eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Antonio Franco

Periodista y escritor. Primer director de El Periódico de Catalunya (1978), en 1982 fue nombrado director adjunto de El País para lanzar su edición catalana. En 1988 regresó a la dirección de El Periódico, cargo que ocupó hasta agosto de 2001. Ha sido galardonado con diversos premios como el Luca de Tena, Ortega y Gasset, Antonio Asensio, Creu de Sant Jordi, Ciudad de Barcelona, etc.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 372

No saben qué hacer

Las fotografías de la reunión de la comisión bilateral del Gobierno español y la Generalitat eran expresivas. Recuerden que al acabar el encuentro el desacuerdo era tan grande que ni siquiera se pusieron de acuerdo en eso. La representación catalana lo consideró decepcionante y casi nada fructífero mientras los enviados desde La Moncloa se acogían al éxito formal de que se hubiera regresado a la normalidad institucional pero no hablaban de avances en ninguna materia. Aun así las imágenes confirman algunas cosas positivas. La primera y principal: que hubo reunión. Un contacto demorado siete años sin justificación (salvo que consideremos como tal la abulia de Mariano Rajoy) finalmente se produjo. Un segundo dato que proporcionan las fotos era que a los dos lados de la mesa había gente normal hablando y escuchando pese a sus discrepancias sobre casi todo. Hablando y escuchando, sí, tras años de un largo silencio enconados. Los desacuerdos, con todo, desembocan en un avance: las reuniones seguirán y tienen ya esbozados temarios concretos.

Es difícil deducir lo que buscaba la Generalitat en este primer contacto más allá de dar testimonio de que su prioridad absoluta es resolver el problema de los presos y buscar la manera de que en Catalunya haya un referéndum de verdad sobre la relación con España (enésima confirmación de que el 1 de Octubre fue muchas cosas pero no eso). Es muy difícil deducir nada más porque en este momento el soberanismo no sabe qué hacer y además se le nota mucho. Dice que tiene una República pero no es verdad, y reconoce en cambio que no tiene la mayoría social necesaria para imponerla. Rechaza el autonomismo pero lo ejerce. Y carece de apoyos externos para avanzar. En realidad no sabe si al sentarse con Madrid está ganando o perdiendo tiempo.

Seguir leyendo »

La condenada Justicia española

La renuncia de Pablo Llarena a recurrir ante el Tribunal de Justicia de la UE la negativa legal alemana a entregar a Carles Puigdemont por rebelión significa varias cosas. La primera, que Llarena sabe que allí volvería a perder. La segunda, que no le queda más remedio que aceptar que de forma global la justicia europea considera erróneos los criterios que él (y que se sepa el resto del Tribunal Supremo español) quiere aplicar para castigar como rebelión la actuación del ex president de la Generalitat y sus principales colaboradores. La tercera es que, contra lo que él dice, estamos ante una actuación judicial europea que no cortocircuita el mecanismo diseñado para la cooperación en la persecución conjunta de los delitos. Eso funciona y continuará funcionando bien y España lo sabe perfectamente.

La negativa alemana lo que nos sitúa es ante un caso en el que Europa intenta ampliar las garantías del derecho a una justicia justa que tenemos los españoles desde que pertenecemos a la UE. Esa fue precisamente una de las razones por las que muchos hicimos todo lo posible para que llegase nuestra integración.

Seguir leyendo »

Lunes de Pasión para Torra y Sánchez

A medida que se acercaba este lunes, el de la verdad, el de empezar a ver si las cosas pueden empezar a ser realmente distintas en las relaciones entre los gobiernos de Catalunya y España después de la caída de Mariano Rajoy, el president Quim Torra ha ido moviéndose con aparatosidad lanzando simultáneamente mensajes de buena voluntad conciliadora y amenazas ásperas de ruptura. Es su estilo, dicen. Es lo que debe hacer, dicen. Es lo que sabe hacer, dicen. Es lo que se hace cuando no se sabe qué hacer, dicen.  A estas alturas se ignora si Torra es un genio o un inmenso torpe, si es un prodigio calculando lo máximo que puede llegar a efectuar sin salirse de las pequeñas dimensiones de la baldosa en que puede moverse o un incompetente desorientado que va a tientas y se equivoca continuamente mientras conduce poco a poco a su gobierno a un desastre como el de Carles Puigdemont.

En cualquier caso, a Torra todavía no se le puede juzgar. La política se mide por sus resultados y no se sabe hasta dónde llegará ni lo que conseguirá. Incluso se desconoce qué es lo que busca, si es una autonomía que sea lo que sea pero parezca la preindependència o si persigue un choque con buenas condiciones a su favor. La incertidumbre es muy grande porque además tiene enfrente a un Pedro Sánchez que es tal para cual. El líder socialista posee la característica que los orientales ensalzan de los juncos: la flexibilidad inteligente. Sánchez sobre todo sabe administrar su propia flexibilidad (como lo saben perfectamente sus enemigos de dentro del PSOE) y cuando se inclina hacia atrás suele estar tomando carrerilla y fuerza para soltar un latigazo hacia adelante. En el fondo Torra lo tenía mejor con Rajoy, que era un simple pelotero de frontón. Sánchez juega a muchas más cosas, sabe perfectamente en qué no puede ceder y desea probar la carta del máximo posibilismo sin rebasar los límites.

Seguir leyendo »

¿En el PP, otra vez debate de personas en vez de ideas?

El Partido Popular encara el futuro sin haberse tomado la molestia de intentar aclarar qué le ha pasado y qué le ha llevado hasta donde está. En su seno se intuyen cosas, pero nadie enumera ni sistematiza la naturaleza de los errores, nadie efectúa una autopsia de su propia muerte como Gobierno. Allí se habla de rectificar pero nadie con autoridad reclama ventilar públicamente lo que han hecho mal tanto Mariano Punto Rajoy como persona y líder como el conjunto del partido en su relación de subordinación total y adoración a su presidente.

No se profundiza, al menos de puertas afuera. ¿La corrupción? Existía, hay que evitarla, se debe conseguir que los votantes piensen que ya ha quedado atrás, pero no hay ganas de determinar sus porqués. Ni porqué ha sido tan generalizada, ni porqué se ha consentido, ni porqué se ha protegido tan hasta el final a los investigados. ¿Tiene todo eso relación con una casi imprescindible implicación personal de Rajoy? ¿Continuará evitando a partir de ahora el reingresado registrador de la propiedad el banquillo de los acusados? Si el partido como tal abre este melón en vez de tener un congreso celebrará un psicodrama, pero si no lo hace protagonizará una comedia costumbrista.

Seguir leyendo »

De repente, Rajoy sin coraza ante la justicia

Érase una vez un hombre que confundía política y justicia. O hacía creer que las confundía. Cuando debía hacer política solía pedir que le sustituyesen quienes impartían justicia. Pero no sólo no las confundía, sino que daba prioridad a poder disponer del aparato de justicia antes que al de la política. Resultado: Érase una vez un presidente del Gobierno que consideraba más conveniente que hubiese ministros de Justicia del perfil moral y ético de Federico Trillo, durante la etapa de Aznar, y luego Alberto Ruiz Gallardón o Rafael Catalá en la suya, que la idoneidad de los titulares de Economía, Interior o Asuntos Exteriores. Cuando se analiza la trayectoria de Mariano Rajoy se comprueba que consideraba más trascendentes las maniobras estratégicas y los nombramientos bien calculados en el área judicial que lo referente a nuestra representación diplomática en Bruselas o Washington.

Gracias a ese cuidado y a la fuerza y la inducción de temores que rodean al hecho de ostentar el poder, Rajoy ha vivido revestido de una sólida coraza defensiva en relación a sus responsabilidades legales tanto como máximo dirigente del Partido Popular como en su condición de persona individual. Esa armadura hasta ahora ha sido buena, más buena que la justicia española. Porque a pesar de algunas sentencias concretas llamativas y admiradas, la justicia española ni está bien estructurada ni es eficiente, independientemente de que a muchos ciudadanos les parezca poco imparcial. ¿Y aquellas sentencias aplaudidas? A veces la mala justicia para perpetuarse no tiene más remedio que hacer algo visible, que le salve la cara, en los casos perdidos en que existen evidencias irrebatibles que son de dominio público gracias a los medios de comunicación.

Seguir leyendo »

Rajoy se hunde demasiado tarde

Los sondeos son cada vez más claros: los españoles empiezan a huir de Rajoy casi en desbandada. Es tarde, pero siempre se podrá decir lo de que más vale tarde que nunca. Los españoles de todas partes, empezando por la comunidad de Madrid, huyen de Rajoy como antes lo hicieron los catalanes (tanto los que se sienten españoles como los que no), que electoralmente ya dejaron al PP convertido en una desprestigiada fuerza marginal en su territorio. Empieza a ser evidente que Rajoy se irá pronto. Tal vez hará el gesto de la dignidad, tal vez tendrán que empujarle los suyos; ya muy están asustados por la cantidad de empleos que perderán y por el poco poder real que les quedará después de haber sostenido durante tanto tiempo a un líder capaz de muchas cosas, pero no de hacer política.

El problema es la situación en que nos va a dejar Rajoy. Le gustaba apuntarse todas las cosas positivas que pasaban, cuando son pocos y discretos los logros obtenidos gracias a su inteligencia. Pese al mal olor penetrante de la corrupción durante toda su etapa --los libros de historia con toda seguridad la unirán a su apellido-- él ha sonreído mucho atribuyéndose lo que nos ha ido regalando el viento de cola, pero al final eso ha pasado de favorable a desfavorable. La buena racha económica que se acaba con él (pero no porque él se vaya) se diluye por la subida del precio del petróleo, el alza de las tasas de interés y las inestabilidades económicas que provoca   Trump (que se le parece tanto en el perfil ético y en la capacidad de reflexión)por enredar las relaciones comerciales internacionales.

Seguir leyendo »

Empezamos a protestar mejor

Este país empieza a saber protestar cada vez mejor, a ejercer con un poco de soltura su indiscutible derecho a la queja democrática y a la reivindicación. Lo pudimos comprobar hace poco con las manifestaciones de los jubilados, que fueron amplias, bien coordinadas, serias, razonadas, y al mismo tiempo tan contundentes en su fondo como contenidas en las formas. Ahora lo estamos viendo con el fresco vigor del clamor crítico contra la sentencia de 'la manada'. En este caso si hay líos impresentables son los que nos ofrecen en todo caso la dialéctica defensiva -un tanto desesperada- del mundo judicial y la tradicional ligereza declarativa del ministro Catalá, porque lo que es la calle a partir de su propia convicción actúa con resolución, determinación y eficacia; sabe lo que siente, tiene ideas claras de lo que pretende y protesta con claridad.

La protesta no suele tener demasiada buena prensa porque en este tipo de actuaciones siempre se producen algunos excesos, entre otras cosas porque en este país casi nadie ha puesto el menor interés en enseñarnos a protestar bien y sin servilismos. Pero en los dos casos a los que nos referimos las extralimitaciones callejeras han sido más bien minoritarias e incluso -perdónenme quienes no esté de acuerdo- comprensibles, porque el principal problema de las protestas colectivas es su límite, sencillo de definir teóricamente pero muy difícil de delimitarse en la práctica.

Seguir leyendo »

El descosido se ensancha

Pasan continuamente cosas, brotan noticias y más noticias, pero se equivocan quienes hacen la lectura de que se avanza algún milímetro hacia la solución del descosido. En España ya sabemos que algunos movimientos son trágicos, falsos e inútiles. Si el problema fuesen treinta presuntos locos, ahora que ya los han cazado y los han metido en cajas herméticas, tendríamos la sensación de que nos acercamos a un buen desenlace, pero hasta Mariano Rajoy, que ya es decir, sabe que hoy estamos más lejos que ayer de eso. Cuando dos piezas de un puzzle no encajan sirve de muy poco presionarlas por los bordes ya sea con cuidado o sin cuidado. Para resolver el puzzle hay que hacer otras cosas, pero aquí se ha optado por la presión.

Mariano Rajoy tal vez piense que ha llegado la hora de la justicia, pero tenía que haberse hecho justicia, o por lo menos más justicia, antes. Adelantarse a  la recogida de firmas anticatalanas y ajustar a tiempo el puzle multinacional. Y hacer justicia de verdad, no bromas de mal gusto a partir de los textos legales. A Carles Puigdemont no se le entendía cuando discurseaba; ¿había dicho si o había dicho no? Pero a Rajoy y al juez Llarena (que lo lleva escondido entre los pliegues de la toga) o se les entiende demasiado o no se sabe de que hablan cuando se refieren a la violencia.

Seguir leyendo »

Lluvia fina, pero de ácido sulfúrico

Estos días hemos tenido la oportunidad de entrever el triste futuro imperfecto inmediato de las relaciones Catalunya-España. Han sido algunos anticipos de cómo será la falsa paz en la que estamos encallados (o encanallados), llamando paz (si no es mucho llamarla así) a todo lo que no sean bofetadas físicas o la presencia de la caballería en cualquiera de sus versiones modernas.

- Ejemplo uno. La extremada tirantez de los desencuentros oficiales. Recuerden el acto del Colegio de Abogados de Barcelona. Unas palabras del president del Parlament sobre los políticos presos -él habló de "presos políticos"- tuvieron la respuesta inmediata del abandono de la sala por parte de algunos asistentes, entre los que figuraban varios de los que formaban parte de la mesa.

Seguir leyendo »

Os veo demasiado contentos

Desde Catalunya se aprecia que en el resto de España hay gran distensión tras los problemas que hemos vivido. Es como si el agotamiento de una fase del Procés fuese su final. O como si estuviesen encarrilados los problemas. Nada de eso es verdad.  Se equivoca quien crea que constituir una Mesa del Parlament no obsesionada por despreciar la legalidad (como hacía la dirigida por Carme Forcadell) o quien piense que un desenlace no estridente del pulso por la presidencia de la Generalitat son datos que enmarcan un regreso a cierta normalidad.

Estamos en una tregua generada por cierto realismo y el temor a las decisiones de la justicia. El principio de acción y reacción lleva dos o tres meses cediendo la iniciativa a lo segundo. Las retractaciones ante el juez tienen valor muy relativo. Catalunya las considera técnicas de defensa legal, un cambio de táctica tras la inmensa ingenuidad de los secesionistas que tiraron de la cuerda confiando en que el poder del Estado actuaria acomplejado por miedo al qué dirán de Europa.

Seguir leyendo »