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Adoración Guamán

Profesora titular de Derecho del Trabajo en la Universitat de València, doctora por las Universidades de Paris X-Nanterre y Valencia, licenciada en Ciencias Políticas y directora del master en Derecho Electoral y Observación Electoral Internacional. Su investigación se orienta al análisis de la precarización socio-laboral, los efectos de la UE y de los tratados de libre comercio sobre los derechos sociales y las vías de protección y promoción de los mismos. En la actualidad es miembro del grupo Ruptura. Autora del libro "TTIP: el Asalto de las Multinacionales a la Democracia" (Editorial Akal, 2015).

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Sota les ordres de la UE: la Comissió Europea marca (o no?) el programa del futur Govern

És el moment dels programes electorals. Ja en plena precampanya, les diferents forces polítiques que tornaran a competir davant les urnes el 26J van publicant les seues propostes d’acció a la recerca del vot. Però no tots els programes de govern es juguen a les urnes; com bé sabem una bona part de les decisions que van marcar l’última etapa del govern de Zapatero i de les reformes del govern de Rajoy no venien incloses en els seus programes electorals, sinó que van ser adoptades en el marc de les anomenades “polítiques d’austeritat” aparentment imposades per la UE. De fet, és cert que les línies mestres de la bogeria reformista dels últims anys han estat dissenyades per la Comissió Europea, però també ho és que les recomanacions que han arribat des d’Europa s’han aprovat amb l’assentiment dels executius estatals, molts dels quals (especialment l’espanyol de Rajoy) han aplicat la majoria d’aquestes (auto)instruccions amb entusiasme. Es tracta, sens dubte, d’una jugada mestra: les recomanacions de la Comissió les han utilitzades els governs estatals per a diluir la seua responsabilitat en el pla supranacional i reduir el cost polític de l’adopció de les brutals mesures d’austeritat que han empobrit durant anys les majories socials de la UE.

El 28 de maig passat la Comissió Europea va publicar el programa de reformes que han d’abordar cada un dels estats membres de la UE (llevat de Grècia) entre el que queda del 2016 i el 2017, les anomenades “Recomanacions per país”. La situació dels 28 estats no és homogènia. Croàcia, França, Portugal, Espanya i el Regne Unit encara estan subjectes a un mecanisme específic (procediment per dèficit excessiu) mentre que Grècia té una situació particular perquè està sotmesa a un programa d’ajust macroeconòmic. En altres paraules, el conjunt dels països suara esmentats estan sotmesos a un control especial i han d’escometre reformes més contundents. En concret, per a Portugal i Espanya, la Comissió ha recomanat la correcció del dèficit mitjançant l’ús de les reformes estructurals que calga i l’aplicació de tots els recursos extraordinaris a la reducció del deute i del dèficit. A més, en el marc del mecanisme de control del dèficit excessiu, tornarem a ser examinats a l’inici del juliol. De la seua banda, Grècia continua sent un Estat intervingut pels creditors. Per a l’Estat hel·lènic no hi ha “Recomanacions per país” sinó una intervenció directa en el procediment intern de presa de decisions que ha forçat el Govern a presentar al Parlament l’anomenada “llei granera”, que inclou més retallades dels salaris dels funcionaris, més privatitzacions i més desregulacions. Hui sabem també que la cosa va agreujant-se durant el procés d’esmenes a la llei. Per a molts es tracta d’un quart memoràndum encobert, per a uns altres, la resposta a un xantatge del qual s’està aprofitant l’oposició. Qualsevol de les dues explicacions reflecteix una mateixa realitat: ni el Govern ni el Parlament actuen segons el programa que van presentar per demanar el vot al poble grec.

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Bajo las órdenes de la UE: la Comisión Europea marca (¿o no?) el programa del futuro Gobierno

Es el momento de los programas electorales. Ya en plena pre-campaña, las diferentes fuerzas políticas que se medirán de nuevo ante las urnas el 26J van publicando sus propuestas de acción a la búsqueda del voto. Pero no todos los programas de gobierno se juegan en las urnas, como bien sabemos una buena parte de las decisiones que marcaron la última etapa del gobierno Zapatero y de las reformas del gobierno de Rajoy no venían incluidas en sus programas electorales sino que fueron adoptadas en el marco de las llamadas “políticas de austeridad” aparentemente impuestas por la UE. De hecho, es cierto que las líneas maestras de la locura reformista de los últimos años han sido diseñadas por la Comisión Europea pero también lo es que las recomendaciones que han llegado desde Europa han sido aprobadas con el asentimiento de los ejecutivos estatales, muchos de los cuales (especialmente el español de Rajoy) han aplicado la mayoría de estas (auto)instrucciones con entusiasmo. Se trata sin duda de una jugada maestra, las recomendaciones de la Comisión han sido utilizadas por los Gobiernos estatales para diluir su responsabilidad en el plano supranacional y reducir el coste político de la adopción de las brutales medidas de austeridad que han empobrecido durante años a las mayorías sociales de la UE.

El pasado 28 de mayo la Comisión Europea publicó el programa de reformas que deben abordar cada uno de los Estados miembros de la UE (excepto Grecia) entre lo que queda del 2016 y 2017, las llamadas “Recomendaciones por País”. La situación de los 28 Estados no es homogénea. Croacia, Francia, Portugal, España y el Reino Unido se encuentran todavía sujetos a un mecanismo específico (procedimiento por déficit excesivo) mientras que Grecia tiene una situación particular porque está sometida a un programa de ajuste macroeconómico. En otras palabras, el conjunto de países arriba citados están sometidos a un control especial y deben abordar reformas más contundentes. En concreto, para Portugal y España, la Comisión ha recomendado la corrección del déficit mediante el uso de las reformas estructurales que sean necesarias y la aplicación de todos los recursos extraordinarios a la reducción de la deuda y del déficit. Además, en el marco del mecanismo de control del déficit excesivo, volveremos a ser examinados a principios de julio. Por su parte, Grecia sigue siendo un Estado intervenido por los acreedores. Para el estado heleno no hay “Recomendaciones por País” sino una intervención directa en el procedimiento interno de toma de decisiones que ha forzado al gobierno a presentar al Parlamento la llamada “ley escoba” que incluye más recortes de los salarios de los funcionarios, más privatizaciones y desregulaciones. Hoy sabemos también que la cosa se está agravando durante el proceso de enmiendas a la ley. Para muchos se trata de un cuarto memorándum encubierto, para otros la respuesta a un chantaje del cual se está aprovechando la oposición. Cualquiera de las dos explicaciones refleja una misma realidad: ni el gobierno ni el parlamento están actuando según el programa que presentaron para pedirle el voto al pueblo griego.

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Bajo las órdenes de la UE: la Comisión Europea marca (¿o no?) el programa del futuro Gobierno

Es el momento de los programas electorales. Ya en plena pre-campaña, las diferentes fuerzas políticas que se medirán de nuevo ante las urnas el 26J van publicando sus propuestas de acción a la búsqueda del voto. Pero no todos los programas de gobierno se juegan en las urnas, como bien sabemos una buena parte de las decisiones que marcaron la última etapa del gobierno Zapatero y de las reformas del gobierno de Rajoy no venían incluidas en sus programas electorales sino que fueron adoptadas en el marco de las llamadas “políticas de austeridad” aparentemente impuestas por la UE. De hecho, es cierto que las líneas maestras de la locura reformista de los últimos años han sido diseñadas por la Comisión Europea pero también lo es que las recomendaciones que han llegado desde Europa han sido aprobadas con el asentimiento de los ejecutivos estatales, muchos de los cuales (especialmente el español de Rajoy) han aplicado la mayoría de estas (auto)instrucciones con entusiasmo. Se trata sin duda de una jugada maestra, las recomendaciones de la Comisión han sido utilizadas por los Gobiernos estatales para diluir su responsabilidad en el plano supranacional y reducir el coste político de la adopción de las brutales medidas de austeridad que han empobrecido durante años a las mayorías sociales de la UE.

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La UE, la cooperació reguladora i el TTIP: “ho anomenen democràcia i no ho és”

El 15 de maig de 2011 els carrers de nombroses ciutats espanyoles van començar a omplir-se de manifestants congregats sota el lema “Ho anomenen democràcia i no ho és”, un crit que es convertiria en màxima del moviment 15M i que qüestionava el funcionament democràtic de les institucions espanyoles, però que no va arribar a plantejar, en aquell moment, una crítica directa al funcionament de la Unió Europea.

Aconseguir elevar el retret a aquest segon nivell no era, ni és, gens fàcil. En l’imaginari d’una bona part de les majories socials d’aquest país, i a pesar de tot allò que ha esdevingut en els últims anys, la Unió Europea continua sent un club a què s’ha de pertànyer. Els anys de creació del mite de l’Europa de la pau, del progrés, la democràcia i de la modernitat han fet com a fruit la construcció i el calat d’un relat comú difícil de moure. A més, la narrativa de la UE com a espai de democràcia en confrontació amb la dictadura anterior ha estat alimentada per les institucions espanyoles i europees. Fins i tot hui, la propaganda institucional, de dubtós rigor històric (i estètic), llançada per a commemorar els 30 anys de pertinença de l’Estat espanyol a la UE, assenyala el següent “Darrere de la decisió d’Espanya de signar el Tractat d’Adhesió a les, llavors, Comunitats Europees s’endevinaven les ànsies d’un país per superar un passat autoritari”. Fins i tot és possible trobar entre les webs oficials dirigides a encoratjar l’europeisme entre la població espanyola, afirmacions com aquesta “Europa es reconstrueix i a Espanya la dictadura s’obri a un nou govern que decideix posar un peu a Europa. El 1962 Fernando María Castiella, ministre d’Afers Exteriors, envia una carta al president del Consell de la CEE en què sol·licita l’associació d’Espanya”, amb una interpretació ben curiosa de la nostra història.

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La UE, la cooperación reguladora y el TTIP: “lo llaman democracia y no lo es”

El 15 de Mayo de 2011 las calles de múltiples ciudades españolas comenzaron a llenarse de manifestantes congregados bajo el lema “lo llaman democracia y no lo es”, un grito que se convertiría en máxima del movimiento 15M y que cuestionaba el funcionamiento democrático de las instituciones españolas pero que no llegó a plantear, en aquel momento, una crítica directa al funcionamiento de la Unión Europea.

Conseguir elevar el reproche a este segundo nivel no era, ni es, nada fácil. En el imaginario de una buena parte de las mayorías sociales de este país, y a pesar de todo lo ocurrido en los últimos años, la Unión Europea sigue siendo un club al que se debe pertenecer. Los años de creación del mito de la Europa de la paz, del progreso, la democracia y de la modernidad han dado como fruto la construcción y calado de un relato común difícil de mover. Además, la narrativa de la UE como espacio de democracia en confrontación con la dictadura anterior ha sido alimentada por las instituciones españolas y europeas. Aun hoy, la propaganda institucional, de dudoso rigor histórico (y estético), lanzada para conmemorar los 30 años de pertenencia del Estado español a la UE, señala lo siguiente: “Detrás de la decisión de España de firmar el Tratado de Adhesión a las entonces Comunidades Europeas se adivinaban las ansias de un país por superar un pasado autoritario”. Incluso es posible encontrar entre las webs oficiales dirigidas a alentar el europeísmo entre la población española afirmaciones como esta: “Europa se reconstruye y en España la dictadura se abre a un nuevo gobierno que decide poner un pie en Europa. En 1962 Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, envía una carta al presidente del Consejo de la CEE solicitando la asociación de España”, con una curiosa interpretación de nuestra historia.

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15M: el desborde es ahora posible

“Vamos despacio porque vamos lejos”. Esta fue una de las frases más repetidas durante los meses que pasamos en las plazas en la primavera/verano de 2011. Frente a la insistencia de los que pretendían que aquel movimiento naciente se definiera, que adoptara estructuras o formas concretas y reconocibles de organización, la movilización mantuvo durante meses ritmos y dinámicas propias, basadas en la espontaneidad, la desobediencia y el desborde no planificado. En las plazas ensayamos formas distintas de organización y acción, dinámicas horizontales, deliberativas, asamblearias, que fueron una escuela de politización que ha dado resultados ahora evidentes. Es cierto que en aquel momento no podíamos predecir donde iba a conducirnos lo que estábamos construyendo a base de ilusión, esperanza y trabajo colectivo, pero sí que teníamos la conciencia de estar creando algo importante. Y así ha sido, estábamos construyendo el relato que ha servido para pegarle la patada al tablero de juego de la política española.

En las plazas aprendimos a generar grandes consensos, a introducir nuevas propuestas en el imaginario colectivo y a desmitificar algunos de los pilares maestros del régimen de 1978. Visto en perspectiva, la evolución del discurso fue evidente. Desde la primera manifestación, motivada por el hartazgo producido por la corrupción y el descontento con los actores políticos existentes, los consensos negativos fueron evolucionando hacia propuestas concretas, no sólo en el marco de la regeneración democrática sino también del conflicto social. La introducción del feminismo en la teoría y en la praxis de las plazas, la crítica abierta a la Transición política española, la labor de denuncia de las carencias del texto de la Constitución de 1978, la identificación de las entidades financieras como culpables de la crisis, más allá de los políticos corruptos, fueron victorias conseguidas a través del debate que se extendía de las plazas a las calles. Ideas como el “proceso constituyente” irrumpieron con fuerza en el imaginario de las alternativas mientras adoptábamos nuevos marcos en los que ubicar los antagonismos sociales tradicionales. La imagen del 99% frente a la minoría gobernante y beneficiada por la crisis, y la rápida expansión de la dicotomía sencilla entre los/as de arriba y los/as de abajo, abría la puerta al acontecimiento del desborde, accidental y no planificado, basado en la suma de personas movidas no únicamente por la identificación ideológica sino por la intuición, la emoción, la solidaridad y la necesidad de decir basta. Comenzaba así un proceso largo de deconstrucción y re-elaboración de un nuevo relato político, de nuevas formas de hacer y decir, que nacían a partir de la interacción entre militantes de partidos y movimientos sociales y personas que por primera vez tomaban la palabra y actuaban de manera colectiva, con un fuerte componente intergeneracional, que se prolongó más allá de las plazas.

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El TTIP y el doble juego de los negociadores: lo que dicen y lo que no dicen los papeles filtrados por Greenpeace

El TTIP ha dado el salto al tablero mediático. Por fin, después de años de apagón informativo, los grandes medios de comunicación españoles se han hecho eco de sus homólogos internacionales y prestan atención a lo que sin duda es el elemento fundamental de la vida política actual en la UE.

Son varios los factores que en las últimas semanas han colocado al TTIP en el foco de interés de los medios. En primer lugar, la entrada del presidente Obama en la campaña pro-TTIP con su visita a Hannover y sus esfuerzos por impulsar el tratado, en una alianza clara con Merkel. Esta visita se ha producido tras tras la finalización de las negociaciones y la firma del TPP (el Tratado Transpacífico que se rubricó en Nueva Zelanda el 4 de febrero). Ahora Estados Unidos ya tiene las manos libres para concentrar sus esfuerzos en el acuerdo con la Unión Europea y, como han venido haciendo en tratados anteriores, los norteamericanos están llevando al límite sus exigencias en las negociaciones. Así lo confirmaba el Presidente Obama al afirmar la semana pasada que “El tiempo para completar el TTIP es ahora” y que “Estados Unidos está preparado para hacer todos los esfuerzos necesarios para alcanzar un acuerdo ambicioso y amplio este año”. A la vista de los resultados recientes de las negociaciones, los esfuerzos que señala el Presidente se orientan a la consecución de los más elevados niveles de liberalización pero también al mantenimiento de grandes dosis de proteccionismo, en beneficio estadounidense, lo cual está provocando diversas tensiones que dificultan enormemente las negociaciones.

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La Unión Europea y sus cinco (o siete) presidentes: bienvenido Mr. Obama, bienvenido Mr. TTIP

¿Quién representa a Europa? Esta pregunta ha sido uno de los eternos interrogantes que ha acompañado a la construcción de la UE y que sigue sin tener una respuesta clara. De hecho, es bien sabido quecada institución de la UE tiene un presidente distinto que, como norma habitual, se muestra celoso de sus competencias y marca su propia línea política. La cosa se ha complicado particularmente en los años de la crisis porque a los tres presidentes “oficiales” (el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz) se han sumado otros nombres con poderes en alza, como son Jeroen Dijsselbloem, presidente del Euro-Grupo y Mario Draghi, conocido presidente del Banco Central Europeo. Para colmo de complicaciones, en los últimos tiempos el Presidente (este sí con mayúsculas) Barack Obama parece haberse aficionado a dar su opinión sobre la política de la UE, fortaleciendo a la Presidenta (también con mayúsculas) Angela Merkel y a su ministro de Finanzas Schäuble, en un renovado partenariadoAlemania-USA, con la permanente compañía del Fondo Monetario Internacional.

Una mirada a la actividad de cada uno de estos presidentes nos da un panorama de las grandes tensiones que existen en el seno de la UE.Donal Tusk, que acaparó titulares con sus alabanzas a Turquía al afirmar que nadie puede darle lecciones a Erdogan porque “Hoy Turquía es el mejor ejemplo en el mundo sobre cómo debemos tratar a los refugiados”, ha convertido la campaña contra el Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) en el objetivo central de su mandato. Mientras se afana por mantener al Reino Unido dentro de la UE, con el contraproducente apoyo explícito de Obama que amenazó con las consecuencias de esta salida para las relaciones comerciales USA-UK, a Tusk parece no importarle que otro de los socios europeos esté en el borde del tablero de juego, ahogado por las exigencias de los otros presidentes.

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La Unió Europea es mou en les crisis en el camí correcte?

La integració supranacional a Europa no ha estat un camí rectilini. Seixanta-cinc anys d’història després de la creació de la primera de les tres comunitats europees ens mostren una evolució a colp de crisi i salts cap endavant. Moviments de reacció que en compte de solucionar els dèficits democràtic i social que la UE portava de partida els han anat agreujant, fins al punt que ja molts es pregunten de manera oberta si Europa viu en una crisi permanent o si és en si mateixa el motiu de la crisi.

Però la veritat és que, malgrat totes les tensions, la Unió ha aconseguit mantenir la seua integritat i els seus objectius de partida, fins al moment. Per fer-ho, ha recorregut a distintes estratègies, que han passat de vegades per no acceptar un “no” per resposta i en altres per forçar un “sí” per diverses vies. Així, no podem oblidar que el camí per a resoldre el “no” de Dinamarca al Tractat de Maastricht va ser fer-los tornar a votar. Una cosa semblant va passar amb els dos “no” d’Irlanda a sengles reformes dels tractats; diferent però també qüestionable va ser el conjunt de reaccions que es van esdevenir després del “no” rotund del poble grec. Qüestió distinta, encara que igualment efectiva, va ser la gestió d’allò que semblava una victòria de la ciutadania contra un projecte europeu que s’allunyava del seu control l’any 2004. Després dels dos “no” a la “Constitució Europea” de França i dels Països Baixos, la UE va fer el seu gran salt endavant aprovant, sense pena ni glòria ni debat públic, el Tractat de Lisboa, que recollia pràcticament tot sencer el projecte rebutjat.

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La Unión Europea se mueve en las crisis ¿en el camino correcto?

La integración supranacional en Europa no ha sido un camino rectilíneo. Sesenta y cinco años de historia tras la creación de la primera de las tres comunidades europeas nos muestran una evolución a golpe de crisis y saltos hacia delante. Movimientos de reacción que en lugar de solucionar los déficits democrático y social que la UE traía de partida los han ido agravando, hasta el punto que ya muchos se preguntan de manera abierta si Europa vive en permanente crisis o si es en sí misma el motivo de la crisis.

Pero lo cierto es que, a pesar de todas las tensiones, la Unión ha conseguido mantener su integridad y sus objetivos de partida, hasta el momento. Para ello ha venido recurriendo a distintas estrategias, que han pasado en ocasiones por no aceptar un “no” por respuesta y en otras por forzar un “sí” por diversas vías. Así, no podemos olvidar que el camino para solventar el “no” de Dinamarca al Tratado de Maastricht fue hacerles volver a votar. Algo parecido sucedió con los dos “no” de Irlanda a sendas reformas de los Tratados; diferente pero también cuestionable fue el conjunto de reacciones que se sucedieron tras el rotundo “no” del pueblo griego. Cuestión distinta aunque igualmente efectiva fue la gestión de lo que parecía una victoria de la ciudadanía contra un proyecto europeo que se alejaba de su control en el año 2004. Tras los dos “no” a la “Constitución Europea” de Francia y Holanda, la UE dio su gran salto adelante aprobando, sin pena ni gloria ni debate público, el Tratado de Lisboa que recogía la práctica totalidad del proyecto rechazado.

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