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Guillermo López García

Profesor de Periodismo en la Universidad de Valencia. Interesado en la comunicación política y los nuevos medios de comunicación. Mucho de lo que sé sobre ambas cosas lo he aprendido merced a mi participación, desde hace ya trece años (2000), en La Página Definitiva, y más recientemente en su adaptación para hablar específicamente del fascinante mundo de la política valenciana: La Paella Rusa.

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Cada vez más propaganda… y menos votos

Ya ocurrió hace ahora un año, durante la campaña de las Elecciones Europeas. Paulatinamente, nos decían los sondeos y muchos medios de comunicación, daba la sensación de que al bipartidismo se le perdonaban sus pecadillos de juventud. Los sondeos mostraban datos al alza para PP y PSOE, y sobre todo para el PP, en premio a la consolidación de la recuperación económica. La oposición se desinflaba. ¿El 15M? Gente voluntariosa, en el mejor de los casos; agentes perrofláuticos pagados con el oro de Venezuela, en el peor. En todo caso, un movimiento sin sustancia ni realismo. ¡Que monten un partido y se presenten a las elecciones!

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Andalucía: Susanazo en toda regla

Los resultados de las elecciones andaluzas no se han alejado demasiado de lo que decían las encuestas. Y esa es la noticia: que vivíamos –vivimos- en tal incertidumbre perpetua, con encuestas, rumores y vaivenes electorales tan pronunciados, que unos resultados previsibles (o, al menos, según lo previsto) suponen, en sí, una sorpresa.

El PSOE se jugaba mucho en este adelanto electoral. Flaquear en el máximo bastión, que es también la comunidad autónoma más importante (la más poblada, la que más escaños reparte en unas Elecciones Generales), habría dejado muy tocados a los socialistas de cara al maratón electoral que nos espera, y que hoy apenas hemos empezado. La apuesta, sin duda, le ha salido muy bien a Susana Díaz. Los resultados  pueden resumirse en que, en apariencia, al PSOE (al PSOE andaluz) no le ha afectado en absoluto la gestión de Gobierno en estos tres años, ni los casos de corrupción. Como ya le ocurriera a Zapatero en 2008-2011, la crisis se la come, fundamentalmente, quien manda en el gobierno central, no los barones autonómicos. Los dirigentes autonómicos, si saben jugar bien sus cartas, pueden salir indemnes o casi indemnes… siempre y cuando le echen convincentemente la culpa a quien esté en Madrid.

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El cum laude secreto de Camps

Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana, ha vuelto esta semana al primer plano de la actualidad por dos razones diferentes: su imputación en el caso de los contratos de la Fórmula 1 (uno de los desfalcos de dinero público más impresionantes que dejó Camps como legado político; y miren que eso tiene mucho mérito, que había mucha competencia) y la publicación en el diario El País de una investigación sobre las peculiaridades de su tesis doctoral, que Camps leyó en febrero de 2012.

Camps anunció que estaba elaborando una tesis doctoral en junio de 2011. El tema de la disertación era una propuesta para reformar el sistema electoral español, dirigiéndose hacia un modelo mayoritario uninominal similar al inglés o al estadounidense. La reforma se proponía tanto para ambas cámaras del Parlamento español (Congreso y Senado) como para los autonómicos. También se propugnaba la elección directa de los alcaldes, una proposición clásica del PP que en los últimos meses, conforme las encuestas les daban peores resultados, se ha puesto en segundo plano.

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Pablo Iglesias está de enhorabuena

"Hay [un vídeo] en el que hemos visto a Pablo Iglesias defender la salida de los presos de ETA de las cárceles. Esta semana está usted de enhorabuena entonces...". De esta peculiar manera le preguntó Sergio Martín, director del Canal 24 Horas de TVE, a Pablo Iglesias si era íntimo de los terroristas de ETA o simplemente le caían bien. Por el mismo precio, podría haber metido Cuba, Venezuela y Rodrigo Rato en la ecuación, pero quizás no se sentía tan inspirado.

La infame pregunta fue el colofón de una sucesión de ataques desmedidos, preguntas obscenamente tergiversadas y sesgos sistemáticos en  la entrevista a Pablo Iglesias el pasado viernes, en el programa La Noche en 24 Horas. La pregunta, y el conjunto del programa, han generado un escándalo considerable, que ha llevado al Consejo de Informativos de TVE a exigir la dimisión de Sergio Martín, dado su alejamiento de cualquier forma de ecuanimidad o imparcialidad periodística.

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El dilema: ¿adelantar o no adelantar las elecciones generales?

La hoja de ruta de este gobierno para la recta final de la legislatura era, hasta hace un par de meses, muy clara: había una recuperación económica en marcha, proclamaba el Gobierno en todos los foros, políticos, económicos y desde luego mediáticos, a su alcance (que son muchos); y pronto los españoles comenzarían a notar sus efectos.

El escenario político posterior a las elecciones europeas había generado una enorme incertidumbre en torno a las posibilidades reales de Podemos, así como respecto de la erosión del bipartidismo. Pero esa incertidumbre, durante mucho tiempo, se centró en el entorno del PSOE y la izquierda española. Por eso dimitió el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, poco después de las Europeas, y por eso el PSOE escogió a su sustituto en un proceso de primarias. Y por eso, también, asistimos, incluso antes de la llegada de Pedro Sánchez, a un vertiginoso proceso de abdicación y coronación que dejase la monarquía, por lo pronto, atada y bien atada. No fueran a encontrarse, un par de años después, que el nuevo PSOE ya no era tan monárquico, o que sencillamente ya no era un partido mayoritario. 

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Si Cataluña se independiza…, ¿qué pasaría con “el resto”?

Los argumentos a favor y en contra de la independencia de Cataluña se centran fundamentalmente, como es normal, en si un eventual Estado catalán independiente puede ser viable o no. Es decir, en cuál sería su futuro. Si entraría o no en la Unión Europea, podría usar el euro (suponiendo que esto sea una ventaja) o tendría que acuñar moneda. Si se haría cargo de su parte alícuota de la deuda, podría pagar las pensiones y salarios de los funcionarios, y si el comercio con España y otros países de la UE se resentiría (seguro que sí), y en qué medida (esto es más difícil decirlo).

El eje de la discusión está aquí, puesto que de la opinión que tengan los ciudadanos catalanes sobre cuál sería su futuro como Estado independiente derivará, en buena medida, su posición al respecto. Excluidos los factores económicos y pragmáticos, queda el sentimiento identitario: me quiero independizar porque me siento catalán, o bien prefiero quedarme con el resto de España porque me siento español. Un factor importante, pero insuficiente para forjar mayorías en un sentido u otro; de hecho, muchos de los catalanes hoy independentistas se sienten tan españoles como catalanes.

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La reforma electoral y el “espléndido aislamiento” del PP

A finales del siglo XIX se acuñó una expresión, “espléndido aislamiento”, para definir la política exterior británica, caracterizada por rehuir las alianzas permanentes con cualquier otra potencia. El imperio británico consideraba que, gracias a sus recursos, su población, la fortaleza de su economía y, sobre todo, su gigantesca flota (mercante y de guerra), podía permitirse llevar a cabo una política totalmente independiente, guiada por sus exclusivos intereses sin que tuvieran que verse arrastrados a conflictos indeseados por causa de sus alianzas. Como es sabido, dicha política no tuvo continuidad en el siglo XX, por razones de fuerza mayor (dos guerras mundiales).

Durante décadas, el PP ha seguido en España esa política de “espléndido aislamiento”. Una política que, en este caso, deriva tanto de la falta de interés de otros partidos por aliarse con el PP como de la escasa necesidad que ha tenido este partido por aliarse con otros. Por un lado, los otros partidos rehúyen al PP porque este partido suele dar, muy a menudo, el abrazo del oso. La naturaleza hegemónica del PP en la derecha española, obtenida trabajosamente a partir de 1982, le ha llevado a integrar en su seno a los restos de la UCD, primero; al CDS (invento de Adolfo Suárez que aspiraba a cierta posición de arbitraje en la política española, como partido bisagra y que desapareció en tres legislaturas) después; y a diversos partidos regionalistas con los que se alió para forjar mayorías en municipios y comunidades autónomas.

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Ávidos de información... y de encuestas

Desde que comenzó la crisis económica, vivimos un escenario de evidente decadencia electoral de los dos partidos políticos que se han alternado en el Gobierno de España (y de la mayoría de ayuntamientos y comunidades autónomas) a partir de 1982: primero el PSOE, en las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2011, y después el PP, en los recientes comicios al Parlamento Europeo, han visto comó una parte sustancial de su electorado les abandonaba para irse a otras opciones o a la abstención.

Por razones variadas (ineficacia en la gestión, incapacidad de interpretar los intereses e inquietudes de los ciudadanos, alejamiento de la realidad social, corrupción…), muchas de ellas sustanciadas en la crisis económica, en pocos años el apoyo a PP y PSOE se ha reducido más de treinta puntos desde su momento álgido. Es un desplome en toda regla, que podría tener profundas consecuencias electorales a medio plazo, cuando volvamos a las urnas en la nueva tanda electoral de 2015 (municipales, autonómicas y generales). Y que, evidentemente, preocupa mucho a estos partidos.

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Las elecciones europeas de las crisis: giro a la izquierda y hundimiento del bipartidismo

Hace un tiempo, con motivo de un análisis académico de las elecciones europeas de 2009, aventurábamos que se detectaban factores de desgaste en los partidos mayoritarios que con la evolución de la crisis, previsiblemente, irían a más. En realidad, no por causa de la crisis, sino de las crisis, en plural. Porque, desde hace ya cinco años, lo que castiga a la ciudadanía europea y a las propias instituciones de la Unión no es sólo un problema económico. También lo es social, político e, incluso, de identidad.

No resulta extraño, en consecuencia, que se manifieste un rechazo notable a los que son los actores privilegiados del proyecto europeo. Rechazo que se traduce en poca participación (a falta de computar el voto en el extranjero, la participación ha subido ligerísimamente en España respecto de las pobres cifras de 2009, en torno a un 45%), pero sobre todo en una expresión del voto que da la espalda a los grandes partidos.

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¿Acaso los votantes no leen la prensa?

Los grandes medios españoles recibieron los resultados de ayer con estupefacción, al igual que los dos grandes partidos. Pero, tras la sorpresa inicial, supieron reorientar rápidamente el asunto. Como PP y PSOE han bajado del 50% de los votos entre los dos (por no hablar de su magnífico resultado en Cataluña), estaríamos ante una situación ingobernable; algunos votantes son muy poco responsables y votan opciones antidemocráticas (y en Cataluña, ya ni les digo cuántos de esos votantes hay); ya volverán los votantes de PP y PSOE (que lo sepan los votantes abstencionistas: cuando vuelvan a votar, más vale que vuelvan a donde han de volver, que son “sus” votantes); y si no recuperamos los suficientes votantes, ya armaremos una Gran Coalición defensiva contra la miríada de partidos chavista-independentistas que pululan por ahí.

Previamente,  llevábamos semanas leyendo historias en la prensa, avaladas por los sondeos, sobre el repunte del bipartidismo. PP y PSOE, a última hora, iban mejorando. Sus alternativas, clásicas o modernas, se desinflaban. Y Podemos… Sí, Podemos igual sacaba un escaño.

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