Enfermero en primera línea de la COVID-19, un mes después: "Ha sido agotador, pero también emocionante por cómo hemos tratado la soledad de los pacientes"

Personal de enfermería en el Clínico de Zaragoza.

Ha pasado más de un mes desde que un enfermero del Hospital Clínico de Zaragoza contaba a eldiario.es Aragón que el centro estaba "abrumado" y llegaban nuevos casos "sin parar". Hoy, la planta en la que trabaja este sanitario, que de un día para otro pasó a atender a enfermos con la COVID-19, va a volver a la normalidad. En la actualidad, este hospital registra 97 ingresos con coronavirus, de los cuales ocho están en UCI; el 1 de abril, eran 215 los pacientes ingresados con la enfermedad, con 45 en UCI. Aquel día había 452 casos confirmados entre profesionales sanitarios; hoy hay acumulados 854.

"Ha sido agotador y emocionante", hace balance el mismo enfermero, que prefiere mantenerse en el anonimato. "Acabábamos agotados y con unos dolores de cabeza tremendos tras horas con los equipos de protección puestos", desarrolla, "pero también era emocionante, porque hemos tenido que afrontar otra de las consecuencias de esta enfermedad, la soledad". Así, explica, "entre todos los tratamientos que administrábamos a los pacientes, uno de ellos era paliar su soledad, ya que en este sentido es una enfermedad muy cruel".

Las enfermeras del Clínico han luchado contra este otro enemigo con una tableta, con la que ayudaban a los más mayores a hacer videollamadas a sus familias: "Entrabas en su casa, porque al otro lado de la pantalla estaban sus hijos y nietos; ha sido lo más bonito", relata. Con eso, asegura, "también hemos combatido la desorientación habitual que viven los mayores cuando entran en un hospital, que por las características de la enfermedad se ha agravado en muchos casos".

Durante estas últimas cinco semanas, este sanitario ha superado con éxito la prueba de la COVID-19. El miedo al contagio ha estado siempre ahí, a pesar de que "las supervisoras han hecho todo lo posible y más para que tuviéramos equipos de protección". Fueron precisamente ellas las que, cuenta, dieron aviso cuando detectaron una partida de mascarillas que no cumplían con los requisitos de seguridad, de las que él se libró "porque estiré el uso de la que llevaba un día más, pero en mi planta la mitad de las auxiliares la llevaron y tuvieron que hacerse las pruebas PCR".

Sobre los contagios entre personal sanitario dentro del hospital, cuenta que "curiosamente, donde más se han producido ha sido en las plantas libres de la COVID-19; siempre se colaba algún paciente sin síntomas que de repente daba positivo", después de haber sido atendido ya por médicos y enfermeros. Precisa, en todo caso, que a los casos sospechosos "se les han hecho por lo menos dos veces las pruebas PCR para asegurarse, y a veces también test rápidos".

El aplanamiento y descenso de la curva de la pandemia ha tenido su mejor marcador en las camas hospitalarias ocupadas. "Se ha notado una barbaridad, tanto en planta como en UCI; sobre todo en estas últimas, donde llegó a estar todo lleno, incluidas las que se habilitaron en salas de reanimacion y quirófano". El perfil de los pacientes, desde su experiencia personal, le ha demostrado que "esta no es una enfermedad solo de personas mayores".

Después de lo vivido, este enfermero considera que no hay que relajarse: "Cuando veo que la gente ya se reúne en la calle me parece alucinante; el buen tiempo y la sensación de que esto ya ha pasado a nosotros nos aterra. Tememos que en verano haya un repunte". De nuevo, agradece el apoyo de la ciudadanía: "Nos han donado batas, mascarillas, equipos de protección...", y destaca la implicación del personal de refuerzo, "gente joven con muchas ganas".

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