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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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Esta España descentrada

Leo que un señor muy solemne y muy ridículo que fue ministro en un gobierno del PP dice que el que pretende armar Pedro Sánchez con Pablo Iglesias estará lleno de "comunistas" y "bolcheviques" y que eso debe ser evitado con una maniobra que denomina "gobierno de salvación nacional".

Lo que vienen protagonizando de forma tan personalista Sánchez e Iglesias desde hace cuatro años, con una nueva entrega hace seis meses y ahora esta nueva escena de salón tendrá muchos nombres como "personalismo" o "inmadurez", pero visto el acuerdo genérico inicial no merece llamarse gobierno de izquierdas. Lo de "progresista" tampoco, pero habrá que reconocérselo tras las bárbaras barbaridades que aúllan tantos medios de intoxicación, que no comunicación, de esa derecha que es toda ella extrema. Porque la vida pública española, encerrada en unos medios de comunicación carentes de profesionalidad y de ética y que actúan como sicarios de un capital financiero que vive del estado devorándolo, está situada en la extrema derecha.

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Solo en la ruptura hay esperanza

No escribo sobre estas anómalas elecciones, originadas por negarse Sánchez a aceptar el resultado electoral y pretender imponer al electorado su gobierno en solitario y condicionado totalmente por el poder financiero y muchos medios de comunicación. Son días de ruido para confundir, como lo serán las semanas siguientes. Objeto a esta España que sale en las televisiones y medios estatales, no puedo aceptarla del mismo modo que ella no me acepta a mí.

Un amigo que lo apostó todo al sueño de una España democrática, diversa e incluyente me dice que está desolado. Mi caso es peor, me veo en la posibilidad de ser ilegalizado. Los partidos estatales debaten con naturalidad ante millones de españoles la posibilidad de devolvernos a la ilegalidad a personas que no compartimos la ideología, el proyecto y los intereses del centralismo y del nacionalismo español. A muchos efectos nunca me vi completamente en la legalidad, o mis derechos nunca estuvieron completamente reconocidos, pero eso no era tan grave cuando se tiene la esperanza de que las cosas pueden mejorar.

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Violencia judicial

El 14 de Marzo de 1990, el parlamento gallego a propuesta de Camilo Nogueira, portavoz entonces del PSG-Esquerda Galega, debatió la autodeterminación de Galicia y el "autogobierno nacional en una perspectiva europea". La resolución sólo contó con los votos de los dos diputados de ese partido. Pero se debatió y se votó.

En años posteriores, numerosos municipios gallegos, bastantes gobernados por el PP, debatieron el derecho a la autodeterminación de Galicia. En unos casos, el voto mayoritario fue a favor y en muchos otros en contra. No tenía valor jurídico, pero se debatió y se votó. Porque tanto el parlamento como esos ayuntamientos ejercían un derecho democrático a debatir y dialogar.

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Este Estado crea su odio

El poder se ejerce por las buenas o por las malas y el modo de ejercerlo tiene consecuencias distintas: afección o rechazo, afecto u odio. Este Estado fue fundado por los militares rebeldes y tuvo su primera capital en Burgos, pero tuvo una inflexión cuando Franco diseñó su sucesión y los cambios para adaptarse a su contexto político, la integración en la OTAN y el Mercado Común.

La Transición se hizo con algunos pactos tutelados por la Monarquía y el Ejército, en los que se integró la Catalunya de "Llibertat, amnistia i estatut d'autonomia" y garantizó la continuidad de las estructuras profundas del Estado y de la economía pero también abrieron aire, dieron juego social y permitieron aliviar presión, excepto en el País Vasco, donde la respuesta al régimen militar fue también una respuesta militar que no podía vencer a un Estado y prolongó la violencia, asesinatos, cárcel y tortura.

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A pesar de todo

Si usted cree que la política estatal da asco, le confieso que yo también siento y pienso lo mismo, pero aún así me atrevo a animar a votar cuando toque. Nuestro voto no pierde el valor que cada uno le da. Hay quien sabe que es una afirmación de nuestra existencia como ciudadano y hay quien cree que simplemente es una mercancía que nos roban los políticos y con la que luego trapichean, pero aún así y en cualquier caso me atrevo a animar a votar cuando toque.

Que nos decepcionen o nos enfaden los políticos no nos absuelve de nuestras responsabilidades. Si ellos y ellas lo hacen mal, es su responsabilidad. La nuestra es tomar una decisión: qué política quiero que hagan. Y por muy decepcionantes que sean, nunca es indiferente quien gobierna.

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'O que arde' y no es gratuito

Nos han ido acostumbrado al ruido y al humo de colores y nos asusta el fuego de verdad. La película 'O que arde' de Oliver Laxe llegará en la sofisticada Francia, que siempre tuvo el olfato para identificar el arte salvaje que tanto le cuesta producir, al doble de pantallas que en España, colonizadas sus pantallas por la industria norteamericana. En Cannes no les molestó que los personajes hablasen su lengua, el gallego.

Oliver Laxe es un director delicadísimo, se comprobó en su 'Todos vós sodes capitáns!', rodada con muchachos de las calles de Tánger o en 'Mimosas' en las montañas del Atlas; pero el comienzo de su película es salvaje, en el sentido de brutal, y salvaje por cuanto fascina y ofende. El arte fuerte siempre alcanza algo la carne por debajo de la piel. Ese comienzo de destrucción probablemente encierre el espíritu de la película aunque luego lleguen imágenes de una montaña que aparentemente es bonita pero que realmente es un lugar de dolores.

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El gobierno menos malo

Sólo ver lo que acaban de hacer los políticos del PP/Ciudadanos/VOX en la administración andaluza obliga a aceptar una realidad: cualquier gobierno es menos malo que eso.

Lo menos malo es lo deseable en este caso, así que no nos pongamos exquisitos y ni siquiera nos pongamos a pedir dignidad, democracia, política social o cualquier otra cosilla, pidamos un gobierno que no nos envenene.

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Terroristas fantasma

Recuerdo en los periódicos una fotografía de militantes de organizaciones antifranquistas calificados como "terroristas". Las "informaciones", además, aportaban datos sobre explosivos, artefactos y preparación de atentados. Nada era cierto. Aquellas personas habían sido detenidas, torturadas y, sin derechos ni defensa legal alguna, sometidas a parodias de juicios por fiscales y jueces franquistas. Y todo por su militancia en organizaciones que cuestionaban el Estado fundado por los militares, pero la difamación y las mentiras en la prensa eran necesarias para destruir su legítima posición política.

La prensa reproducía la "información" que le pasaba la policía política (toda lo era); es decir, el Gobernador Civil; es decir, el Ministerio; es decir, el Gobierno; es decir, la Jefatura del Estado. Franco y sus generales.

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En el nombre de este Estado

¿Debemos seguir el día a día de los pactos y chalaneos aquí y allí? ¿No sería más conveniente pararse a ver lo que realmente está ocurriendo, hacia dónde vamos? Aparentemente el proceso de crisis de Estado que vivimos desde hace unos años, y que se podría retratar en la sucesión del Borbón Juan Carlos a Felipe con dos modos de interpretar la jefatura del Estado, es algo decisivo. Si no lo es, ya me dirán lo que lo es.

Hace unos días en las redes sociales, porque los medios convencionales prácticamente lo ignoraron de modo muy consciente, se armó un silencioso ruido porque el Tribunal Supremo reconocía formalmente a Franco como jefe del Estado. Es cierto que es algo terrible, pero esa es nuestra terrible realidad. Lo que a muchas personas les parece una anomalía a los magistrados del Supremo les parece lo normal, han vivido eso toda su vida como su normalidad, porque lo es.

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La nueva política existe

La "nueva política" existe... en Catalunya. Un amigo me escribe desde Madrid preocupado porque el Parlamento catalán rechazó la candidatura de Miquel Iceta para presidente del Senado. Considera que, además de inconstitucional, va por el mal camino y es incomprensible. Mi amigo desea sinceramente una solución política para el conflicto entre Catalunya y el Estado, pero él piensa desde el prisma de la política española que no ha cambiado en lo sustancial y sigue basada en un consenso profundo entre esos partidos que han participado en los debates electorales televisados recientemente.

Antes eran dos partidos estatales y ahora son cuatro o cinco pero, como han mostrado con claridad esos debates, ninguno ha planteado una ruptura con el sistema político nacido de la sucesión de Franco en la jefatura del Estado, la Ley de Reforma Política y la consiguiente Constitución del 78.

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