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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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La misma vieja canción

La derecha española tiene el rostro de cemento y una mala hostia singular y por eso miente con naturalidad. Su misma esencia es la calumnia y la mentira y por eso no tiene problema en cargarle a estas alturas cualquier muerto a “la herencia de Zapatero”. Pero, ¿y la herencia de M. Rajoy?

Porque se marchó un día del Congreso enfadado a un restaurante y desde allí se marchó a la playa y aquí no pasó nada. Estos años fueron un periodo terrible para la sociedad y sin embargo es como si todo fuese un ruido confuso y no tuviese rostro ni hubiese ocurrido nada en particular. El dominio ideológico del poder establecido es tal que consigue tales milagros, para eso está el sistema de medios de comunicación español.

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Galicia, ¿narco autonomía?

Veo en LaSexta un reportaje sobre Galicia Fariña, ese nuevo país creado en el imaginario español a raíz de la adaptación televisiva del libro, Fariña. El reportaje es tremendo y demoledor, retrata un país sumido en la incuria y dominado por un poder corrupto nacido del contrabando en general y el narcotráfico en concreto. A continuación emiten otro reportaje sobre el auge del consumo de pulpo y, de nuevo, estampas de una Galicia marinera que se esfuerza por sobrevivir sin gran esperanza. Confieso que me dejan enfadado y abatido.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿A una situación de tal postración y a que los demás tengan una imagen tal de nosotros? ¿Es verdadera? Lo es y no lo es. La corrupción de la economía y la vida social que retratan esos reportajes de las pasadas décadas es real, y aún peor, pero no se explica únicamente porque tengamos una costa de una riqueza increíble y que, también, dificulta el control y facilita el contrabando y las actividades ilegales.

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¡A por ellas!!! ¡Oéeeeeeeeee!

La decisión de liberar a los miembros de la organización para violar mujeres autodenominada ‘la manada’, que cuenta con numerosos adheridos en una cuenta de Whatsapp y el apoyo de sus familiares y vecinos, es simplemente descorazonadora. Lo es porque nos confirma en lo que ya hemos visto antes, no podemos confiar en la Justicia del Reino de España y que, en vez de protegernos, debemos temerla quienes seamos débiles, pensemos distinto o las dos cosas.

Así lo siente y lo sabe la mayor parte de la población según las encuestas y así nos lo restriegan por la cara, un día tras otro, miembros y miembras de esa institución. Aunque no puedo juzgar el trato que han dado antes y ahora a esos delincuentes, pues no quiero ir preso yo también, quienes votaron la libertad de los miembros de esa banda sin duda sabían el descontento y la rabia que ya había generado tanto la marcha del juicio, el trato a la víctima y finalmente el fallo, calificar sus delitos de abusos y no violación. Quienes votaron liberarlos ahora sabían el dolor que había sentido la sociedad entonces, primeramente las mujeres, y la respuesta social tan unánime de repulsa por ese veredicto. Así pues, eran capaces de prever lo que desencadenaría esta última decisión de mandarlos a sus casas con sus familiares y simpatizantes. Sabían perfectamente la rabia que sentiría tanta gente, sabían lo descorazonador que es, la impotencia que sentirían las mujeres y toda la sociedad.

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La brutalidad de un Estado y una sociedad

En cosa de días se nos hará difícil creer que un personaje como M.Rajoy haya sido presidente de Gobierno y que haya durado tanto. (Él mismo, en su intimidad, tendrá algún momento en que contemplará ese periodo de su vida barrido de golpe). Ahora nos irá apareciendo el rostro más humano del personaje que el poder y los medios de comunicación del poder han mantenido blindado, alguna anécdota que nos hará constatar el despropósito de que haya gobernado una persona a la que no le gustaba gobernar y que además es absolutamente incapaz de hacerlo.

M.Rajoy ha sido el personaje de un chiste amargo en el que él ha tenido una parte del protagonismo, no hay que dudar de su astucia volcada en conseguir y ocupar el poder al modo en el que lo entiende el cuco, pero del que han sido dueños los señores del IBEX y la oligarquía de la Corte. Y querremos olvidarlo pronto, como si no tuviésemos nada que ver con él, como si fuese una pesadilla y hubiésemos despertado a la vida real: volvíamos a ser la España moderna y etcétera que acoge refugiados y vuelve a debatir si quita o no el monumento al caudillo fascista y a debatir si esos presos políticos catalanes que tenemos en el centro de la meseta a seiscientos kilómetros de sus familias pueden o no ser trasladados a una cárcel en Catalunya. Pero no es tan fácil, M.Rajoy tiene y seguirá teniendo mucho que ver con todos nosotros.

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Alivio narcotizante

Han pasado unas horas y también hemos pasado página, ya no hablamos de M.Rajoy. Él habrá sufrido estos días pero ahora es imposible que no sienta alivio de haberse quitado un peso de encima, del mismo modo que muchas otras personas sentimos alivio de habérnoslo quitado a él de encima. Pero él nos lleva ventaja, su alivio es razonable y es una liberación, en cambio nuestro lógico alivio nos puede nublar el entendimiento.

El PP de M.Rajoy ha dejado todo tipo de daños, a los daños económicos y sociales, a la persecución institucionalizada de las libertades hay que sumarle la reactivación del franquismo preexistente en la sociedad y la movilización de una extrema derecha organizada, sobre todo en las calles catalanas. Nos ha dejado ruina y guerracivilismo. Y eso no se quita mágicamente con ningún gobierno mágico, aunque sintamos un alivio difícil de expresar y nos deja a la expectativa de algunas mejoras que vengan.

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Pero no hay alternativa

Lo grande y lo pequeño expresan la misma realidad. Lo pequeño está en nuestra dimensión particular, esa persona que va a ir presa por ejercer su libertad y la democracia, esas otras que ya lo están y otras que están dispuestas a ir presas y esperan un papel con su nombre que llegará de un juzgado un día, o que puede que no llegue, pero también puede que sí. Lo pequeño es la constatación de que este estado está contra las personas.

Lo grande es lo que hemos intentado ir contando aquí estos años: la crisis de estado. La crisis del estado franquista reformado por un pacto con las principales corrientes de entonces. Reformado, pues no hubo ruptura alguna.

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Confusión, desesperanza. ¿Un nuevo "98"?

España hoy es vista en el mundo de modo muy distinto a como era hace pocos años. De verse como un país moderno pasó a un estado represivo y en crisis. Así lo muestran los grandes medios de comunicación del mundo, europeos, anglosajones o las cadenas del campo árabe y musulmán. ¿Es una imagen cierta? Depende.

Según algunos medios, fundamentalmente radicados en Madrid, lo que vemos es que el problema que preocupa es una crisis política y de moral pública en esa comunidad autónoma. Pero si leemos otros medios, fundamentalmente radicados en Cataluña y escritos en catalán, el problema es la crisis de un estado que ha dejado de ser democrático. ¿Cuál es la visión de la realidad española más acertada? Basándome en los hechos de los últimos meses entiendo que la segunda, que el Reino de España es una democracia fallida.

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¿Quién da más? El nuevo "98"

Sí, es una crisis de Estado. Sí, lo que el parlamento portugués (tan fácil de menospreciar para la España "imperial") y la justicia de Bélgica, Reino Unido, Suiza, Dinamarca o Alemania evidencian es que la época nacida de la Transición se acabó y el franquismo no quedó atrás, mágicamente desaparecido, y que sigue incrustado y forma parte del Estado mismo.

Lo que la República Federal de Alemania le mostró al Reino de España es que ha vuelto al punto de partida del año 75. Igual que los restos del genocidio fascista siguen en las cunetas sin desenterrar y clamando también, el franquismo sigue aquí sin enterrar y campando.

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El presidente Puigdemont también es nuestro

En medio de una retransmisión de RNE desde Valladolid con público presente la presentadora anuncia una noticia, la detención del president Puigdemont por la policía alemana a resultas de la petición de la fiscalía española, o sea el Gobierno. Reacción inmediata en el público: aplausos. Seguramente no todo el público, habría personas que en vez de exultantes estarían un algo encogidas por una noticia que anunciaba algo lamentable, la persecución policial a un político ordenada por el gobierno corrupto de M.Rajoy. Incluso puede que alguna persona que se sumó instintivamente al aplauso sintiese luego vergüenza. Seguramente, pero qué siniestra reacción de ese público, que podría ser el público que sigue RNE en muchas otras ciudades españolas.

Una reacción propia de carceleros voluntarios, el odio sembrado desde la política y los medios de comunicación españoles hacia los gobernantes catalanes y los más de dos millones que los votaron ha envilecido la vida social y a la gente como no se conocía desde hace cuarenta años. Y eso se corresponde con la imagen que se ha ganado el Reino de España nuevamente, un país represor, donde las diferencias políticas se solucionan con la policía y la prisión, un país del que huyen disidentes o entran en la cárcel.

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Sí, todos somos machistas. Y tod@s somos nacionalistas

Hace unos días Ignacio Escolar publicaba aquí un artículo sincero y muy valiente intelectualmente: hacía un análisis autocrítico de su propia vida y concluía reconociendo que él era también machista. Y es que nadie vive en un lugar etéreo o abstracto sino en una sociedad donde siempre hay una ideología dominante y sabemos que es dominante precisamente porque justifica el estado de cosas que se nos aparece como “lo normal”, “lo nuestro”, “lo natural”, aunque realmente expresa la organización social y el sistema de poderes establecido. 

Desde luego yo también soy machista: recuerdo perfectamente cuando, en la organización en la que militaba entonces, se me obligó a ver y las resistencias intelectuales que opuse a reconocer aquella realidad en la que vivía y no veía. Y, más de cuarenta años después, sigo siéndolo porque, digan lo que digan, en tanto que varón formo, parte del sistema de resistencias para que las mujeres construyan y vivan en un mundo que no les sea hostil. No me quisiera engañar, todo lo que ellas avanzan y ganan es a expensas de lo que nosotros hemos heredado y cuando nos obligan a compartir con ellas lo que detentamos eso es lo que perdemos (Ya sé que hay beneficios de otro tipo, morales, pero reconozcamos que no cotizan muy alto). 

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