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Nora Miralles

Militant feminista i membre del Grup de Treball Antipatriarcal de la CUP.

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33 millones de euros para la seguridad del hombre blanco (o por qué la seguridad es política)

7.642 millones de euros para programas de Defensa, cero euros para el Pacto de Estado contra la Violencia Machista. Este será el balance de los próximos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que se aprobarán en mayo, a la espera de enmiendas que puedan ser incorporadas en el documento final. Oficialmente, los presupuestos ordinarios de Defensa para este 2017 suben tan sólo un 0,6% respecto a los del año pasado. Sin embargo, si sumamos la integración de los pagos pendientes de los programas de modernización de las Fuerzas Armadas, antes ocultos y los gastos camuflados en otros ministerios y departamentos, el incremento podría ser de hasta un 32%, como ya denunciaba hace unas semanas el Centre Delàs. Hay asociaciones que, después de un análisis detallado de todas las partidas, aseguran que el gasto militar total ascendería a 33.762,4 millones de euros, un presupuesto similar al que el último gobierno del PSOE destinó en el año 2011 a la lucha contra la violencia de género.

La partida destinada a combatir el machismo sufrió, con el cambio de gobierno, un recorte del 8,68% que no se ha rectificado, y los PGE no contemplan inversión alguna para desplegar la Convención de Estambul, ratificada por el gobierno español en 2014, ni para el mencionado pacto de Estado que, en teoría, debía desplegarse estos meses venideros. Hace ya más de 10 años que el Congreso español aprobó por unanimidad la creación de una subcomisión para analizar qué fallaba en la sensibilización y en las medidas de protección para combatir la violencia de género, con este acuerdo político y social en el horizonte. Desde entonces, el machismo asesino no sólo no ha remitido, sino que en sus manos han muerto 802 mujeres y niñas.

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Sí, amics, les nostres regles també són política

Aquest dijous ens llevàvem amb una notícia que ha generat consternació, si atenem a la dimensió mediàtica de tot plegat, arreu del territori. I no m'estranya. La CUP vol imposar alternatives als tampons i les compreses. I, el més greu, vol que les dones joves rebin informació sobre què passa dins dels seus cossos i, impacta només d'escriure-ho, que la rebin per part d'organismes públics i no d'empreses privades. De les mateixes empreses privades que després els venen els seus productes com si fossin els únics existents.

Sí, comprenc perfectament la indignació generada, els nervis de punta de molts homes que han expressat el seu fàstic, desacord i disgust per la proposta. Ells, que parlen amb coneixement de causa i experiència, que frisen per sentir cada mes la sensació plaent d'extreure un tampó sec de l'interior dels seus cossos.

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Sí, amigos, nuestras reglas también son política

Este jueves nos hemos levantado con una noticia que ha generado consternación, si atendemos a la dimensión mediática de todo ello, en todo el territorio. Y no me extraña. La CUP quiere imponer alternativas a los tampones y las compresas. Y, lo más grave, quiere que las mujeres jóvenes reciban información sobre qué pasa dentro de sus cuerpos e, impacta escribirlo, que la reciban por parte de organismos públicos y no de empresas privadas. De las mismas empresas privadas que luego les venden sus productos como si fueran los únicos existentes.

Sí, comprendo perfectamente la indignación generada, los nervios de punta de muchos hombres que han expresado su asco, desacuerdo y disgusto por la propuesta. Ellos, que hablan con conocimiento de causa y experiencia, que desean sentir cada mes la sensación placentera de extraer un tampón seco del interior de sus cuerpos.

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