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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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¿Quién da más? El nuevo "98"

Sí, es una crisis de Estado. Sí, lo que el parlamento portugués (tan fácil de menospreciar para la España "imperial") y la justicia de Bélgica, Reino Unido, Suiza, Dinamarca o Alemania evidencian es que la época nacida de la Transición se acabó y el franquismo no quedó atrás, mágicamente desaparecido, y que sigue incrustado y forma parte del Estado mismo.

Lo que la República Federal de Alemania le mostró al Reino de España es que ha vuelto al punto de partida del año 75. Igual que los restos del genocidio fascista siguen en las cunetas sin desenterrar y clamando también, el franquismo sigue aquí sin enterrar y campando.

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El presidente Puigdemont también es nuestro

En medio de una retransmisión de RNE desde Valladolid con público presente la presentadora anuncia una noticia, la detención del president Puigdemont por la policía alemana a resultas de la petición de la fiscalía española, o sea el Gobierno. Reacción inmediata en el público: aplausos. Seguramente no todo el público, habría personas que en vez de exultantes estarían un algo encogidas por una noticia que anunciaba algo lamentable, la persecución policial a un político ordenada por el gobierno corrupto de M.Rajoy. Incluso puede que alguna persona que se sumó instintivamente al aplauso sintiese luego vergüenza. Seguramente, pero qué siniestra reacción de ese público, que podría ser el público que sigue RNE en muchas otras ciudades españolas.

Una reacción propia de carceleros voluntarios, el odio sembrado desde la política y los medios de comunicación españoles hacia los gobernantes catalanes y los más de dos millones que los votaron ha envilecido la vida social y a la gente como no se conocía desde hace cuarenta años. Y eso se corresponde con la imagen que se ha ganado el Reino de España nuevamente, un país represor, donde las diferencias políticas se solucionan con la policía y la prisión, un país del que huyen disidentes o entran en la cárcel.

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Sí, todos somos machistas. Y tod@s somos nacionalistas

Hace unos días Ignacio Escolar publicaba aquí un artículo sincero y muy valiente intelectualmente: hacía un análisis autocrítico de su propia vida y concluía reconociendo que él era también machista. Y es que nadie vive en un lugar etéreo o abstracto sino en una sociedad donde siempre hay una ideología dominante y sabemos que es dominante precisamente porque justifica el estado de cosas que se nos aparece como “lo normal”, “lo nuestro”, “lo natural”, aunque realmente expresa la organización social y el sistema de poderes establecido. 

Desde luego yo también soy machista: recuerdo perfectamente cuando, en la organización en la que militaba entonces, se me obligó a ver y las resistencias intelectuales que opuse a reconocer aquella realidad en la que vivía y no veía. Y, más de cuarenta años después, sigo siéndolo porque, digan lo que digan, en tanto que varón formo, parte del sistema de resistencias para que las mujeres construyan y vivan en un mundo que no les sea hostil. No me quisiera engañar, todo lo que ellas avanzan y ganan es a expensas de lo que nosotros hemos heredado y cuando nos obligan a compartir con ellas lo que detentamos eso es lo que perdemos (Ya sé que hay beneficios de otro tipo, morales, pero reconozcamos que no cotizan muy alto). 

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Estado policial, ya está siendo

Cuando uno habla en Catalunya con personas honradas y pacíficas que, sin haber cometido delito alguno, viven en la sabiduría de que sus correos electrónicos y sus llamadas están siendo grabadas, sin que haya orden judicial alguna, y que en cualquier momento pueden ser acusados y juzgados y que quien ordena esa vigilancia es un enemigo político suyo, comprende que esas personas padecen la persecución de un Estado policial.

Cuando nada menos que jueces del Tribunal Supremo reconocen que tienen personas presas preventivamente y sin pruebas, trasladadas a cárceles fuera de su tierra y lejos de sus casas, cosa que no puede tener otro fin que la humillación, parece evidente que no estamos bajo un estado de derecho y que la Justicia actúa como una parte de la policía al servicio del Gobierno.

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Felipe y Pedro en el barrio de Salamanca

Hace unos meses dejó el PSOE un militante que había sido candidato a la secretaría del partido por la corriente Izquierda Socialista, José Antonio Pérez Tapias, y hace unos años también lo abandonó otra persona que también fue candidata a la secretaría, Rosa Díez, y que a continuación fundó un partido de reivindicación del nacionalismo español, UPyD.

(Por cierto, que me parece que no está lo bastante señalado como fue el precedente directo del 'Ciudadanos' de Rivera. El de Díez nació desde dentro de Euskadi para combatir el nacionalismo vasco, como cuña de la misma madera utilizada desde la corte madrileña y con el apoyo de El País y sus figuras, Savater, Vargas Llosa y acompañantes. Y el de Rivera nació desde dentro de Catalunya, también como cuña de la misma madera y lanzado desde la corte, para combatir al nacionalismo catalán. Siempre con los mismos apoyos y apoyantes).

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Ni ignorancia, ni ñoñería: asentimiento y complicidad

Cada vez me cuesta más escribir algo que no sea un gran reproche. Escribir algo que no exprese un gran enfado, pero no con este Gobierno, al que no puedo reconocer sino como el fruto de un delirio, algo monstruoso y absurdo, no con la Casa Real y todos los poderes del estado y económicos, dueños de la práctica totalidad de los medios de comunicación; sino con personas concretas, con todas esas personas que camparon de progresistas estos años pasados. Es evidente que ser progre no tiene relación directa con ser demócrata.

Es un enfado no con entes, instituciones o categorías sociales, sino con personas. Y es un enfado y no una discrepancia política, discrepar y aun enfrentarse por posiciones políticas no implica necesariamente que uno se enfade con el contrario, pero cuando la discrepancia tiene carácter moral y el reproche es por la ética entonces sí hay enfado.

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Orgullo español

Nos enseñaron con un entusiasmo muy sospechoso que los súbditos del Reino de España deberíamos estar orgullosos de haber dejado atrás una dictadura y haber construido una democracia ejemplar y etcétera.

Pero nunca me sentí orgulloso, sabía perfectamente igual que cualquiera que tuviera uso de razón entonces que no era cierto. Franco murió en la cama luego de firmar sus últimas penas de muerte como rúbrica a la aplicación de la Ley de Sucesión y la instauración de una monarquía, para ello escogió y educó al nieto del que había sido rey Alfonso XIII de Borbón. Y se fueron ejecutando uno a uno todos los pasos previstos, el “atado y bien atado”, de acuerdo con los EE.UU. (Vernon Walters se encargó de ello a pie de obra) y la colaboración de Alemania Federal.

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El tiro por la culata

La política autoritaria de Rajoy y, con su gobierno, de los otros dos partidos del 155, Ciudadanos y PSOE, con el respaldo del Rey y la implicación directa del IBEX, tuvo resultados paradójicos. El Titanic del estado posfranquista embistió con todos sus policías, jueces, fiscales, boicot a la economía, ataques diarios de prácticamente todas las televisiones y cabeceras madrileñas a un iceberg democrático, a una ciudadanía que tenía a su presidente y su gobierno en el exilio o en la cárcel.

Rajoy buscó un conflicto radical pensando que sometería y destruiría a su enemigo, no le dejó salida alguna a lo largo de los años, y creó dos polos, de un lado el independentismo fue visto como la única salida por un sector cada vez mayor de la población catalana y del otro, teniendo con él a los socialistas, alimentó el españolismo. El 155 fue un "¡a por ellos, oé!" en el que tocaron a rebato todas las radios, teles y prensa bombardeando a la población con mensajes que degradaban no solo a los gobernantes catalanes sino a la propia población, degradando la imagen de ese país en España, donde siempre se le tuvo antipatía, aún más. Estoy convencido de que esos daños no tienen reparación. El resultado es desastroso para Rajoy, Soraya y el PP, no para el españolismo más reaccionario que ahora representa Ciudadanos, un partido cebado descaradamente con el dinero del IBEX. El PP tendrá que pactar con Ciudadanos en el futuro, ya no podrá tratarlos como unos chicos advenedizos.

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Reconociendo no ser gente normal ni como dios manda

Hace unos días un conocido me dijo, “Qué radical estás. Yo sigo donde siempre, sigo leyendo El País”, y se quedó tan pancho. Su respuesta me dejó perplejo, de entrada me pareció que él tenía razón. Pero eso me hacía sentirme un poco loco porque, siendo cierto que él no se había movido del sitio, leía y se guiaba por el mismo periódico por el que se venía guiando desde hacía décadas, y sin embargo a mí su visión de la realidad española me parecía totalmente reaccionaria y antidemocrática.

No tuve más remedio que concluir que yo no estaba loco, que esa persona sí se había movido del sitio, era cierto que seguía a bordo del mismo barco pero ese barco y él con el barco habían tomado otro rumbo. Es decir, que quien vivía una realidad alienada era esa persona y no yo. Pero eso ya lo conté aquí hace un par de años y, por si tuviera dudas, me bastaba leer en la portada de ese diario, tras la manifestación de ciudadanos catalanes en Bruselas, tan masiva y meritoria como pacífica, el siguiente titular: “Los separatistas pasean su odio a España por las calles de Bruselas”.

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El "procés" nos divide, pues claro

Es cierto, el “procés” causa división entre la gente, ahora no puedo conversar tranquilamente con tantas personas como antes. Me incomoda oír a alguien justificando que la Policía le pegue a personas pacíficas que quieren votar, incluso me incomoda que sin justificarlo directamente introduzcan sus “peros”, sus objeciones sobre el comportamiento o las ideas de esas personas agredidas. Me incomoda que se obvie que hay personas presas por sus ideas políticas democráticas y que se le niegue esa condición de presos políticos, como si estuviesen presos por robar a ahorradores o cobrar sobres de dinero negro. Me incomoda que alguien justifique lo que el Estado español le hace a la población catalana, incluso a esa parte de la población que justifica lo que el Estado le hace. 

Me incomoda y me afecta profundamente porque no es una diferencia política sin más que pueda conciliar, creo que la conducta del Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos tiene la radicalidad que una política inmoral. Es una política franquista, y el franquismo era un régimen inmoral. 

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