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Opinión - Difusores de bulos, acreditados como prensa, por Rosa María Artal

Tocilandia se desboca: una macrogranja generará 20.000 litros diarios de purín junto a un pueblo con el río y el acuífero contaminados

En Villarroya del Campo, un pueblo de 90 habitantes del Campo de Daroca, les cuesta creer que el Gobierno de Aragón esté tramitando el proyecto para instalar en su término una macrogranja con capacidad para 4.848 cerdos de engorde y, en consecuencia, capaz de generar diariamente en torno a 20.000 litros de purines, más de siete millones al cabo del año.

Sabiñánigo tampoco quiere ser 'tocilandia': limitará las macrogranjas de cerdos tras una moratoria

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La granja, de la que el Inaga (Instituto Aragonés de Garantía Ambiental) está tramitando la autorización ambiental integrada y la evaluación de impacto ambiental de la explotación, de obtener los permisos se situará en una parcela del vecino término de Retascón ubicada a menos de 800 metros de la linde entre los dos municipios.

Los vecinos se muestran inquietos ante los efectos de la puesta en marcha de una instalación de esas dimensiones, ya que llevan años sufriendo las consecuencias del exceso de nitratos que se deriva de la sobreexplotación agrícola y ganadera de la zona: pasaron cerca de un año, entre 2018 y 2019, sin poder beber agua del grifo ya que la presencia de esos residuos superaba los 50 miligramos por litro en los que se sitúa la barrera oficial de la potabilidad.

La Diputación Provincial de Zaragoza acabó instalando en apenas tres meses, y cuando ya llevaban nueve de restricciones, una potabilizadora que permitió reanudar el suministro.

Un problema de contaminación más estructural que coyuntural

Esa obra, no obstante, llegó después de que, al ir a buscar un emplazamiento alternativo a la toma tradicional del arroyo de Valdesauco, los vecinos de Villarroya del Campo se encontraran con la 'prueba del nueve' del grado de contaminación que padecen las aguas del pueblo: el pozo abierto a más de medio kilómetro del pueblo con una profundidad de cien metros tuvo que ser descartado como fuente alternativa ya que allí la presencia de los nitratos alcanzaba los 43 miligramos por litro.

Esos niveles revelan que la contaminación, procedente de la gestión de los residuos de las granjas de cerdos y de pollos de la zona y de la utilización de productos químicos en los campos, tiene un carácter estructural que la hace inservible para el consumo humano durante un largo periodo de tiempo.

La toma de agua original, en la que se superaban con frecuencia los 50 miligramos por litro, estaba a una profundidad de diez metros, algo que, combinado con el resultado de la toma descartada, también apunta a una contaminación más estructural que coyuntural y hace temer que la intensidad del acuífero pueda seguir aumentando si los nitratos continúan filtrándose desde capas superiores.

"Sufrimos las consecuencias de la actividad ganadera en otras zonas"

"No hay ni una sola granja en todo el término municipal, pero sufrimos las consecuencias de la actividad ganadera que se da en otras zonas de la comarca" como Nombrevilla y Romanos, explican fuentes vecinales. Esas escorrentías van a parar al mismo cauce que discurre por Villarroya del Campo y al acuífero que se extiende bajo la zona.

Se trata de un área oficialmente declarada como saturada de nitratos, lo que conlleva restricciones para el despliegue de nuevas actividades ganaderas pero no su prohibición, algo que sí ha ocurrido ya en una docena de municipios aragoneses, entre ellos los cercanos Mainar y Villarreal de Huerva, situados a apenas media docena de kilómetros.

"En el término no hay vertidos porque no hay granjas, pero si los purines van a parar a la zona de cabecera del arroyo estamos en las mismas", explican fuentes vecinales, que recuerdan cómo antes de la puesta en marcha de la potabilizadora por vía de urgencia era relativamente frecuente no poder utilizar el agua del grifo para consumo humano al irse detectando picos de nitratos. 

"Estuvo ocurriendo durante años", señalan, un dato que confirman los informes de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón.

En Villarroya del Campo, un pueblo de 90 habitantes del Campo de Daroca, les cuesta creer que el Gobierno de Aragón esté tramitando el proyecto para instalar en su término una macrogranja con capacidad para 4.848 cerdos de engorde y, en consecuencia, capaz de generar diariamente en torno a 20.000 litros de purines, más de siete millones al cabo del año.

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La granja, de la que el Inaga (Instituto Aragonés de Garantía Ambiental) está tramitando la autorización ambiental integrada y la evaluación de impacto ambiental de la explotación, de obtener los permisos se situará en una parcela del vecino término de Retascón ubicada a menos de 800 metros de la linde entre los dos municipios.

Los vecinos se muestran inquietos ante los efectos de la puesta en marcha de una instalación de esas dimensiones, ya que llevan años sufriendo las consecuencias del exceso de nitratos que se deriva de la sobreexplotación agrícola y ganadera de la zona: pasaron cerca de un año, entre 2018 y 2019, sin poder beber agua del grifo ya que la presencia de esos residuos superaba los 50 miligramos por litro en los que se sitúa la barrera oficial de la potabilidad.

La Diputación Provincial de Zaragoza acabó instalando en apenas tres meses, y cuando ya llevaban nueve de restricciones, una potabilizadora que permitió reanudar el suministro.

Un problema de contaminación más estructural que coyuntural

Esa obra, no obstante, llegó después de que, al ir a buscar un emplazamiento alternativo a la toma tradicional del arroyo de Valdesauco, los vecinos de Villarroya del Campo se encontraran con la 'prueba del nueve' del grado de contaminación que padecen las aguas del pueblo: el pozo abierto a más de medio kilómetro del pueblo con una profundidad de cien metros tuvo que ser descartado como fuente alternativa ya que allí la presencia de los nitratos alcanzaba los 43 miligramos por litro.

Esos niveles revelan que la contaminación, procedente de la gestión de los residuos de las granjas de cerdos y de pollos de la zona y de la utilización de productos químicos en los campos, tiene un carácter estructural que la hace inservible para el consumo humano durante un largo periodo de tiempo.

La toma de agua original, en la que se superaban con frecuencia los 50 miligramos por litro, estaba a una profundidad de diez metros, algo que, combinado con el resultado de la toma descartada, también apunta a una contaminación más estructural que coyuntural y hace temer que la intensidad del acuífero pueda seguir aumentando si los nitratos continúan filtrándose desde capas superiores.

"Sufrimos las consecuencias de la actividad ganadera en otras zonas"

"No hay ni una sola granja en todo el término municipal, pero sufrimos las consecuencias de la actividad ganadera que se da en otras zonas de la comarca" como Nombrevilla y Romanos, explican fuentes vecinales. Esas escorrentías van a parar al mismo cauce que discurre por Villarroya del Campo y al acuífero que se extiende bajo la zona.

Se trata de un área oficialmente declarada como saturada de nitratos, lo que conlleva restricciones para el despliegue de nuevas actividades ganaderas pero no su prohibición, algo que sí ha ocurrido ya en una docena de municipios aragoneses, entre ellos los cercanos Mainar y Villarreal de Huerva, situados a apenas media docena de kilómetros.

"En el término no hay vertidos porque no hay granjas, pero si los purines van a parar a la zona de cabecera del arroyo estamos en las mismas", explican fuentes vecinales, que recuerdan cómo antes de la puesta en marcha de la potabilizadora por vía de urgencia era relativamente frecuente no poder utilizar el agua del grifo para consumo humano al irse detectando picos de nitratos. 

"Estuvo ocurriendo durante años", señalan, un dato que confirman los informes de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón.

En Villarroya del Campo, un pueblo de 90 habitantes del Campo de Daroca, les cuesta creer que el Gobierno de Aragón esté tramitando el proyecto para instalar en su término una macrogranja con capacidad para 4.848 cerdos de engorde y, en consecuencia, capaz de generar diariamente en torno a 20.000 litros de purines, más de siete millones al cabo del año.

Sabiñánigo tampoco quiere ser 'tocilandia': limitará las macrogranjas de cerdos tras una moratoria

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La granja, de la que el Inaga (Instituto Aragonés de Garantía Ambiental) está tramitando la autorización ambiental integrada y la evaluación de impacto ambiental de la explotación, de obtener los permisos se situará en una parcela del vecino término de Retascón ubicada a menos de 800 metros de la linde entre los dos municipios.

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8 de agosto de 2021 - 21:36 h