donde empezar, ayuda, y mucho” 

Nazareth Rafales es usuaria de una de las seis salas que ofrece el Vivero de empresas que Adecuara, la de repostería. “Tengo horno, mesas de trabajo, bandejas, y todo lo que necesito para preparar mis productos”, explica la repostera, que conoció el obrador de Jaca a través de una amiga: “Cuando vi cómo estaba equipado y el coste por su uso pensé que esta era una buena oportunidad, y me animé a probar. Es económico para empezar, te orientan sobre el negocio, y no tienes que hacer un gran desembolso de entrada, porque ¿y si luego esto no funciona o no te gusta?, al menos, no pierdes”, reconoce.

El proyecto de este centro de emprendimiento nació hace una década, de la mano del grupo de Acción Local Adecuara, siglas de Asociación para el Desarrollo Integral de la Cuna de Aragón. Las instalaciones ofrecen espacios totalmente equipados en Biescas y en Jaca donde, como explica la gerente, Elena Abós, los emprendedores agroalimentarios pueden “probar la aceptación de su producto en el mercado antes de hacer una inversión de una cuantía económica importante como la que conlleva un obrador”. En diez años han pasado por el centro 30 emprendimientos aragoneses, de los que 17 siguen en activo. De estos últimos, ocho continúan en el centro y nueve han dado el salto y han puesto en marcha sus propias instalaciones. 

Nazareth es una de las emprendedoras que siguen trabajando en este vivero, y por el momento, no piensa marcharse. El hecho de tener un lugar físico, como ya ha explicado, ayuda porque las emprendedoras como ella suelen lanzarse con ahorros propios y haciendo antes muchas, muchísimas cuentas. La parte más compleja de su negocio es la burocracia. “Me piden los mismos requisitos que a una empresa comercializadora grande, y eso supone papeleo y más papeleo, muy complejo, además de numerosas inspecciones de sanidad, registro, envasado, y un largo etcétera”, y es que cumplir con una normativa tan exigente es un problema para las pequeñas empresas y para las autónomas, como Nazareth, especialmente si hacen transformación agroalimentaria. 

Esta repostera que empezó a los 46 años, y que ya lleva dos de recorrido, ha contado en todo momento con el apoyo de su marido, en cambio, reconoce que, a veces, el resto de la familia o personas cercanas: “No entienden por qué dejas un trabajo que funciona para montarte una granja, y menos aún que, años después además te pongas a elaborar repostería”. Una historia que se repite en la mayoría de casos de emprendimiento, en especial, si la que da el paso al frente es una mujer. 

A pesar de todo, la creadora de Cachapa se siente orgullosa de haber apostado por ella y por su sueño. Reconoce que años atrás no hubiera podido hacerlo: “Primero porque mis hijos eran pequeños, y segundo porque no lo hubiera disfrutado”, y anima a que las mujeres que tienen una idea en mente la lleven a cabo, independientemente de su edad: “Yo empecé con 46 años porque ese era mi momento”.