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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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Terroristas fantasma

Recuerdo en los periódicos una fotografía de militantes de organizaciones antifranquistas calificados como "terroristas". Las "informaciones", además, aportaban datos sobre explosivos, artefactos y preparación de atentados. Nada era cierto. Aquellas personas habían sido detenidas, torturadas y, sin derechos ni defensa legal alguna, sometidas a parodias de juicios por fiscales y jueces franquistas. Y todo por su militancia en organizaciones que cuestionaban el Estado fundado por los militares, pero la difamación y las mentiras en la prensa eran necesarias para destruir su legítima posición política.

La prensa reproducía la "información" que le pasaba la policía política (toda lo era); es decir, el Gobernador Civil; es decir, el Ministerio; es decir, el Gobierno; es decir, la Jefatura del Estado. Franco y sus generales.

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En el nombre de este Estado

¿Debemos seguir el día a día de los pactos y chalaneos aquí y allí? ¿No sería más conveniente pararse a ver lo que realmente está ocurriendo, hacia dónde vamos? Aparentemente el proceso de crisis de Estado que vivimos desde hace unos años, y que se podría retratar en la sucesión del Borbón Juan Carlos a Felipe con dos modos de interpretar la jefatura del Estado, es algo decisivo. Si no lo es, ya me dirán lo que lo es.

Hace unos días en las redes sociales, porque los medios convencionales prácticamente lo ignoraron de modo muy consciente, se armó un silencioso ruido porque el Tribunal Supremo reconocía formalmente a Franco como jefe del Estado. Es cierto que es algo terrible, pero esa es nuestra terrible realidad. Lo que a muchas personas les parece una anomalía a los magistrados del Supremo les parece lo normal, han vivido eso toda su vida como su normalidad, porque lo es.

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La nueva política existe

La "nueva política" existe... en Catalunya. Un amigo me escribe desde Madrid preocupado porque el Parlamento catalán rechazó la candidatura de Miquel Iceta para presidente del Senado. Considera que, además de inconstitucional, va por el mal camino y es incomprensible. Mi amigo desea sinceramente una solución política para el conflicto entre Catalunya y el Estado, pero él piensa desde el prisma de la política española que no ha cambiado en lo sustancial y sigue basada en un consenso profundo entre esos partidos que han participado en los debates electorales televisados recientemente.

Antes eran dos partidos estatales y ahora son cuatro o cinco pero, como han mostrado con claridad esos debates, ninguno ha planteado una ruptura con el sistema político nacido de la sucesión de Franco en la jefatura del Estado, la Ley de Reforma Política y la consiguiente Constitución del 78.

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Somos iguales, pero no homogéneos

Las personas somos semejantes, debemos gozar de los mismos derechos y ser iguales ante las leyes pero no somos iguales en el sentido de nuestra identidad, no somos homogéneas. Y, por si hubiese duda, me gusta que sea así. Que no seamos homogéneas se debe antes de nada a la aleatoriedad de la genética pero también a causas culturales, el entorno familiar que nos cría y la cultura social, de clase y nacional, que nos envuelve.

Disculpen estas generalidades pero viene a cuento porque conversando con dos amigos que viven en Madrid, siendo oriundos de otros lugares del territorio español, sale, cómo no, el asunto de los catalanes, esos españoles heterodoxos, y uno dice algo así como "es más parecida una persona de Madrid a otra de Barcelona que una de un pueblo de Burgos a una de Madrid". Y pienso que está completamente equivocado, primeramente porque parte de un tópico sobre el campo que oculta una realidad, las transformaciones socioeconómicas y culturales de los últimos setenta años han conducido a que haya muy poca diferencia cultural entre una persona que haya nacido y vivido en un núcleo mediano o pequeño del campo y otra en un barrio de una ciudad.

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Los antiguos amigos

Me encuentro de compras con un viejo amigo luego de años sin vernos. Me cuenta que cuando viaja a su tierra a ver a la familia prácticamente no puede ya hablar, incluso antiguos amigos que habían militado en organizaciones antifranquistas ahora en cuanto sale la palabra "Cataluña" saltan como un resorte airado contra los presos y exiliados. Él no lo entiende, está indignado por la actuación policial, judicial y política del Estado y ahí se ve enfrentado a esos antiguos camaradas con los que compartió ideales democráticos y la animadversión al franquismo. Él no entiende lo que ha ocurrido o lo que les ha ocurrido a sus amigos y eso lo perturba.

Sus antiguos amigos ahora cierran filas con la fiscalía del Estado, la abogacía del Estado y Vox contra los procesados. Con las policías, la judicatura, el Gobierno de antes y el de ahora y el mismo Rey. Se identifican con el Estado, sus instituciones y los mismos símbolos monárquicos que antaño aborrecían, al entender que está cuestionado.

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El Estado, la Justicia al desnudo

Ya sé que lo urgente es hablar de la convocatoria electoral, pero prefiero hablar de lo importante que no nos es tan evidente porque de eso se encargan nuestros amos. Cómo evitarnos presenciar el juicio más importante tras la muerte de Franco. El juicio del 23-F fue una formalidad tras el 'pacto del capó', el golpe de Estado fue la corrección definitiva del rumbo de la Transición y marcó el futuro hasta aquí, pero el juicio a los dirigentes políticos y sociales catalanes es el gran juicio de "la democracia española", como definió el fiscal, que se ve atacada por esas nueve personas y otras exiliadas en Europa.

Los televidentes españoles no disfrutaron en su día del servicio que le deberían haber dado sus televisiones al hurtarles las imágenes de las cargas de la Policía Nacional y Guardia Civil contra personas desarmadas e indefensas, no les permitieron ver en qué consistía el "¡A por ellos!". Ahora esperaba, ingenuamente, que TVE emitiese la verdad de este juicio, que les permitiera a los televidentes españoles ver y oír con sus ojos y oídos para poder tener una opinión propia, sin estar cocinada previamente en la redacción y bien rebozada con valoraciones. Pero no. TVE sólo emite voz e imágenes del juicio en directo para Catalunya, como si eso fuese un problema local, exclusivo de los catalanes y no del conjunto de la ciudadanía española.

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Es un juicio político

El Tribunal Supremo del Reino de España va a juzgar a un grupo de hombres y mujeres que no robaron ni hirieron ni mataron. Todas ellas son personas pacíficas, sin embargo la Justicia española las detuvo, esposó y encerró en calabozos donde las mantiene desde hace más de un año. Los actos por los que se les juzga tienen relación con el ejercicio de las libertades políticas y la libertad de expresión y todas ellos son representantes sociales destacados y gobernantes elegidos democráticamente por el electorado catalán. Por el mismo motivo la Justicia intentó la detención de otros políticos catalanes en el extranjero.

Sin duda se trata de un problema político y, por lo tanto, es un juicio político. Y las acusaciones son gravísimas. Es un juicio político gravísimo. Un juicio político como una catedral de grande.

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No hay lugar para intelectuales, queda el compromiso

La figura del intelectual, una persona particular que interviene en la sociedad a través del lenguaje, pertenece a un tiempo y un lugar en que hubo prensa libre y democracia liberal. La historia de España casi es la de la casa de los Borbones y no hubo mucha ocasión para que floreciesen verdaderos intelectuales independientes.

Personalmente no me acabo de sentir a gusto identificándome con esa categoría de intelectual pues tiene un algo de pedante y, además, reconozco en mí una tendencia militante que a estas alturas de mi vida y obras no puedo negar. Desde adolescente quise intervenir en mi alrededor para cambiarlo a través del lenguaje político desde organizaciones culturales, sindicales y políticas. Fui militante organizado un par de décadas de mi vida, pues la política es puro lenguaje y cuando desde la mitad de los años ochenta, comienzo a emitir opinión sobre cultura o el devenir social y político en medios de comunicación tengo que reconocer que lo hago intentando mantenerme dentro de una ética del periodismo pero, sin duda, movido por ese afán militante. Aunque siempre pretendí que mis opiniones no estuviesen al servicio de una organización o corriente y que verdaderamente fuesen mi visión personal de los hechos.

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No hay diálogo. Ni lo habrá

España es en sí misma un problema, no es el problema vasco, el problema catalán... Es el Reino de España con su corte y su articulación radialmente centralizada lo que crea "el problema", pero dejemos eso que es tan antiguo como la misma división del Reino en provincias en 1833 y las consiguientes revueltas y guerras en los distintos territorios. O puede que "el problema" comenzase al fracasar la I República de Pi i Margall. O puede que con el golpe de los generales nacionalistas contra la II República. Todo lo que vivimos sólo se comprende a la luz de la historia.

¿Pero dónde localizar lo que vivimos en la historia reciente? ¿En el fracaso de quienes intentaron una ruptura con el estado franquista y tuvieron que aceptar la reforma de ese, éste, estado. Esta cosa que llaman Transición? ¿En la continuidad del TOP, que pasó a llamarse Audiencia Nacional, y la suspensión de facto de los derechos civiles en el País Vasco en el enfrentamiento entre ETA y el Estado? Más recientemente se hizo manifiesta una incompatibilidad de intereses cuando una empresa catalana inició una OPA a otra empresa radicada en Madrid y que desencadenó una movilización compacta de rechazo a esa absorción. No debía salir de “territorio nacional” y acabó en Italia, antes italiana que catalana. ¿Fue entonces?

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Qué está pasando

España está sumida en un proceso semejante al que se ejecutó en Brasil. Primero, los medios de comunicación crearon una distorsión de la realidad exagerando la corrupción del PT, que era real, y ocultando la de la derecha, generando ansiedad en el país y una demanda de acabar con la corrupción (del PT). Y, segundo, la Justicia procesó al carismático candidato de la izquierda, Lula Da Silva, lo encarceló y no le permitió presentarse a las elecciones. Un verdadero golpe de Estado ejecutado por medio de los medios de comunicación y la Justicia. Naturalmente, detrás estaban los EE UU de Trump, el Ejército y la oligarquía y la victoria de Bolsonaro se celebró con fuertes subidas en la bolsa.

No es casualidad que lo que ocurre en el principal Estado sudamericano le ocurra al Reino de España, que presume con altivez de hidalgo de ser Estado europeo, pero que en realidad ya se ha desnudado como el Estado corrupto y continuador del franquismo que es. Una democracia de una calidad muy parecida a la de algunos países del Este de Europa que se han integrado recientemente en la Unión.

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