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Javier Lorente Doria

Javier Lorente Doria es periodista. Desde marzo de 2018 es director de Contenidos en SER Navarra y cuenta noticias todos los días en Hora 14 Navarra. Desde 2012 también cubre la información de Navarra para El País, especialmente la relacionada con la política. 

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Miedo

Berliner Unterwelten.

Es una de las visitas que no hay que perderse cuando se va a la capital alemana. Se trata de un recorrido guiado por personas voluntarias por los antiguos búnkeres del Berlín de la Segunda Guerra Mundial en el que además de lo que se ve, merece la pena lo que se cuenta. Una de las historias más curiosas que, cuando estuve, contó un joven hijo de emigrantes uruguayos que guiaba la visita en castellano era que los nazis, cuando llegaron al poder señalizaban puertas de almacenes del metro, o simples armarios, como refugios para supuestos bombardeos. Hablamos de mucho antes de que Hitler invadiera Polonia y comenzara la guerra en sí. Años previos en los que mientras la comunidad internacional no hacía nada por evitar lo que ya estaba ocurriendo con disidentes y judíos en Alemania, los nazis repartían mascaras anti gas, que ni siquiera funcionaban, entre la población. Esas máscaras inservibles también las ves en Berliner Unterwelten y para lo que servían era para crear la sensación de miedo a un ataque extranjero en la ciudadanía lo suficientemente anestésica para justificar las medidas que llevaban a cabo los nazis.

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Líneas rojas

“¿Y usted, qué líneas rojas plantea a la hora de buscar acuerdos?”

Se ha convertido en la pregunta ineludible en cualquier entrevista a alguien que se presenta a unas elecciones. En el tiempo de las mayorías absolutas no hacía falta preguntarlo, porque quienes se presentaban lo hacían pensando en que si ganaban no tendrían que preocuparse por aguantar a gente de otros partidos en su casa. Pero eso ya acabó y ahora tienen que fajarse en la negociación si quieren lograr el cetro.

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La cigüeña

Todo el mundo sabe que a nadie nos ha traído una cigüeña desde París. Sin embargo, salvo alguna rara excepción, a nadie le ha dado sus padres detalles concretos de cómo le hicieron. Sólo pensarlo nos da una rarísima sensación indescriptible y no se nos suele ocurrir preguntarles sobre aspectos más o menos escabrosos de aquella noche o día en el que un espermatozoide se introdujo en el óvulo de nuestra madre. 

Lo que hemos vivido durante este verano en la política nacional se parece bastante a esa sensación que podríamos experimentar si nuestra madre nos diera detalles del momento de nuestra concepción. Quizás sea cosa de los nuevos tiempos y pronto la gente suba a la red Instagram stories con ese tipo de particularidades para que familia y futuros descendientes sepan todo al detalle. Quizás entonces descubramos que es algo sano para conocer nuestro origen sin tabúes ni complejos. Quizás.

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Nuevos viejos tiempos

Sostiene el filósofo Daniel Innerarity en su ¨Política en tiempos de indignacion¨ que “cualquiera que no esté en el gobierno representa al cambio, que no es un valor ni de izquierdas ni de derechas, sino de la oposición”. En 2015 alcanzaron gobiernos municipales y autónomos partidos y candidatos que, en su mayoría, no habían pisado un despacho oficial en su vida y se autodenominaron gobiernos o ayuntamientos “del cambio”. Una denominación que crearon ellos pero luego los medios de comunicación han repetido y propagado acríticamente durante los 4 años siguientes. En realidad, los gobiernos “del cambio” se convirtieron en pocas semanas en gobiernos a secas. La oposición “del cambio” vio su llegada con el mismo estupor con el que la nobleza versallesca vería cómo los sans-culottes se bebían sus vinos a morro. Se les pasó rápido y se pusieron en la labor de recuperar algo que han considerado siempre propio por derecho y no por resultado de la elección popular. 

Una de las armas más eficaces para convencer al electorado de la necesidad del retorno de “los de siempre” ha sido la apelación a la tradición como si de un tótem tribal se tratara en los intentos de los gobiernos “del cambio” por establecer límites entre lo civil y lo religioso.

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Adoquines o losetas

La disyuntiva se dio en la década de los 90. Entonces, el Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por un tripartito entre CDN, PSN e IU, comenzó la peatonalización del casco viejo de la ciudad. Comenzó la eliminación de las angostas aceras y el pavimento elegido en un principio fueron unas losetas de piedra caliza. Y ahí llegó la polémica.

Grupos ciudadanos consideraron que la loseta era un pavimento ajeno a la “tradición” pamplonesa. Las calzadas en el casco viejo eran de adoquín. Un pavimento incómodo para el calzado, las bicis, los carritos y propenso al charco en una ciudad lluviosa, pero muy “de aquí”. En la pelea de adoquines contra losetas coincidieron dos sectores que se separaron ideológicamente a principios del siglo XX pero siguen unidos en la defensa de “lo de siempre” y en la vehemencia de sus posiciones: nacionalismo vasco y navarrismo españolista.

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7 de enero

La sensación de pasear un 7 de enero. Ese día siguen colocadas las luces en la calle, pero no se encenderán cuando caiga el sol.  La gran mayoría de los hogares ya ha retirado la decoración navideña. Pese a que el mercado de los pinos de plástico los ha dejado ya como una rareza, todavía se ven ese día algunas copas de pino, a las que las lucecillas de colores han dejado chuscarradas, abandonadas en los contenedores de basura junto a cajas de cartón vacías que pocas horas antes contenían juguetes.

Seguramente en el mundo anglosajón tendrán un término para describir esa sensación, pero es la misma que llega al pasear por cualquier ciudad el día después de unas elecciones. Continúan los carteles con las caras de las personas candidatas en las marquesinas de los autobuses y en esas banderolas que siguen colocando en las farolas. Siguen con su media sonrisa y sus defectos camuflados por el programa de retoque fotográfico. Como ya sabes los resultados, dan ganas de gritarle al cartel para que deje de sonreír estúpidamente. Con la propaganda de los que han ganado recuperas la sensación de las cajas de juguetes el 7 de enero; “ya no vales para nada, pero has traído felicidad”.

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Disculpas hispanas

Plaza del Chorro de Quevedo, Bogotá, noviembre de 2018. Visitantes y locales pasean por el lugar donde la Historia asegura que se fundó la ciudad 480 años antes, entonces con el nombre de Santafé. Varios puestos ofrecen camisetas de fútbol y artesanías. En uno de ellos, un aparato reproduce una canción. Suena “Despellejo”, de Marea.

Estar en un lugar a 8200 kilómetros de tu casa y oír cómo a quien ha elegido ponerla le produce los mismos sentimientos que a ti una canción escrita y cantada por un tipo en un pueblo, Berriozar, por el que pasas cada día al ir a trabajar. Eso es para mí la hispanidad.

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Capital riesgo

Lleva el Parlamento navarro desde principio de este curso enfrascado en una comisión de investigación sobre las inversiones fallidas de Sodena, la sociedad pública de capital riesgo. La chispa de la comisión la encendieron los 2,6 millones de euros que esta sociedad invirtió en Davalor, una iniciativa tecnológica que pretendía comercializar máquinas de diagnóstico visual mediante videojuegos. Fue la primera inversión de Sodena del actual vicepresidente Manu Ayerdi y, según confesó él mismo, un empeño personal. La empresa está en concurso desde julio pasado y las pocas máquinas que ensambló no funcionan porque no tienen ni para la luz.

La mayoría de gobierno quiso aguachinar el objeto de la comisión ampliándolo a todas las inversiones fallidas de la sociedad, sucedidas durante el mandato del actual principal partido de la oposición. Capital riesgo e inversión fallida parecen conceptos bastante cercanos, pero es bueno que el sector público estudie si puede hacerlo mejor con el dinero de todos. Hay una de ellas especialmente llamativa; los 3,7 millones perdidos en Echauri Forestal. La empresa prometía que sus árboles, cerezos, robles y nogales, crecían al doble del ritmo normal. En 2014, con la firma ya quebrada, una comisión parlamentaria visitó los terrenos donde hacía más de 10 años se habían plantado los árboles supuestamente milagrosos y resultó que pasaban ligeramente de la categoría de arbusto.

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El silencio

Guillermo lo rompió la última semana de febrero. Ni siquiera es su nombre verdadero, porque prefirió un alias y la voz distorsionada para que escucháramos su historia en la SER. Lo hizo así porque nos cuenta que ni siquiera su hijo conoce lo que pasó en la enfermería del colegio de los Reparadores de Puente La Reina en la década de los 70. Sin embargo, si algún día decide desvelar quién es, su hijo estará muy orgulloso de tener un padre tan valiente.

Guillermo ha roto el silencio existente en Navarra sobre algo de lo que, incluso el delegado diocesano de Educación, llegó a asegurar en televisión que nunca se había producido en colegios religiosos en la comunidad: los abusos sexuales. Guillermo relató lo que había sufrido a manos del encargado de la enfermería cuando apenas tenía 12 años.  Mucho tiempo después, al morir su hermano, descubrió en su carta de despedida que él también había pasado por los mismos abusos a cargo de la misma persona.

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Participa, que algo queda

Una de las demandas principales de las movilizaciones en torno al 15 de mayo de 2011 fue una mayor participación directa de la ciudadanía en las decisiones de sus instituciones. “No nos representan”, era uno de los gritos más coreados en las plazas que, durante varias semanas, trataron de emular el ágora ateniense de la época clásica. Del 15-M surgieron partidos y representantes políticos que, con mejor o peor fortuna, han llegado a las instituciones la última legislatura municipal y autonómica. Y también con desigual fortuna ha llegado la participación ciudadana en sus decisiones.

No es una institución, sino una entidad deportiva, la que arranca esta semana uno de los procesos más curiosos de participación directa. Lo hace en una decisión en la que, de quienes vamos a tomarla, un porcentaje mínimo tiene criterio para elegir. Se trata del proceso de elección, entre la masa social de Osasuna, del proyecto que queremos para reformar el estadio de El Sadar. Cinco proyectos arquitectónicos, con sus empresas constructoras, se lanzan esta semana a la conquista del favor de las 14.000 personas que votan con visitas virtuales a un estadio en holograma, publicidad en medios y hasta invitándoles a cañas.

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