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Víctor M. Olazábal

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India ya no dice "refugees welcome"

En 1959, un joven llamado Tenzin Gyatso atravesó a pie las montañas del Himalaya hasta llegar a la frontera de la India, donde fue recibido por un grupo de guardias de ese país. A sus espaldas, y acompañado de una veintena de compatriotas, dejaba la ciudad tibetana de Lhasa, tomada por el Ejército chino, que había conseguido sepultar una insurrección popular.

Gyatso, el decimocuarto Dalái Lama, empezaba así su vida en el exilio, acogido por la India de Nehru. Hoy día la comunidad tibetana en suelo indio llega a las 100.000 personas.

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Un día en la Cachemira india, uno de los territorios más militarizados del mundo

"Dañaron mi moto, me golpearon fuerte con las culatas de las armas y con palos de madera y, en un estado casi inconsciente, me ataron al frente del jeep". Farooq Ahmad Dar, un joven cachemir, relataba así a la prensa india el día que el Ejército decidió usarle como escudo humano.

Un oficial le amarró al parachoques de un vehículo militar y le paseó por varios pueblos durante cinco horas en esa posición, con un cartel colgado del cuello, para proteger al convoy del lanzamiento de piedras. Su vídeo corrió por la red hace meses. Para unos, fue una humillación en toda regla. Para otros, una advertencia.

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Estériles en el país de la descendencia sagrada

Una mujer y un hombre llegan a una clínica de fertilidad en el sur de Delhi. Ella va un poco adelantada, así que le espera en la puerta, se dan la mano y entran juntos. Una vez dentro, se sientan en una sala de espera repleta de parejas. Todos quieren ser padres y madres. Deben serlo. Viven en un país, India, donde tener descendencia es socialmente obligatorio.

Sahanaz y Mahaveer están empezando un tratamiento de fecundación in vitro (FIV) porque ella no puede concebir. "Me siento triste porque veo a mis amigas, de mi edad, y todas tienen hijos mientras yo no puedo. Me siento fatal", lamenta esta joven de 28 años que vive en la capital india. Lleva siete años casada con su marido, de 34. "Queremos tener un hijo porque llevamos siete años de matrimonio y eso es mucho tiempo sin hijos", dice él. 

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