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Florent Marcellesi

Eurodiputado de EQUO-Primavera Europea en el Parlamento Europeo.

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La respuesta verde a la juventud por el clima

La juventud por el clima tiene razón: esto es una emergencia climática. Según los científicos internacionales nos quedan 11 años para introducir cambios drásticos y sin precedentes en nuestro sistema social y económico antes de llegar al punto de no retorno. El cambio climático es el mayor reto del siglo XXI. Como dice Naomi Klein, lo cambia todo. Ante ello, solo puede haber una respuesta por parte de las instituciones: acción política urgente para cumplir con el Acuerdo Climático de París y evitar un aumento de las temperaturas de más de 1.5ºC. 

Empecemos por declarar el estado de emergencia climática. Todas las instituciones y actores políticos, económicos y sociales deben implicarse urgente y colectivamente para abordar esta crisis climática. A continuación, es imperioso aprobar una Ley de Cambio Climático, tanto a nivel español como europeo, que establezca la vía para reducir más de un 55% nuestras emisiones de CO2 antes de 2030 como propone el Parlamento Europeo y acciones concretas en tres sectores fundamentales: la energía, el transporte y la agricultura. 

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No seremos cómplices de la ocupación ilegal del Sáhara Occidental

Las relaciones con Marruecos son estratégicas para España y para la Unión Europea. Pero estas relaciones no pueden ser a cualquier precio y sacrificar el Estado de derecho y el derecho internacional ante los intereses económicos y diplomáticos. Es sin embargo lo que hacen los Reyes, el Gobierno español, la Comisión Europea, el PP, PSOE y Ciudadanos. Cuando se trata de Marruecos, el respeto del derecho pasa a ser secundario.

De hecho, la visita de los reyes de España a Marruecos ha coincidido con la votación en el Parlamento Europeo del Acuerdo de pesca entre la UE y Marruecos, que se suma al ya aprobado en enero de Asociación y que permite la entrada de productos agrícolas. Este es un buen momento para recordar el artículo 3.5 del Tratado de la Unión Europea, en el que queda claro que la acción exterior de la UE ha de estar guiada por el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas. Es exactamente lo que advertí en el momento de la votación a mis compañeras y compañeros en la eurocámara: los eurodiputados no estamos por encima de la ley. Y esa ley en este caso es un principio básico del derecho internacional y recordado dos veces por el Tribunal de Justicia Europeo (véase aquí y aquí): no se pueden aplicar acuerdos internacionales a un territorio sin su consentimiento.

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La llave del cambio es verde y no es Vox

Lo hemos oído una y mil veces: “el espacio del cambio”, “las ciudades del cambio” e incluso “el año del cambio”. Parecía claro a qué nos referíamos, pero ahora nos encontramos con Vox defendiendo el “cambio” y, para más inri, en verde.

El cambio puede tener significados muy dispares y se asocia a fuerzas políticas y sociales diferentes dependiendo del momento y el lugar. En España, desde aquel 15 de mayo histórico, millones de voces anónimas conseguimos que “el cambio” significara la esperanza compartida de dejar atrás una época oscura de estafa económica, corrupción estructural y baja calidad democrática. Ese “cambio” comenzó a tomar forma reconfigurando el tablero político surgido de la Transición y llegando a las alcaldías de las mayores ciudades de España. Pero, sobre todo, puso en la agenda nuevas políticas a favor de las personas basadas principalmente en dos grandes pilares: la regeneración democrática y los derechos sociales.

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Chalecos amarillos: la transición ecológica será justa o no será

Nadie los esperaba. Sin partido, sin ideología. En cuestión de días se han colocado en todas las portadas europeas y han hecho recular al mismísimo presidente de la República francesa. ¿Pero, quienes son los “chalecos amarillos”? ¿Revolucionarios modernos o reaccionarios anti-ecología? ¿Y qué lecciones podemos aprender desde España? Veamos.

Primero recordemos el contexto político francés: no es nada boyante para Emmanuel Macron y su gobierno. Con una cuota de popularidad por los suelos, el presidente galo enfrenta graves dificultades desde este verano. Además del 'escándalo Benalla', la dimisión del popular ministro ecologista Nicolas Hulot puso en evidencia que quien gobierna en Francia son los lobbys agroindustriales de la energía nuclear y de la caza.

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¡Liberémonos del crecimiento!

El pasado 17 de septiembre, más de 200 científicos de diversas disciplinas firmaron una carta abierta publicada en varios diarios europeos. En ésta, abogan por una ruptura con el modelo económico centrado en el crecimiento económico y la competitividad, y denuncian la devastación tanto a nivel ambiental (cambio climático, agotamiento de los ecosistemas, extinción de especies, ¡incluida la nuestra!) como a nivel social (explosión de desigualdades, pérdida de identidad...). Este texto firmado por economistas, expertos en derecho laboral, doctores en ciencias ambientales, sociólogos, epidemiólogos, etc. precedió a una conferencia sobre el "post-crecimiento" celebrada en el Parlamento Europeo los dos días siguientes. Este evento, propiciado por los eurodiputados verdes y apoyado por eurodiputados de otros cuatro grupos políticos, tuvo como objetivo abrir la caja negra de los modelos económicos neoclásicos y crecentistas que sustentan la toma de decisiones políticas. 

La conferencia también tenía como objetivo allanar el camino para liberar a Europa de las garras del crecimiento económico. Desde la década de 1970, la caída ha sido escalonada pero constante, y la OCDE anunció en 2014 que el crecimiento de las economías de los países ricos sería de medio punto porcentual anual de aquí a 2050. Sin embargo, si "gobernar es planificar", como líderes políticos, es nuestro deber anticipar las implicaciones de este declive estructural y extraer las consecuencias para garantizar el interés general. De hecho, hoy en día, el pago de las pensiones y el desempleo, así como el reembolso de las deudas públicas y privadas (que son el doble de las públicas) se basan en el crecimiento. En nombre de la justicia y de la paz social, sería irresponsable no buscar alternativas a este estancamiento que, además, da alas a todos los extremos. 

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Hacia una España decisiva en la política climática internacional

Por primera vez, el calentamiento global ya ha alcanzado 1ºC. Si queremos limitarlo a 1.5ºC como establece el Acuerdo Climático de París, los/as expertos/as climáticos/as internacionales no dejan dudas: hay que actuar más rápido y con más ambición. No solo para evitar los costes de una catástrofe humanitaria inimaginable sino también para aprovechar la oportunidad social y económica que representa ir hacia un modelo limpio y responsable. Desde España, recojamos el guante lanzado por la comunidad científica y seamos líderes de esta transición justa y ecológica en Europa. El nivel de ambición de nuestro país puede ser realmente decisivo. Veamos por qué y cómo.

Lo primero de lo que nos alerta el comité de expertos/as en su informe es de los enormes impactos de un aumento de temperatura de más de 1,5ºC en términos de costes sociales, económicos y ecológicos. ¿Os imagináis una Andalucía sin olivos, una Rioja sin vino, una Valencia sin naranjas o un Euskadi sin playas? Con una temperatura media 2ºC más alta, esto deja de ser una hipótesis. Gran parte del sur de España se convertiría en un desierto de aquí a finales de este siglo, con sus incalculables consecuencias sobre el empleo, la economía y la cultura de los territorios afectados. Si no actuamos de forma rápida y eficaz, los migrantes climáticos de las próximas décadas en Europa serán trabajadores y ciudadanos del sur español.

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El futuro de Europa será negro o verde

El futuro era esto. La revolución tecnológica y digital ha traído un mundo extremadamente interconectado, abriendo oportunidades democráticas y retos económicos hasta ahora impensables. Al extenderse la globalización, las interdependencias y nuevas formas de gobernanza transnacional, la idea de Estado-nación está dejando paso a nuevas formas de entender los derechos civiles, la participación política y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. La acumulación de la riqueza en pocas manos se ha intensificado y el poder de algunas corporaciones multinacionales ha alcanzado niveles obscenos. Por su parte, el modelo de desarrollo basado en la industrialización, el crecimiento infinito y el consumismo desenfrenado ha tocado techo a medida que las reservas fósiles en las que se cimentaba se comenzaron a agotar. El calentamiento global ya es una realidad a contener y, con él, la desestabilización climática y sus efectos en forma de desastres naturales, migraciones masivas y pérdidas económicas. La contaminación del aire, el suelo y la pérdida de biodiversidad, así como la alimentación 'low cost', empiezan a tener impactos serios en nuestras ciudades y campos, en nuestra salud y en el bienestar animal. ¿Y ahora qué?

La magnitud y urgencia de estos retos globales exigen altas dosis de realismo, responsabilidad y visión política, desde el nivel local hasta el europeo. Las recetas de ayer son inútiles para seguir asegurando la prosperidad económica y la calidad de vida de las personas en el mundo de hoy y mañana. La ciudadanía está lista para un cambio de rumbo, pero hay una política fósil en Europa que se resiste, una opción inmovilista que cree que su modelo obsoleto solo necesita un cambio estético, un poco de simbolismo y una pincelada verde. Lo hemos visto en el gobierno de Emmanuel Macron. La reciente dimisión de su ministro de “Transición Ecológica”, Nicolás Hulot, demuestra que lobbies como las eléctricas, la agroindustria o la caza son quienes llevan las riendas del ejecutivo francés. Pero también en el Gobierno de España, mientras la transformación ecológica no sea asumida como prioritaria y transversal en todas las políticas, y mientras medidas simbólicas como la recepción del Aquarius tengan las devoluciones en caliente y los CIE como la otra cara de la misma moneda. ¿El resultado? La frustración: el combustible del populismo reaccionario.

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Ciudades que salvan vidas

Más de un siglo de industrialización y desarrollo económico basado en combustibles fósiles ha ido degradando progresivamente nuestro medio ambiente de muchas maneras, siendo una de ellas convertir en irrespirable el aire de las ciudades. Se trata de un grave problema de salud, reconocido por la OMS, que requiere soluciones políticas de forma inmediata. El 54% de la población mundial vive en ciudades. En Europa, la cifra aumenta al 75%, y en EEUU al 82%. Entre los múltiples problemas que estos niveles de aglomeración humana provocan, la movilidad es uno de los más importantes.

La necesidad de desplazarse de forma cómoda y rápida, unido al rápido desarrollo del capitalismo y el culto a la propiedad y los bienes materiales, tienen como consecuencia una cifra espectacular de vehículos privados, la mayoría de ellos con motores de combustión. Esto provoca uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos como sociedad urbana: la contaminación atmosférica.

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El pueblo saharaui tiene la ley de su parte (II)

El 21 de diciembre de 2016, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló que el acuerdo agrícola entre la UE y Marruecos no se podía aplicar al territorio del Sáhara occidental, por ser “un territorio distinto y separado” de Marruecos. El pasado 27 de febrero, el Tribunal de Justicia de la UE ha vuelto a respaldar jurídicamente al pueblo saharaui: el acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos no se puede aplicar al Sáhara occidental. Constituiría una violación del derecho internacional.

Teniendo en cuenta que el 91,5% de las capturas realizadas a través del acuerdo de pesca se realizan en aguas saharauis, tanto las instituciones europeas como los Estados miembros se encuentran en un vacío legal. Y sobre todo esta decisión afecta directamente a los pescadores europeos, quienes desde el martes se encuentran faenando ilegalmente y con una total incertidumbre jurídica en las aguas saharauis. 

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Mujeres y cambio climático: dos caras de una misma lucha

Cuando hablamos de cambio climático solemos evocar la imagen de un oso polar surcando en un trozo de hielo, en medio de un Ártico derretido. Pero cada vez más, los medios de comunicación nos muestran otras dos imágenes bipolares: víctimas del cambio climático (mayormente mujeres) y representantes en las cumbres internacionales sobre el clima (mayormente varones). Pero las interrelaciones van mucho más allá de reconocer a las mujeres como las principales víctimas del calentamiento global o de denunciar la falta de representación de mujeres políticas en las cumbres mundiales. 

¿Cuál es entonces la conexión entre cambio climático y desigualdad de género? Ambas lacras sociales corresponden a un mismo modelo socioeconómico productivista y patriarcal basado en la sobreexplotación y en el acceso desigual a los recursos naturales, a la tierra, a los créditos o la tecnología. Un mundo donde las repercusiones climáticas acentúan aún más las desigualdades de género existentes y donde la desigualdad impide una lucha eficiente y justa contra el cambio climático. 

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