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Lourdes Benería

Professora Emèrita, Universitat de Cornell, EUA

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¿Qué es la economía feminista?

Desde hace tiempo parece que existe un interés creciente en la economía feminista, o por lo menos el tema sale a la luz más frecuentemente que en el pasado en muchos círculos culturales y políticos.  Sin embargo, muy a menudo queda poco claro de qué se trata, o se discute de forma parcial o poco rigurosa. ¿Se trata de una alternativa al sistema económico predominante? ¿De una proposición radical en cuanto a la igualdad de género que además propone la superación del capitalismo? ¿O se refiere sobre todo a la eliminación del patriarcado? ¿Representa un feminismo liberal o un feminismo de izquierdas? ¿Hasta qué punto incorpora nuestras preocupaciones por las desigualdades sociales o por el medio ambiente?

¿Qué es pues la economía feminista? Primero, es importante mencionar que esta expresión empezó a utilizarse a principios de la década de 1990, aunque el análisis económico de diversas desigualdades de género surgió mucho antes y había tomado formas distintas, por ejemplo, en cuanto a las brechas salariales entre hombres y mujeres, un tema que ya se debatió en 1918 y de nuevo en 1936 en Inglaterra, y el debate sobre el trabajo doméstico en Europa durante la década de 1970. Por otra parte, para el marxismo ortodoxo la cuestión de la mujer se convirtió en un tema clásico desde un principio, y la economía neoclásica se ocupó de cuestiones relacionadas con la participación de las mujeres en el mercado de trabajo, el capital humano y la división del trabajo doméstico desde la década de 1950.  

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¿Y si además de feminizar, despatriarcalizamos la política?

La política está dominada por la cultura de la masculinidad, en palabras de Joni Lovenduski. Tanto la vida cotidiana como los procesos de la administración pública, y los espacios de representación y participación no son neutros respecto al género, reproducen estereotipos y dan cabida a múltiples formas de dominación/subordinación y violencias.

Aquí nos referimos específicamente a la nueva política que, a pesar de su carácter ciudadanista y por su interés por las cuestiones de género, no está haciendo esfuerzos para "despatriarcalizar", eliminar o cambiar los discursos, normas y dinámicas que alimentan las desigualdades de género. Con este artículo queremos contribuir a los debates actuales en torno a la feminización de la política y profundizar en aspectos señalados por mujeres como Carmen Castro, entre otras.

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I si a més de feminitzar, despatriarcalitzem la política?

La política està dominada per la cultura de la masculinitat, en paraules de Joni Lovenduski. Tant la vida quotidiana com els processos de l’administració pública, i els espais de representació i participació no són neutres respecte al gènere, reprodueixen estereotips i donen cabuda a múltiples formes de dominació/subordinació i violències.

Aquí ens referim específicament a la nova política que, malgrat el seu caire ciutadanista i pel seu interès per les qüestions de gènere, no està fent esforços per “despatriarcalitzar” eliminar o capgirar els discursos, normes i dinàmiques que alimenten les desigualtats de gènere. Amb aquest article volem contribuir als debats actuals entorn a la feminització de la política i aprofundir en aspectes assenyalats per dones com Carmen Castro, entre d’altres.

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