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Evitar el circo, tratar de acabar el juicio antes del 28A y dictar sentencia en julio

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Tras las primeras dos semanas del juicio del procés, ya se van viendo algunas cosas. Que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, no va a permitir que la vista se convierta en un circo. Que se busca dar una imagen de total transparencia, con televisión en directo permanente. Que las sesiones van a ir deprisa y habilitando más días para las sesiones si es necesario, pero no tanto como para forzar indebidamente el calendario y que algunos apresuramientos sean después uno de los cabos sueltos a los que se agarren las defensas para recurrir a la Justicia europea. Que la representante de la Abogacía del Estado no controla la causa todo lo que lo hacía su antecesor. Y que la Fiscalía quizás se haya equivocado en su estrategia, y va a tener que sudar la camiseta mucho más y con más habilidad de lo que lo ha hecho hasta ahora si quiere demostrar que, según sostiene en su acusación, en los hechos que se juzgan hubo violencia como una acción concertada, y por tanto delito de rebelión.

"La Fiscalía se enfrenta a un extraordinario reto probatorio", comentaba hace un mes en estas mismas crónicas un jurista que conoce muy bien la causa. Tras las dos primeras semanas de juicio, y despachadas las cuestiones previas y realizados los interrogatorios de la gran mayoría de los acusados -todos, salvo Carme Forcadell y Jordi Cuixart, que serán interrogados este martes-, la Fiscalía no está superando con éxito el reto, según coinciden en señalar observadores independientes y de los más diversos flancos políticos. Por ahora, los fiscales apenas le han hincado el diente a la presunta violencia concertada. ¿Exceso de confianza? Quizás, pero quizás también un error estratégico de bulto y una evidencia.

El posible error estratégico: encomendarle el juicio a cuatro fiscales diferentes (Javier Zaragoza, Fidel Cadena, Consuelo Madrigal y Jaime Moreno), y que cada uno de ellos se conociera en profundidad solo la parte de aquellos acusados a los que fuera a interrogar, en vez de haber puesto todo en manos de uno solo de los fiscales para que se trabajara la causa en su conjunto, de modo integral y al detalle, y con un segundo fiscal al lado por si el primero coge un refriado en estas semanas madrileñas de hasta 20 grados de diferencia térmica en un solo día. La evidencia: los cuatro fiscales son primeros espadas de su profesión, ¿pero desde cuándo no celebraban una vista? ¿No están todos ellos un tanto desentrenados, dado que su trabajo más reciente, como fiscales del Tribunal Supremo, ha sido estudiarse casaciones, y no interrogar hábilmente a acusados?

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El partido del 28A se juega en 52 canchas diferentes

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Foto de archivo del Congreso de los Diputados.

Las elecciones generales anunciadas hace unos días por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para el próximo 28 de abril se presentan como las más insólitas, peculiares, reñidas y cruciales de nuestras cuatro décadas de democracia.

Son muchas las razones por las que el 28A será una jornada electoral diferente a todas las que hasta ahora hemos vivido. La cercanía a otro proceso electoral: las europeas y municipales en toda España y las autonómicas en 13 de las 17 comunidades autónomas que se celebrarán solo cuatro semanas después, el también domingo 26 de mayo. El hecho de que buena parte de la campaña electoral oficial transcurra durante un periodo vacacional masivo, la Semana Santa, que este año cae muy pocos días antes, del 14 de abril (Domingo de Ramos) al 21 de abril (Domingo de Pascua). La circunstancia de que compiten cinco partidos de ámbito estatal con fundadas expectativas de cosechar todos ellos muchos votos y bastantes escaños. El clima de tenso enfrentamiento no sólo entre los diferentes partidos sino también en una parte de la opinión pública. La expectativa general, casi la certeza, de que los resultados del 28 de abril y de los pactos posteriores alumbrarán un nuevo periodo en nuestra historia colectiva como país.

El periodo que se abra en España será muy diferente según cuál de los dos bloques en que se ha polarizado en los últimos meses nuestra vida pública se haga finalmente con el poder tras el 28A.

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La auténtica traición y felonía es más bien esto

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Pablo Casado

Felón, traidor, mentiroso compulsivo, irresponsable, incapaz, desleal, incompetente, mediocre... De toda la larga lista de calificativos descalificadores que la semana pasada soltó de una tacada Pablo Casado, presidente del PP, contra Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ninguno tan revelador ni tan preocupante sobre los modos y la estrategia política del nuevo líder del Partido Popular como dos que agregó a los arriba transcritos: el de "ilegítimo" y el de "okupa".

Estamos ante una preocupante regresión política. Para Casado y para otros dirigentes de su formación, Sánchez es desde el primer día de su mandato un presidente ilegítimo pese a que llegó a la Moncloa cumpliendo escrupulosamente todo lo que dispone la Constitución en sus artículos 113 y 114, que regulan la moción de censura. El éxito de la moción de censura y el consiguiente desalojo del poder de Mariano Rajoy y del PP han dejado a la vista la escasa convicción democrática de algunos dirigentes políticos. Sólo respetan las normas y su aplicación si favorecen sus intereses. Sólo aceptan la legitimidad de los votos de los ciudadanos y su transformación en escaños que tiran o ponen Gobiernos si el saldo final es a su favor.

Si los votos de "los separatistas" -otra vieja expresión revivida ahora- ERC y PDeCAT ayudan a tumbar a Rajoy y a llevar a Sánchez a la Moncloa, son para la derecha votos espurios, de rendición, vergonzantes, ilegítimos. Si los votos del extremista, antieuropeísta, antiautonomista, machista y xenófobo Vox ayudan a PP y a Ciudadanos a acceder al Gobierno de Andalucía, son para ellos unos votos tan buenos como el que más: nobles, respetables, legítimos a carta cabal. Aquellos votos manchan, estos abrillantan. Juan Manuel Moreno Bonilla, del PP, puede ser presidente andaluz con 26 diputados propios, el 23,8% del total del Parlamento de Andalucía, pero Pedro Sánchez (PSOE) no puede ser presidente español con 84 diputados propios, el 24% del total del Congreso.

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Las elecciones son ya siempre a doble vuelta: en las urnas y en los pactos

EFE/Archivo

Las anteriores elecciones autonómicas en 13 comunidades y municipales en toda España, celebradas el domingo 24 de mayo de 2015, supusieron todo un vuelco de poder, el último del viejo mundo del bipartidismo y el primero del nuevo sistema con ya cuatro partidos de ámbito estatal con apoyo electoral suficiente como para hacer o deshacer gobiernos. Las próximas elecciones autonómicas y municipales, el 26 de mayo próximo, probablemente dejen pequeñas a aquellas en impacto sísmico en el mapa político y en reparto de poder. Cinco partidos de ámbito estatal -PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos y Vox-, o seis si IU va finalmente por su propio camino, llegan a ellas con posibilidades de tocar poder o de decidir quién lo ejerce.

Las de 2015 fueron un desastre para el PP, que entonces era el partido dominante. La formación que en aquel momento lideraba Mariano Rajoy perdió los gobiernos de la mayor ciudad española, Madrid; de la tercera, Valencia; de la cuarta, Sevilla; de la octava, Palma de Mallorca; de la novena, Las Palmas; de la undécima, Alicante; de la duodécima, Córdoba; de la decimotercera, Valladolid... Hasta la cita con las urnas, el Partido Popular gobernaba en diez de las quinces ciudades más pobladas, y solo mantuvo el poder en dos: Málaga y Murcia. Esas ocho grandes ciudades que perdió sumaban 7.551 millones de euros de presupuestos y 6,4 millones de habitantes.

El vuelco en las comunidades autónomas no fue menos grave para el Partido Popular. Gobernaba en 10 de las 13 comunidades que celebraban elecciones en mayo de 2015, y solo mantuvo el poder en 4: Comunidad de Madrid, Castilla y León, Murcia y La Rioja. Las que perdió -Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Baleares y Cantabria- sumaban entonces 11,2 millones de habitantes y nada menos que unos 42.560 millones de euros de presupuestos.

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La fragmentación de la izquierda traería más dudas que certezas

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Nuevas brechas atomizan más la política española. Si a la izquierda del PSOE hay más de una lista electoral, es probable que la más pequeña de ellas no alcance el 5% y sus votos no generen escaños. Incluso en circunscripciones únicas como lo es la Comunidad de Madrid en las autonómicas.

En plena temporada del voto volátil y líquido y de los estados de opinión pública fluctuantes y gaseosos, la política española acentúa su moda y su tendencia de brechas y de fracturas, de segmentación extrema. Le ha ido bien a la derecha en Andalucía fragmentándose, y la izquierda y algunos nacionalistas han tomado nota y amagan, hoy sí, hoy no, con hacer otro tanto.

Aumenta la brecha entre el Podemos pablista y el Podemos errejonista, aunque el vértigo y el miedo a despeñarse ambos haya hecho que en las últimas horas haya intentos por ambas partes de cerrarla, si quiera sea nominalmente. Aumenta la brecha entre la IU de Alberto Garzón y la IU de Gaspar Llamazares, y la de ambas con una parte del conglomerado Podemos. Crece la tensión, aunque se exprese en voz muy baja, entre el PSOE sanchista y los restos del PSOE susanista. Se amplía en el independentismo catalán la brecha entre Junts per Catalunya y ERC. Crece la brecha interna en los primeros entre los postconvergentes del PDeCAT y los postpostconvergentes de la Crida... Crece también, aunque así mismo con poco ruido, la breca entre la ERC de los dirigentes que se moderan y apuestan por el posibilismo en la estrategia independentista y las bases que aún siguen en la vía unilateral.

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Tres meses de juicio al procés, y la sentencia en verano

El exvicepresident Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

El juicio al procés en el Tribunal Supremo está a punto de comenzar. Lo hará un martes, en breve. Probablemente, el martes 5 de febrero próximo. Celebrará sesiones de mañana y de tarde tres días por semana: martes, miércoles y jueves. La previsión es que dure unos tres meses, quizás algo menos. Probablemente concluya a finales de abril o primeros de mayo, pero la sentencia le llevará al tribunal su tiempo, casi tanto como la vista. En ningún caso habrá sentencia antes de las elecciones -en principio europeas, autonómicas y municipales- previstas para el domingo 26 de mayo. No se quiere que el fallo del tribunal, sea el que sea, influya en las urnas.

Fecha tentativa de la sentencia: en julio, quizás en la segunda quincena, ya metida media España en sus vacaciones veraniegas. ¿Habrá alguna absolución o solo condenas? Si condenas, ¿por delitos muy graves -rebelión, sedición-, por delitos menos graves -conspiración para la rebelión- o por delitos menores -desórdenes públicos, desobediencia-? Todo está por ver. "Quien crea que la sentencia ya está decidida e incluso escrita, antes de empezar la vista, está muy equivocado", comenta un jurista que conoce muy bien la causa. Y también: "La Fiscalía se enfrenta a un extraordinario reto probatorio".

Esta misma semana, el tribunal va a decidir algunas cuestiones relevantes. Entre ellas, fijar la fecha concreta del comienzo de la vista, para que de la mejor manera posible el Ministerio del Interior prepare y disponga con la Generalitat de Catalunya el desplazamiento de los procesados desde las cárceles catalanas donde se encuentran hasta prisiones cercanas Madrid, y determinar a qué testigos se llama y a cuáles no.

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Tsunami o suflé de las derechas, con Cataluña al fondo

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El president de la Generalitat, Quim Torra, en una imagen de archivo.

Las encuestas de estas primeras semanas del año, de los mismos institutos demoscópicos que no vieron venir en Andalucía hace poco más de un mes el alud de votos a Vox y que ahora auguran un tsunami de millones de votos y varias docenas de escaños para la formación de ultraderecha en unas hipotéticas elecciones generales y una clara hegemonía de las derechas, están levantando una tensa expectativa en los distintos ámbitos políticos.

¿Hay que tomarse en serio esas encuestas? ¿Se cumplirán esos pronósticos cuando realmente se celebren las elecciones? ¿Son fiables esos diagnósticos y pronósticos? ¿Hay en algunas de esas encuestas, sobre todo en la intención de los que las encargan e influyen en su cocina, un afán principal de influir en el electorado más que un intento honrado de detectar y retratar sus intenciones de voto? Si la tendencia es lo que parece, ¿tiene la izquierda que resignarse a un nuevo ciclo electoral o dispone de algún mecanismo o alguna clave para impedirlo? ¿Por qué está desactivada una parte del electorado progresista? ¿Cuánto influye Cataluña en las grandes corrientes de intención de voto? He trasladado estas preguntas a un puñado de dirigentes de los diferentes partidos. La semana pasada hacía en estas Crónicas del poder un prólogo a estas preguntas con algunas mías de tipo técnico. Hoy recojo las respuestas más significativas de los que han contestado a mis pesquisas. A todos ellos les garanticé el anonimato, para que se sintieran más libres al analizar y opinar.

"Sí", contesta contundente una de las principales y más libres voces de Podemos a la pregunta de si se cree las encuestas que dan una gran subida a Vox, una suma de más del 50% de los votos a los tres partidos de la derecha (PP, Ciudadanos y Vox) y una mayoría clara de estos en el Congreso.

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El tsunami de las derechas será... o no será

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Los dirigentes de Vox celebrando los resultados de las elecciones en Andalucía.

Un mes después de que sus encuestas apenas vieran venir el alud de votos a Vox en Andalucía, varios institutos demoscópicos ven ahora un tsunami de millones de votos y docenas de escaños para el partido de extrema derecha en las próximas elecciones generales pese a que éstas aún no han sido convocadas. Según algunos de estos institutos, la formación liderada por Santiago Abascal superaría con creces el porcentaje de votos que sacó en las elecciones andaluzas (10,97%), se acercaría al medio centenar de diputados en el Congreso y, lo que sorprende aún más, la fragmentación del voto de derechas no sólo no debilitaría a estas sino que la suma de las tres formaciones de ámbito estatal de esa parte del arco ideológico (PP, Ciudadanos y Vox) sacaría más de diez puntos porcentuales a las de izquierdas (PSOE y Unidos Podemos) y se harían con el poder con una mayoría amplísima. El nuevo mapa se presenta además en estos sondeos como una realidad incontrovertible, incuestionable. Casi como una verdad revelada, fuera de toda duda o análisis.

¿Será así? ¿Hay que creerse todo esto? ¿Son fiables esos diagnósticos y esos pronósticos? ¿Hay alguna clave que se pueda activar desde la izquierda para evitarlo? ¿Por qué está desmovilizado el voto de parte del electorado progresista? ¿Cuánto influye Cataluña en las grandes corrientes de intención de voto? He trasladado esas preguntas a un puñado de dirigentes de los diferentes partidos, en todos los casos a los más reflexivos y los menos sesgados. En la próxima entrega de estas Crónicas del poder, la de la próxima semana, resumiré las respuestas. Hoy adelantaremos nada más algunos asuntos técnicos.

Un apunte previo, en forma de pregunta a los directivos del sector demoscópico. ¿Por qué se está perdiendo entre algunos de ustedes la buena costumbre de publicar con cada sondeo su ficha técnica? El público tiene derecho a saber el ámbito, el universo, el tamaño, los puntos y las fechas de la muestra, el procedimiento y el error muestral, la ponderación... Si los datos que se ofrecen son de voto directo o de voto cocinado, y si fuera esto último qué fórmula aplicó el cocinero y si se la cocinó él solo, en su laboratorio y con su ciencia, o si lo hizo acompañado o asistido por otros, por ejemplo el cliente que le encargó el trabajo, por lo general un medio de comunicación con su propia querencia e interés ideológicos. Incluso, si no es mucho pedir, al público debería decírsele si todo lo que se publica es todo lo que se preguntó, o si algunas preguntas y sus respuestas no se le facilitan al público general y se le han dado solo al cliente que encargó la encuesta, y por qué razón.

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El optimismo de Sánchez sobre los Presupuestos se extiende a sus ministros

Pedro Sánchez en La Moncloa

La Copa de Navidad del Palacio de la Moncloa es un clásico madrileño de las relaciones entre políticos y periodistas. Entre los primeros, solo los del Gobierno de turno, con el presidente a la cabeza. Entre los segundos, de todos los medios, de todos los pelajes, y tanto redactores de a pie como jefes medios o directores.

La recepción la convoca el presidente, Pedro Sánchez en este caso, "y en su nombre la ministra Portavoz y el secretario de Estado de Comunicación". No se pasa lista, pero casi. Y eso hace que tanto con José Luis Rodríguez Zapatero como con Mariano Rajoy como con Sánchez (a las de José María Aznar este cronista no asistía), los miembros del Ejecutivo acudan disciplinados a departir de modo distendido con los informadores en diferentes corros y por espacio de unas dos horas. Esta vez, solo se ha echado en falta a cuatro miembros del Consejo: Carmen Calvo, Josep Borrell, José Luis Ábalos y Margarita Robles. Los cuatro, según contaban altos funcionarios de La Moncloa, tenían otras obligaciones oficiales que atender.  

"Es la primera y será la última Copa de Navidad de Pedro Sánchez como presidente". Esta era una de las opiniones dominantes en los corrillos de la recepción, este lunes. Los muchos que hacían tal pronóstico lo basaban en mil razones: los resultados de las recientes elecciones andaluzas, las últimas encuestas, la situación en Catalunya, la pujanza de las derechas, las debilidades de las izquierdas, las dos últimas semanas horribilis del Gobierno, las incertidumbres sobre el Consejo de Ministros del próximo viernes en Barcelona... 

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Sánchez, dispuesto a sacar los Presupuestos y a agotar la legislatura

Pedro Sánchez en la puerta del palacio de la Moncloa

Pese a las dudas que han suscitado, incluso en sus propias filas, el batacazo electoral del PSOE en Andalucía y la escalada de tensión verbal y callejera de los independentistas catalanes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está decidido tanto a "echar el resto" para sacar adelante en el Congreso el proyecto de Presupuestos Generales del Estado como a no convocar por ahora elecciones generales y "agotar la legislatura". 

Hace pocas semanas, parecía que buena parte del Ejecutivo -no todos sus miembros- y hasta su presidente se resignaban a no tener Presupuestos propios y gobernar con los de Mariano Rajoy. Se anunciaba, incluso, que el proyecto de cuentas públicas pactado por Sánchez con Pablo Iglesias no se presentaría en el Congreso de los Diputados, a sabiendas de que serían rechazados no solo por PP y Ciudadanos, sino también por los nacionalistas catalanes, que vinculaban cualquier apoyo a algún gesto favorable de Sánchez con los políticos independentistas presos. Pero dos hechos recientes muy novedosos han recuperado en el seno del Ejecutivo la esperanza de conseguir los Presupuestos y en el presidente la convicción de que puede hacerlo. 

Uno, las movilizaciones ciudadanas en Catalunya, hace dos semanas, contra el Govern de Quim Torra, al que se le empieza a pedir mediante movilizaciones colectivas más gestión en cuestiones básicas de la vida cotidiana de sus administrados -la sanidad, la enseñanza, la función pública, etc.- y quizás no tanta hiperventilación independentista verbal.

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