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Tres meses de juicio al procés, y la sentencia en verano

El exvicepresident Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

El juicio al procés en el Tribunal Supremo está a punto de comenzar. Lo hará un martes, en breve. Probablemente, el martes 5 de febrero próximo. Celebrará sesiones de mañana y de tarde tres días por semana: martes, miércoles y jueves. La previsión es que dure unos tres meses, quizás algo menos. Probablemente concluya a finales de abril o primeros de mayo, pero la sentencia le llevará al tribunal su tiempo, casi tanto como la vista. En ningún caso habrá sentencia antes de las elecciones -en principio europeas, autonómicas y municipales- previstas para el domingo 26 de mayo. No se quiere que el fallo del tribunal, sea el que sea, influya en las urnas.

Fecha tentativa de la sentencia: en julio, quizás en la segunda quincena, ya metida media España en sus vacaciones veraniegas. ¿Habrá alguna absolución o solo condenas? Si condenas, ¿por delitos muy graves -rebelión, sedición-, por delitos menos graves -conspiración para la rebelión- o por delitos menores -desórdenes públicos, desobediencia-? Todo está por ver. "Quien crea que la sentencia ya está decidida e incluso escrita, antes de empezar la vista, está muy equivocado", comenta un jurista que conoce muy bien la causa. Y también: "La Fiscalía se enfrenta a un extraordinario reto probatorio".

Esta misma semana, el tribunal va a decidir algunas cuestiones relevantes. Entre ellas, fijar la fecha concreta del comienzo de la vista, para que de la mejor manera posible el Ministerio del Interior prepare y disponga con la Generalitat de Catalunya el desplazamiento de los procesados desde las cárceles catalanas donde se encuentran hasta prisiones cercanas Madrid, y determinar a qué testigos se llama y a cuáles no.

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Tsunami o suflé de las derechas, con Cataluña al fondo

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El president de la Generalitat, Quim Torra, en una imagen de archivo.

Las encuestas de estas primeras semanas del año, de los mismos institutos demoscópicos que no vieron venir en Andalucía hace poco más de un mes el alud de votos a Vox y que ahora auguran un tsunami de millones de votos y varias docenas de escaños para la formación de ultraderecha en unas hipotéticas elecciones generales y una clara hegemonía de las derechas, están levantando una tensa expectativa en los distintos ámbitos políticos.

¿Hay que tomarse en serio esas encuestas? ¿Se cumplirán esos pronósticos cuando realmente se celebren las elecciones? ¿Son fiables esos diagnósticos y pronósticos? ¿Hay en algunas de esas encuestas, sobre todo en la intención de los que las encargan e influyen en su cocina, un afán principal de influir en el electorado más que un intento honrado de detectar y retratar sus intenciones de voto? Si la tendencia es lo que parece, ¿tiene la izquierda que resignarse a un nuevo ciclo electoral o dispone de algún mecanismo o alguna clave para impedirlo? ¿Por qué está desactivada una parte del electorado progresista? ¿Cuánto influye Cataluña en las grandes corrientes de intención de voto? He trasladado estas preguntas a un puñado de dirigentes de los diferentes partidos. La semana pasada hacía en estas Crónicas del poder un prólogo a estas preguntas con algunas mías de tipo técnico. Hoy recojo las respuestas más significativas de los que han contestado a mis pesquisas. A todos ellos les garanticé el anonimato, para que se sintieran más libres al analizar y opinar.

"Sí", contesta contundente una de las principales y más libres voces de Podemos a la pregunta de si se cree las encuestas que dan una gran subida a Vox, una suma de más del 50% de los votos a los tres partidos de la derecha (PP, Ciudadanos y Vox) y una mayoría clara de estos en el Congreso.

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El tsunami de las derechas será... o no será

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Los dirigentes de Vox celebrando los resultados de las elecciones en Andalucía.

Un mes después de que sus encuestas apenas vieran venir el alud de votos a Vox en Andalucía, varios institutos demoscópicos ven ahora un tsunami de millones de votos y docenas de escaños para el partido de extrema derecha en las próximas elecciones generales pese a que éstas aún no han sido convocadas. Según algunos de estos institutos, la formación liderada por Santiago Abascal superaría con creces el porcentaje de votos que sacó en las elecciones andaluzas (10,97%), se acercaría al medio centenar de diputados en el Congreso y, lo que sorprende aún más, la fragmentación del voto de derechas no sólo no debilitaría a estas sino que la suma de las tres formaciones de ámbito estatal de esa parte del arco ideológico (PP, Ciudadanos y Vox) sacaría más de diez puntos porcentuales a las de izquierdas (PSOE y Unidos Podemos) y se harían con el poder con una mayoría amplísima. El nuevo mapa se presenta además en estos sondeos como una realidad incontrovertible, incuestionable. Casi como una verdad revelada, fuera de toda duda o análisis.

¿Será así? ¿Hay que creerse todo esto? ¿Son fiables esos diagnósticos y esos pronósticos? ¿Hay alguna clave que se pueda activar desde la izquierda para evitarlo? ¿Por qué está desmovilizado el voto de parte del electorado progresista? ¿Cuánto influye Cataluña en las grandes corrientes de intención de voto? He trasladado esas preguntas a un puñado de dirigentes de los diferentes partidos, en todos los casos a los más reflexivos y los menos sesgados. En la próxima entrega de estas Crónicas del poder, la de la próxima semana, resumiré las respuestas. Hoy adelantaremos nada más algunos asuntos técnicos.

Un apunte previo, en forma de pregunta a los directivos del sector demoscópico. ¿Por qué se está perdiendo entre algunos de ustedes la buena costumbre de publicar con cada sondeo su ficha técnica? El público tiene derecho a saber el ámbito, el universo, el tamaño, los puntos y las fechas de la muestra, el procedimiento y el error muestral, la ponderación... Si los datos que se ofrecen son de voto directo o de voto cocinado, y si fuera esto último qué fórmula aplicó el cocinero y si se la cocinó él solo, en su laboratorio y con su ciencia, o si lo hizo acompañado o asistido por otros, por ejemplo el cliente que le encargó el trabajo, por lo general un medio de comunicación con su propia querencia e interés ideológicos. Incluso, si no es mucho pedir, al público debería decírsele si todo lo que se publica es todo lo que se preguntó, o si algunas preguntas y sus respuestas no se le facilitan al público general y se le han dado solo al cliente que encargó la encuesta, y por qué razón.

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El optimismo de Sánchez sobre los Presupuestos se extiende a sus ministros

Pedro Sánchez en La Moncloa

La Copa de Navidad del Palacio de la Moncloa es un clásico madrileño de las relaciones entre políticos y periodistas. Entre los primeros, solo los del Gobierno de turno, con el presidente a la cabeza. Entre los segundos, de todos los medios, de todos los pelajes, y tanto redactores de a pie como jefes medios o directores.

La recepción la convoca el presidente, Pedro Sánchez en este caso, "y en su nombre la ministra Portavoz y el secretario de Estado de Comunicación". No se pasa lista, pero casi. Y eso hace que tanto con José Luis Rodríguez Zapatero como con Mariano Rajoy como con Sánchez (a las de José María Aznar este cronista no asistía), los miembros del Ejecutivo acudan disciplinados a departir de modo distendido con los informadores en diferentes corros y por espacio de unas dos horas. Esta vez, solo se ha echado en falta a cuatro miembros del Consejo: Carmen Calvo, Josep Borrell, José Luis Ábalos y Margarita Robles. Los cuatro, según contaban altos funcionarios de La Moncloa, tenían otras obligaciones oficiales que atender.  

"Es la primera y será la última Copa de Navidad de Pedro Sánchez como presidente". Esta era una de las opiniones dominantes en los corrillos de la recepción, este lunes. Los muchos que hacían tal pronóstico lo basaban en mil razones: los resultados de las recientes elecciones andaluzas, las últimas encuestas, la situación en Catalunya, la pujanza de las derechas, las debilidades de las izquierdas, las dos últimas semanas horribilis del Gobierno, las incertidumbres sobre el Consejo de Ministros del próximo viernes en Barcelona... 

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Sánchez, dispuesto a sacar los Presupuestos y a agotar la legislatura

Pedro Sánchez en la puerta del palacio de la Moncloa

Pese a las dudas que han suscitado, incluso en sus propias filas, el batacazo electoral del PSOE en Andalucía y la escalada de tensión verbal y callejera de los independentistas catalanes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está decidido tanto a "echar el resto" para sacar adelante en el Congreso el proyecto de Presupuestos Generales del Estado como a no convocar por ahora elecciones generales y "agotar la legislatura". 

Hace pocas semanas, parecía que buena parte del Ejecutivo -no todos sus miembros- y hasta su presidente se resignaban a no tener Presupuestos propios y gobernar con los de Mariano Rajoy. Se anunciaba, incluso, que el proyecto de cuentas públicas pactado por Sánchez con Pablo Iglesias no se presentaría en el Congreso de los Diputados, a sabiendas de que serían rechazados no solo por PP y Ciudadanos, sino también por los nacionalistas catalanes, que vinculaban cualquier apoyo a algún gesto favorable de Sánchez con los políticos independentistas presos. Pero dos hechos recientes muy novedosos han recuperado en el seno del Ejecutivo la esperanza de conseguir los Presupuestos y en el presidente la convicción de que puede hacerlo. 

Uno, las movilizaciones ciudadanas en Catalunya, hace dos semanas, contra el Govern de Quim Torra, al que se le empieza a pedir mediante movilizaciones colectivas más gestión en cuestiones básicas de la vida cotidiana de sus administrados -la sanidad, la enseñanza, la función pública, etc.- y quizás no tanta hiperventilación independentista verbal.

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Nuevos escenarios tras el 2D en Andalucía y en el conjunto de España

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Susana Díaz, sin citar a Sánchez dice que arrimarán el hombro y estarán a disposición de lo que el PSOE necesite

Con el estrepitoso batacazo del PSOE de Susana Díaz y la potente emersión del partido de extrema derecha Vox, ambos hechos imprevistos, la política española encadena casi cinco años seguidos de terremotos siderales. El primero fue en mayo de 2014, con la pujante aparición de Podemos en las elecciones europeas. El penúltimo, la llegada de Pedro Sánchez al poder y la caída de Mariano Rajoy mediante una moción de censura. La política ya no es ni sólida ni líquida. Tiende a gaseosa.

El miércoles pasado, un alto cargo del Gobierno socialista reconocía en privado que el PSOE podía experimentar un cierto retroceso en las urnas andaluzas y que Vox podía llegar a los 5 escaños. El domingo 2, a primera hora, la misma persona ya se temía una caída mayor de sus correligionarios andaluces y que la formación de extrema derecha liderada por Santiago Abascal podía alcanza los 7 u 8 escaños. Todos sus pronósticos y previsiones se quedaron cortos.

Los estudios postelectorales determinarán en unas semanas qué ha pasado exactamente en cada mesa y en cada barrio, en cada ciudad y en cada provincia, pero las primeras indagaciones ya apuntan que una parte de la abstención del domingo fue una abstención militante contra el PSOE susanista y que bastantes de los 400.000 votos perdidos por los socialistas desde las elecciones anteriores se han debido al fuerte rechazo que la todavía presidenta de la Junta de Andalucía provoca en una parte de los electores de izquierdas desde hace años y que se incrementó al desatar ella un golpe de Estado interno en el PSOE contra Pedro Sánchez.

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Prórroga larga de Carlos Lesmes y de la influencia del PP en el poder judicial

Carlos Lesmes

Estos días se están haciendo diferentes balances, muchos de ellos contradictorios, sobre la voladura -vía whatsapp de Ignacio Cosidó- del pacto PSOE-PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En realidad, quizás todos tengan algún punto de razón, y el balance conjunto sea más complementario que contradictorio.

El balance que hacen en el PSOE dice que el fiasco muestra de modo obsceno el sentido patrimonial que el Partido Popular tiene de la Justicia, así como la levedad del liderazgo de Pablo Casado y las intrigas internas que le acechan. El del PP pone el foco en que a Pedro Sánchez no le sale nada bien, es casi un gafe que no gobierna, y en que Casado ha sabido hacer de la necesidad virtud y ponerse a la cabeza de la manifestación para abogar por la independencia de la Justicia. En Podemos aún están preguntándose quién vetó y por qué a su candidata a miembro del CGPJ, la magistrada Victoria Rosell, y las respuestas van desde quien ve la mano negra muy cerca, cerquísima, a quien la ve en las antípodas ideológicas, sin descartar al mismísimo presidente del Gobierno. En Ciudadanos consideran que, al ser ellos los únicos que no entraron en el pasteleo previo de nombres y cargos, son ellos los ganadores morales y éticos del episodio. Y en el independentismo catalán, hay quien aún ve en el fracaso de la operación una conjura para que el presuntamente muy duro Manuel Marchena siga siendo el presidente del tribunal que juzgará el procés y no lo sea un magistrado más blando.

Balances políticos provisionales aparte, la enésima crisis de la Justicia ha tenido dos ganadores (o tres, como se verá más tarde), y de muy distinto signo. Uno de ellos es Marchena, que con su gesto de renunciar a esa posible presidencia del CGPJ y del Tribunal Supremo se ha sacudido en parte esa leyenda de los últimos años que le presentaba como un jurista cercano al PP y ha aumentado la que le describe como el magistrado del Supremo técnicamente mejor preparado e incluso el menos dado a hacer política con sus resoluciones. 

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Pedro Sánchez, con un Plan A, un Plan B y ahora un Plan C

Pedro Sánchez

¿Globo sonda para pulsar reacciones? ¿Maniobra para quitarse la presión de la oposición? ¿Aviso a los socios parlamentarios, sobre todo los independentistas?

Una declaraciones este lunes del número 3 del PSOE, José Luis Ábalos, aventurando que "no es descartable" que las elecciones generales se convoquen para el próximo 26 de mayo y se junten a las locales, autonómicas y europeas ya previstas, han agitado las ya revueltas aguas políticas. Otras declaraciones, poco rato después, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recordando que la facultad de convocar a las urnas es suya y solo suya y que la fecha de mayo es solo una más de las posibles, han añadido aún mayor agitación y confusión al panorama. Hasta el punto de que Podemos, principal socio parlamentario del Gobierno, ha convocado de urgencia para este viernes a su consejo ciudadano, el máximo órgano del partido entre asambleas. 

Desde hace varias semanas, desde el entorno del presidente se filtran varias hipótesis de escenario político y a la vez las contrarias, o al menos algunas divergentes. Una de las más divulgadas desde hace unos diez días decía que Sánchez está pasando ya a su Plan B: renunciaría a lograr más apoyos para los Presupuestos que los que ya tiene de Pablo Iglesias y de Unidos Podemos, prorrogaría los que heredó de Mariano Rajoy, matizaría y corregiría estos a golpe de decreto ley durante todo el primer semestre del próximo año con medidas sociales y políticas de general consenso en el centro izquierda y la izquierda -nuevo Salario Mínimo Interprofesional el 1 de enero, exhumación de Franco un mes después, desactivación de las leyes de educación y de reforma laboral del PP, plan de empleo para jóvenes, etc.- y se presentaría con todo ese bagaje ante los electores en otoño de 2019 o a primeros de 2020. 

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Los partidos abandonan el centro político al mismo tiempo que los electores se concentran en él

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Se repite como un mantra desde los primeros años de la transición: en el centro se ganan las elecciones, quien ocupa el centro y la moderación se garantiza un rendimiento electoral suficiente como para aspirar a gobernar o al menos a decidir quién gobierna. Desde hace ya más de cuarenta años, esta ha sido una de las pocas verdades tomadas por inmutables y constantes en nuestra cultura política.

El habilísimo Adolfo Suárez hizo del centro su principal bandera política, e incluyó el posicionamiento ideológico hasta en el nombre de las formaciones que lideró, desde la pujante Unión del Centro Democrático, que gobernó España de 1977 a 1982, al pequeño pero decisivo en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas Centro Democrático y Social (CDS). El no menos hábil Felipe González hizo girar hacia el centro al PSOE, al renunciar en 1979 al marxismo como la ideología oficial del partido, poniendo así una de las principales piedras de su aplastante victoria en las elecciones generales de 1982.

En el centro se ganan las elecciones en España. O se ganaban, porque de pronto el centro político se está quedando clamorosamente vacío. El PP de Pablo Casado se va aún más a la derecha de lo mucho que ya estaba con Mariano Rajoy, probablemente inquieto el nuevo líder popular por la emersión, a su derecha, de Vox. Ciudadanos toma carrerilla en su deriva derechista para acercarse a ambos. El PSOE de Pedro Sánchez se escora hacia la izquierda, quizás arrastrado primero por su pugna con Podemos por la hegemonía en esa zona de la escala ideológica y después, ahora, por el roce con Unidos Podemos, que se ha convertido en el principal apoyo parlamentario del Gobierno socialista. La brega política se está polarizando tanto, en fin, en los dos extremos del tablero que en el centro se ha abierto un enorme espacio vacío, un desierto en el que no habita ni milita ninguna formación de ámbito estatal siquiera mediana.

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Reformar el Código Penal, una salida judicial y política a la causa del 'procés' y al conflicto catalán

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Disturbios en Barcelona en torno al 1-O

Las calificaciones provisionales en la causa del procés catalán por parte de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado, concretadas el viernes pasado, no han dejado contento a nadie.

Ni a la oposición -PP y Ciudadanos-, que ve en la "sedición" por la que por ahora apuesta la Abogacía como una rendición del Gobierno de Pedro Sánchez ante sus socios parlamentarios independentistas para seguir en el poder.

Ni a los independentistas, que interpretan la dureza de la Fiscalía -rebelión, y 25 años de prisión para Oriol Junqueras- casi como una agresión y el posicionamiento de la Abogacía como un guiño insuficiente.

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