Alejandro Blanco, Javier Lambán y la cronología de un olímpico desencuentro

Miguel Barluenga

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Desde la presentación de la candidatura en solitario de Catalunya para organizar los Juegos Olímpicos de invierno de 2030 al intento de trabar un proyecto conjunto con Aragón para terminar saltando todo por los aires han transcurrido tres años y medio y un nombre aglutina elogios y culpas: el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco. Los ecos del presunto favoritismo que mantuvo con la Generalitat y las furibundas críticas que se ha intercambio con el Ejecutivo que presiden Javier Lambán aún resuenan y el epílogo está por escribirse. Seguramente, con proyectos independientes a partir de 2034.

Lambán defiende la postura de Aragón en la candidatura a los Juegos de Invierno y culpa al presidente del COE del fracaso

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Blanco, de 71 años, preside el COE desde 2005, fue yudoca en su juventud y cuenta con un buen cartel en la organización olímpica. De hecho, ha sido citado en varias ocasiones para mediar en conflictos entre comités de diferentes países. Padre de la candidatura fallida de Madrid 2020, la polémica con los Juegos de invierno de 2030 ha manchado la que puede ser la parte final de su travesía en el cargo entre acusaciones de corrupción que el organismo que preside y él mismo han negado.

El Confidencial publicó que Blanco habría negociado en secreto la candidatura conjunta con el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, y un alto cargo de los posteriores gobiernos de Quim Torra y Pere Aragonès que está imputado en varios casos de corrupción. Además, en la reunión celebrada en noviembre de 2019 habría pedido 400.000 euros para hacer contrataciones “opacas”, todo ello en el marco de fondo de un momento álgido del independentismo catalán por las protestas por las condenas a las caras más visibles del ‘Procès’.

Alejandro Blanco replicó que había mantenido reuniones, públicas y privadas, con responsables políticos, agentes sociales, empresariales y sindicales de Catalunya y Aragón, sin haber percibido ni reclamado “subvención o cantidad alguna por las gestiones realizadas para la citada candidatura”. El ex secretario de Deportes de la Generalitat de Catalunya, Gerard Figueras, añadió que el COE “nunca pidió ni un solo euro a la Generalitat. Ni uno”. Esos 400.000 euros se referirían “al importe que, desde la Generalitat, comentamos podríamos intentar presupuestar para el 2020, en el caso de que se tuviera que ir a los Juegos de Tokio 2020 a promocionar la candidatura, cosa que nunca se produjo”.

Fuego cruzado

Al margen de esta presunta irregularidad, el fuego cruzado entre Lambán y Blanco no ha cesado en las últimas semanas. En una entrevista concedida a ABC, el pasado 27 de junio, el presidente del COE acusió al mandatario aragonés de usar “el insulto y la mentira” para lograr sus fines. Lejos quedaban los buenos deseos mostrados, sin ir más lejos, en el mes de mayo, cuando ya habían saltado las diferencias entre Catalunya y Aragón y el COE abogaba por alcanzar un consenso y avanzar en la candidatura conjunta “en tiempos rápidos porque las otras candidaturas ya están mucho más avanzadas que nosotros. Entonces hay que retomar el diálogo con quien quiera participar”.

Lambán sintetizó su postura tras conocer esa presunta reunión secreta COE-Generalitat. Definió a Blanco como un “aliado de los independentistas” en el asunto de los Juegos. Las informaciones, “dejan al COE en una situación muy delicada, sumido en nubes de opacidad, duda y sospechas de corrupción. De hecho, deberían tomar medidas sobre su continuidad, porque es un presidente que, además, en el asunto de los Juegos, ha actuado siempre en favor de una comunidad, Catalunya, y en detrimento de otra, Aragón”.

Otro punto oscuro de esta serie de desencuentros residió en la que Aragón denunció como una “manipulación” de unos sonidos grabados en las reuniones técnicas entre las candidaturas que e habrían editado de manera que refrendarán las tesis de la candidatura catalana en lo referido al reparto de pruebas, uno de los puntos principales que provocaron la ruptura del acuerdo antes de nacer.

Al hilo de estos audios se podía concluir que en el sexto y último encuentro que tuvo lugar en marzo los representantes aprobaron el reparto de 54 pruebas para Aragón (esquí de fondo, biatlón, curling, velocidad sobre hielo y patinaje artístico) y 42 para Catalunya (esquí alpino, snowboard, freestyle, esquí de montaña, y hockey sobre hielo). Javier Lambán lo descartó por considerarlo “injusto” y reclamó dividir el esquí alpino por géneros: el femenino en un territorio y el masculino en otro.

El proyecto olímpico partió de Catalunya de manera oficial a finales de 2018 y Aragón se sumó en  noviembre de 2021. En enero de este año ya afloraron las primeras diferencias al sentirse la comunidad autónoma presidida por Javier Lambán desplazada a un segundo plano. Los intentos de reconducir la situación por parte del COE y del ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, de poco sirvieron una vez que esos criterios diferentes pasaron de la diferencia teórica a la descalificación personal. Una y otra se han dado un plazo prudencial, hasta después del verano, para impulsar sus respectivas, nuevas y separadas candidaturas para 2034.

Desde la presentación de la candidatura en solitario de Catalunya para organizar los Juegos Olímpicos de invierno de 2030 al intento de trabar un proyecto conjunto con Aragón para terminar saltando todo por los aires han transcurrido tres años y medio y un nombre aglutina elogios y culpas: el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco. Los ecos del presunto favoritismo que mantuvo con la Generalitat y las furibundas críticas que se ha intercambio con el Ejecutivo que presiden Javier Lambán aún resuenan y el epílogo está por escribirse. Seguramente, con proyectos independientes a partir de 2034.

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Blanco, de 71 años, preside el COE desde 2005, fue yudoca en su juventud y cuenta con un buen cartel en la organización olímpica. De hecho, ha sido citado en varias ocasiones para mediar en conflictos entre comités de diferentes países. Padre de la candidatura fallida de Madrid 2020, la polémica con los Juegos de invierno de 2030 ha manchado la que puede ser la parte final de su travesía en el cargo entre acusaciones de corrupción que el organismo que preside y él mismo han negado.

El Confidencial publicó que Blanco habría negociado en secreto la candidatura conjunta con el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, y un alto cargo de los posteriores gobiernos de Quim Torra y Pere Aragonès que está imputado en varios casos de corrupción. Además, en la reunión celebrada en noviembre de 2019 habría pedido 400.000 euros para hacer contrataciones “opacas”, todo ello en el marco de fondo de un momento álgido del independentismo catalán por las protestas por las condenas a las caras más visibles del ‘Procès’.

Alejandro Blanco replicó que había mantenido reuniones, públicas y privadas, con responsables políticos, agentes sociales, empresariales y sindicales de Catalunya y Aragón, sin haber percibido ni reclamado “subvención o cantidad alguna por las gestiones realizadas para la citada candidatura”. El ex secretario de Deportes de la Generalitat de Catalunya, Gerard Figueras, añadió que el COE “nunca pidió ni un solo euro a la Generalitat. Ni uno”. Esos 400.000 euros se referirían “al importe que, desde la Generalitat, comentamos podríamos intentar presupuestar para el 2020, en el caso de que se tuviera que ir a los Juegos de Tokio 2020 a promocionar la candidatura, cosa que nunca se produjo”.

Fuego cruzado

Al margen de esta presunta irregularidad, el fuego cruzado entre Lambán y Blanco no ha cesado en las últimas semanas. En una entrevista concedida a ABC, el pasado 27 de junio, el presidente del COE acusió al mandatario aragonés de usar “el insulto y la mentira” para lograr sus fines. Lejos quedaban los buenos deseos mostrados, sin ir más lejos, en el mes de mayo, cuando ya habían saltado las diferencias entre Catalunya y Aragón y el COE abogaba por alcanzar un consenso y avanzar en la candidatura conjunta “en tiempos rápidos porque las otras candidaturas ya están mucho más avanzadas que nosotros. Entonces hay que retomar el diálogo con quien quiera participar”.

Lambán sintetizó su postura tras conocer esa presunta reunión secreta COE-Generalitat. Definió a Blanco como un “aliado de los independentistas” en el asunto de los Juegos. Las informaciones, “dejan al COE en una situación muy delicada, sumido en nubes de opacidad, duda y sospechas de corrupción. De hecho, deberían tomar medidas sobre su continuidad, porque es un presidente que, además, en el asunto de los Juegos, ha actuado siempre en favor de una comunidad, Catalunya, y en detrimento de otra, Aragón”.

Otro punto oscuro de esta serie de desencuentros residió en la que Aragón denunció como una “manipulación” de unos sonidos grabados en las reuniones técnicas entre las candidaturas que e habrían editado de manera que refrendarán las tesis de la candidatura catalana en lo referido al reparto de pruebas, uno de los puntos principales que provocaron la ruptura del acuerdo antes de nacer.

Al hilo de estos audios se podía concluir que en el sexto y último encuentro que tuvo lugar en marzo los representantes aprobaron el reparto de 54 pruebas para Aragón (esquí de fondo, biatlón, curling, velocidad sobre hielo y patinaje artístico) y 42 para Catalunya (esquí alpino, snowboard, freestyle, esquí de montaña, y hockey sobre hielo). Javier Lambán lo descartó por considerarlo “injusto” y reclamó dividir el esquí alpino por géneros: el femenino en un territorio y el masculino en otro.

El proyecto olímpico partió de Catalunya de manera oficial a finales de 2018 y Aragón se sumó en  noviembre de 2021. En enero de este año ya afloraron las primeras diferencias al sentirse la comunidad autónoma presidida por Javier Lambán desplazada a un segundo plano. Los intentos de reconducir la situación por parte del COE y del ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, de poco sirvieron una vez que esos criterios diferentes pasaron de la diferencia teórica a la descalificación personal. Una y otra se han dado un plazo prudencial, hasta después del verano, para impulsar sus respectivas, nuevas y separadas candidaturas para 2034.

Desde la presentación de la candidatura en solitario de Catalunya para organizar los Juegos Olímpicos de invierno de 2030 al intento de trabar un proyecto conjunto con Aragón para terminar saltando todo por los aires han transcurrido tres años y medio y un nombre aglutina elogios y culpas: el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco. Los ecos del presunto favoritismo que mantuvo con la Generalitat y las furibundas críticas que se ha intercambio con el Ejecutivo que presiden Javier Lambán aún resuenan y el epílogo está por escribirse. Seguramente, con proyectos independientes a partir de 2034.

Lambán defiende la postura de Aragón en la candidatura a los Juegos de Invierno y culpa al presidente del COE del fracaso

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Blanco, de 71 años, preside el COE desde 2005, fue yudoca en su juventud y cuenta con un buen cartel en la organización olímpica. De hecho, ha sido citado en varias ocasiones para mediar en conflictos entre comités de diferentes países. Padre de la candidatura fallida de Madrid 2020, la polémica con los Juegos de invierno de 2030 ha manchado la que puede ser la parte final de su travesía en el cargo entre acusaciones de corrupción que el organismo que preside y él mismo han negado.