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Ferran Puig Vilar

Ferran Puig Vilar nació en Barcelona en 1953. Es ingeniero de telecomunicación. Alrededor de los 30 años dejó su trabajo como tecnólogo en favor de la edición de publicaciones técnicas y profesionales, habiendo dirigido varias publicaciones y escrito innumerables textos para las mismas durante los 25 años siguientes. Fue director general de Cetisa y presidente de la patronal del sector, la Asociación de Prensa Profesional, entre 1988 y 1996. Desde 2003, y desde 2008 con dedicación exclusiva, ha sido un estudioso independiente (investigador no universitario) del cambio climático desde sus vertientes científica, tecnológica, ética, económica, política, social y comunicativa. Forma parte del grupo “Comunicación y educación en cambio climático” del CENEAM (Centro Nacional de Educación Ambiental, Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Valsaín, Segovia). Desde 2009 es redactor y editor del blog “Usted no se lo cree”.

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Estados de emergencia

Este martes, pasadas algunas semanas tras la publicación del informe del IPCC sobre cómo evitar que la temperatura media de la Tierra supere los +1,5 ºC con respecto a la segunda mitad del siglo XIX, es ya bien conocido por muchos que, a pesar de sus severas aseveraciones y sus crueles predicciones, el informe en cuestión se queda corto en el nivel de alarma global que el texto rezuma por lo menos explícitamente. No resulta extraño, pues desde siempre los informes del IPCC han presentado una situación sensiblemente menos problemática que la cruda realidad estrictamente física. Es más: a cada nuevo informe, de todos los que ha emitido desde 1990, la situación presentada ha sido, sistemáticamente, peor que la anterior en muchos de sus parámetros, también en el pensamiento mágico empleado al sugerir respuestas tecnológicas. Por tanto, algo que podemos inferir de este informe que nos ocupa, es que, en algún grado, presenta una situación de menor urgencia y mayor viabilidad que las estrictamente reales.

Esto puede sorprender a muchos dada la confianza, casi siempre justificada, que se otorga a los hallazgos científicos. Para entenderlo es preciso darse cuenta de que el IPCC no hace ciencia. El IPCC es un organismo de integración ( assessment) de la multitud de trabajos sobre cambio climático, en número de decenas de miles, realizados por centenares de grupos de investigación de todo el mundo. El IPCC no forma parte del método científico propiamente dicho: es una institución que interviene en el proceso de avance científico: sí, la ciencia no es solo un método. Es, también, un proceso de aproximación asintótica a la descripción precisa de la realidad.

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Modelo ETP: se acaba la energía del petróleo disponible (muy pronto)

Tuvieron que ser, y siguen siendo, algunos ingenieros y altos cargos de las grandes empresas energéticas, muchos de ellos antiguos directores de exploración quienes, sólo al jubilarse, se han sentido éticamente llamados a dar a conocer lo que la industria energética oculta celosamente con toda la potencia de su maquinaria: peak oil ya claramente superado por lo menos en términos de crudo estándar y también de energía neta; presiones sobre la metodología y las conclusiones de los sucesivos informes de la Agencia Internacional de la Energía; ocultación de conceptos esenciales para la comprensión cabal de la situación energética mundial; penetración de economistas (sólo neoclásicos) en el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) con su tendencia estructural a aguar el presente y descontar el futuro ... por no hablar del poderoso negacionismo climático, activamente organizado.

Estos exprofesionales jubilados han mostrado ya con suficiente contundencia el detalle de cómo, por razones termodinámicas y geológicas esenciales, es necesario destinar una fracción creciente de energía (y por tanto de capital) para la obtención de los recursos necesarios para propulsar el inmenso Titanic económico en el que viajamos, y que ellos saben –mejor que nadie– de ninguna manera insumergible.

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