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Jesús C. Aguerri

Doctorando en sociología en la Universidad de Zaragoza

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Sobre las contradicciones del fascismo y las contradicciones propias

Parece que el fantasma vuelve a recorrer Europa. A veces a ese fantasma lo llamamos fascismo, otro totalitarismo, ultraderecha, neo-fascismo, populismo de derechas y de otras tantas maneras según lo creativos que nos pongamos. Siempre nos cuesta ponerle nombre. Nos asustamos primero y luego nos sumergimos en debates sobre qué es realmente el fascismo. Este es un movimiento bastante lógico porque, mientras discutimos sobre qué es eso que nos da miedo, retrasamos el momento de enfrentarlo. Además, quizás al diseccionarlo descubramos que no estamos ante verdadero fascismo, quizás podamos concluir que "la cosa" sólo era un poquito fascista. Tenía unos elementos y no otros, así que es tolerable. No habría por tanto nada de lo que preocuparse.

El problema es que el fascismo rara vez respeta su propia ortodoxia. Como sostiene Žižek, “en todo verdadero fascismo encontramos elementos que nos hacen decir: «Esto no es puro fascismo»”. Al fascismo lo caracteriza un discurso completamente contradictorio. Una sucesión hipócrita de consignas que se contradicen constantemente.

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El delito de autoadoctrinamiento o por qué deberíamos cuidar lo que leemos

Como hace unos días se expuso ante el Parlamento Europeo, la libertad de expresión en España se está viendo seriamente amenazada. Tristemente, todos conocemos casos de personas condenadas, encarceladas o forzadas al exilio por haber ejercido este derecho. La punta de lanza de esta ofensiva contra nuestros derechos ha sido -con perdón de otros tipos penales también incompatibles con un Estado de Derecho- el delito de enaltecimiento del terrorismo. Este tipo penal se está usando para encarcelar a aquel que manifieste en público cierto discurso que, a ojos de la justicia, pueda ser considerado radical y, por tanto, intrínsecamente peligroso.

Sin embargo, acusar de enaltecimiento del terrorismo no es la única forma que tiene nuestro estado de encarcelar a quien considere un radical. Existe en nuestro código penal la posibilidad de condenar a penas de entre 2 y 5 años de prisión a todo aquel que acceda regularmente, o posea, contenidos que, como reza la ley: “estén dirigidos o resulten idóneos para incitar a la incorporación a una organización o grupo terrorista, o a colaborar con cualquiera de ellos o en sus fines”. Esta posibilidad de encuentra recogida en el artículo 575.2 del Código Penal, y se conoce como delito de autoadoctrinamiento terrorista.

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Cuidémonos del populismo punitivo

A veces ocurren cosas horribles. Lo horrible, de hecho, ocurre constantemente. A veces lo dejamos correr. “Cosas que pasan”, se dice, porque ningún sistema es perfecto. Otras veces vestimos lo horrible con aspectos, rostros y marcas, señas de víctimas y también de verdugos, y volvemos a comprobar que el ser humano puede hacer cosas horribles. Lo que antes era difuso, la larga cadena que conectaba a la víctima y al verdugo, se torna muy claro de repente: salta a escena un monstruo (o más de uno) cuya imagen apreciamos con aparente nitidez. Automáticamente todos volvemos la mirada hacia el sistema penal, esa máquina presuntamente creada para proteger nuestros bienes más importantes de las más graves agresiones. La ilusión nos embriaga porque empuñamos la gran espada penal y, por un instante, la creemos nuestra.

La primera decepción tarda poco en llegar: una espada no repara, no sirve para arreglar nada, lo que ha sido destrozado no recompondrá sus piezas por violento, certero o “ajustado a derecho” que sea el golpe. Pero golpeamos, golpeamos más y más fuerte, convencidos de que eso es “hacer justicia”. Si quien viola la norma genera un mal y daña al orden en su conjunto, quienes golpean de vuelta generan otro mal en sentido contrario. En su versión menos sofisticada, esto se llamó ley del talión. En su versión más refinada, lo llamamos “fundamento retributivo de la pena”. Este golpe de vuelta debería, se supone, restituir simbólicamente el orden dañado, pero el golpe nunca es lo bastante fuerte. Jamás sentimos haber arreglado nada. Quizá sea porque de ese modo jamás se ha arreglado nada.

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Lo que encubre y lo que muestra el protagonismo mediático del Derecho Penal

Últimamente parece que el Derecho Penal está en todas partes. Sobrevuela a cada programa informativo la supuesta necesidad de encerrar de por vida a ciertos sujetos. El exGovern catalán –junto con otros líderes independentistas– está en prisión acusado de graves delitos. Los jóvenes de Altsasu llevan centenares de días en prisión provisional. Varios raperos están a punto de entrar en la cárcel por cantar. Algunos de los encausados en las “Operaciones Araña” ya aguardan en prisión y otros quizás se les sumen pronto. Y, verbigracia de una tremenda desgracia (así se dice cuando se muere un pobre), nos hemos enterado de que los manteros también son delincuentes que atentan contra la propiedad intelectual e industrial. De repente, todo se ha vuelto violencia, sobre nosotros parecen cernirse cientos de amenazas ante las cuales solo podemos responder con todo el peso del Derecho.

Todo parece girar en torno al Derecho Penal, parece ser el último recurso que nos queda antes de sucumbir al caos. A través de las pantallas nos susurran que las amenazas están en todas partes, que los manifestantes, antes sonrientes, ahora amenazan con quemarnos y que nuestra paz está en serio peligro por culpa de lo que alguien dijo en twitter. Ante esto, el Derecho Penal, esa herramienta creada para protegernos de las más graves formas de agresión contra los bienes jurídicos más importantes, parece que debe volverse hiperactiva. Cada día ocupa unos segundos más en nuestros “mejores” magazines. Ante esta situación, es normal preguntarse ¿Qué está pasando? ¿Por qué esta necesidad repentina de encarcelar?

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Educar en “la Defensa” es educar en el “no-Derecho”

La semana pasada conocíamos el temario que Defensa quiere implantar en los colegios. La bandera, el Rey, los himnos militares, la defensa de España y la inmigración irregular como riesgo, entre otros. Quizás esté último sea el que más llame la atención. Aceptando cierta lógica... digamos vetusta… podemos entender que nuestro gobierno crea conveniente meter en vena a los niños los símbolos naciones y eso que llaman “cultura de la defensa”, pero ¿la inmigración? ¿Qué pinta aquí la inmigración?

Pues pinta muchísimo, porque la inmigración irregular es “una de las 12 principales amenazas para la seguridad de España”, tal como reconoce nuestra estrategia de seguridad nacional – la ESN-2013. Este documento estratégico de interesante lectura ofrece, además de un sensible prólogo de nuestro presidente, una lista de las principales amenazas y riesgos que acechan a España. A saber: conflictos armados, terrorismo, ciberamenazas, crimen organizado, inestabilidad económica y financiera, vulnerabilidad energética, proliferación de armas de destrucción masiva, flujos migratorios irregulares, espionaje, emergencias y catástrofes, vulnerabilidad del espacio marítimo, y vulnerabilidad de las infraestructuras críticas y los servicios esenciales.

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Los juicios por enaltecimiento del terrorismo como juicios contra "los radicales"

Últimamente a muchos nos viene una pregunta a la mente de forma recurrente: ¿pueden condenarme por enaltecimiento del terrorismo por decir “esto”? Quizás se te ha ocurrido un chiste, o una buena rima o puede que creas que ciertas acciones de cierto grupo pudieran estar justificadas.

Como explicó Isabel Elbal, actualmente la justicia española está siguiendo dos doctrinas de forma alternativa. Por una parte, tenemos la doctrina Strawberry, que consiste en la interpretación literal del mensaje que se haya lanzado, sin atender prácticamente a nada más. Y, por otra parte, tenemos una doctrina que atiende al contexto de los mensajes para valorar si son delictivos.

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Honorables ex-consellers, bienvenidos a la chusma

Nos llena de aflicción haber conocido la noticia de que el señor Oriol Junqueras será procesado por rebelión en primavera. Entendemos que no sepan qué clase de interpretación está haciendo la fiscalía de la inmunidad de los parlamentarios. Es perfectamente comprensible que sigan indignados porque les imputen unos delitos sin que haya base alguna para ello. Compartimos, por supuesto, su tristeza ante la permanencia en prisión provisional de Junqueras, Fon y los Jordis. Comprendemos su estupefacción al ver que el Estado de Derecho no se atiene al derecho. Siento decírselo: bienvenidos a la chusma.

Verán, aquí es donde están los encarcelados por las letras de sus canciones. Aquí te llevan a juicio por denunciar al capitalismo o criticar las instituciones. Aquí están las personas castigadas por participar en manifestaciones. Aquí están los atrapados entre leyes antiterroristas por pelearse en un bar o hacer unas pintadas. Aquí están las víctimas de la represión política. Gente con propuestas, ideas o discursos que el Estado no puede tolerar.

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De terrorismo y toboganes de agua

Los tres jóvenes de Altsasu llevan más de un año en la cárcel.  Según la Audiencia Nacional por, presuntamente, haber “hecho cosas de terroristas”, ergo por ser terroristas. Es increíble la facilidad con la que la opinión pública ha aceptado que la posibilidad de haber cometido un delito es motivo suficiente para estar en prisión. También es sorprendente que, como declara la defensa, las garantías procesales en España brillen por su ausencia. Y, por supuesto, es sorprendente cómo nuestra justicia asocia hacer algo que pudiera hacer un terrorista con ser un terrorista.

Pero de estas cuestiones, que realmente no son tan sorprendentes sino más bien preocupantes, nos ocuparemos otro día -al que le apremie la curiosidad puede echar un ojo a los conceptos de Estado-guerra y fascismo posmoderno del profesor López Petit.

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