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Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Al menos, que la ultraderecha (unida, esa sí) sude la camiseta

Los presidentes de Vox, Santiago Abascal, y PP, Alberto Núñez Feijóo, el 8 de junio de 2026 en el Congreso de los Diputados. Eduardo Parra / Europa Press
12 de octubre de 2026 22:35 h

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Prepárense, que nos van a freír a encuestas. Y lo peor es que en el gremio de empresas demoscópicas, al igual que en los medios de comunicación que las publican, los hay benditos, malignos y cantamañanas. Ya saben, además, el conocido efecto de publicar unos datos que en sí mismos llevan el empuje a votar por una determinada opción. Lo que se conoce como “voto inducido” o la “instalación artificial de tendencias”. Si logramos que cinco grandes medios de prensa, radio o televisión, publiquen un sondeo en el que aparece como ganador —con mucho margen— un determinado partido, es posible que ya hayamos conseguido esa “instalación artificial de tendencias” en el electorado. Y en esas estamos, que pareciera que Feijóo y Abascal, Abascal y Feijóo podían empezar hoy mismo los ministerios, pinto, pinto, gorgorito, porque los dioses han decidido que son ellos los ganadores, sin el más mínimo margen de sorpresa, de las elecciones del 29N.

Y es muy posible que así sea, por supuesto. Pero al Ojo no le gusta darse por vencido antes de comenzar la batalla. Y le cuesta, además, admitir que gente tan zafia como Martínez Almeida o Díaz Ayuso, la frutera y pescadera de Madrid, e incluso los senadores del PP y Vox, esos señores y señoras tan educados, ocupantes en su infancia de caros pupitres y poseedores de lucidos diplomas de licenciaturas variadas, la mayoría de ellos católicos fervientes y vamos todos con flores a María que madre nuestra es, se negaran a guardar un minuto de silencio por Maricarmen Abascal. Se suman, así, a la moda del salvajismo y brutalidad con la que actúan las derechas en todo el mundo. Son los exabruptos de Trump, pero también de Abascal; son los mítines de Milei, pero también los de Feijóo; son las infamias de la cadena Fox, pero también de los medios españoles de la brigada acorazada, ahora bien acompañada por el fuego aéreo, incluso desde tenebrosos ovnis, de los Iker Jiménez y fenómenos paranormales de similar calaña.  

No, no va a ser fácil dar la vuelta a las predicciones de los sesudos politólogos. Solo hay que asomarse por la ventanilla y otear lo que está pasando en el ancho mundo. Un fantasma recorre Europa, es cierto, pero también América, del Norte y del Sur, e incluso varios países de Asia. Y es una ola potentísima, con todo el peso del capitalismo más voraz insuflando ideas, sí, pero sobre todos miles de millones en fundaciones, medios de comunicación y, muy especialmente en las redes sociales, esos monstruos incontrolables y que han conseguido robarnos los sesos. Dejamos para otro día la Inteligencia Artificial y la tragedia de estar en las manos que está. Ya hemos hablado en el Ojo de esa bazofia potenciada, y adulterada hasta el vómito por los Musk y los Zuckerberg. Son cañones gigantescos descerrajando bulos, indecencias y vilezas por fuentes anónimas, porque así lo han querido los poderosos, hasta lograr que la fantasía más loca se haga moneda de circulación habitual. Así en Estados Unidos o en Brasil. Y en España, por supuesto, aunque supongo que no hará falta mostrar ejemplos.  

Me retracto. Sí vamos a poner un ejemplo. El presunto pucherazo del voto por correo. ¿Se puede ser más mandanga, mentiroso, bulero y hasta canalla para echar al viento tal estupidez, multiplicado por esa deleznable plataforma que es Telegram? Pues sí, claro, porque es lo que hizo y hace Donald Trump y han extendido por el mundo sus apóstoles y otros empleados a sueldo. Y ahí están Feijóo o Díaz Ayuso, la desvergüenza al poder. La razón es obvia. Quienes utilizan este medio de votación, en su mayoría, es porque tienen dificultades para acudir al colegio electoral, sobre todo porque están trabajando o estudiando fuera de su lugar de residencia, más gente con dificultades motoras y otros currantes en situación precaria a los que no les conviene la mala cara del patrón. ¿Fraude? El mismísimo líder —qué risa— del PP fue director general de Correos y sabe muy bien de la imposibilidad de alterar el voto. Da igual. Se trata tan solo de tener una agarradera para el caso de que pierdan. ¿Asaltarán el Congreso como hicieron los seguidores de Trump o Bolsonaro con el obvio apoyo de ambos, sí reconocido por la justicia? Es fango, es política puramente miserable.  

Decíamos de las encuestas. Al Ojo le gustaría hacer una propuesta al CIS del vilipendiado José Félix Tezanos. Digo este Centro porque ningún otro tiene la capacidad suficiente, ni el interés, me temo, de cruzar algunos datos que podrían ser relevantes. ¿Qué plataforma siguen los votantes que apuestan por Vox o incluso el PP? ¿Tiene la izquierda a su favor alguna de ellas, quizá Facebook, 3.000 millones de usuarios, Instagram, con un número similar, TikTok, que cuenta con 1.000 millones de ellos en todo el mundo y 23,4 millones activos mensuales en España? Claro que Youtube tiene en España más de 40 millones de usuarios. Por supuesto que hay millones de mensajes escritos y vídeos de gentes de izquierda lanzando sus proclamas en esas plataformas. ¿Pero de verdad creen que son suficientes para frenar el tsunami de la extrema derecha mamando millones de los ricos de acá ya acullá? Ese virus que se ha extendido por el mundo como el Covid no puede deberse a la simple casualidad. En absoluto.  

Va a ser, ya lo es, una campaña a cara de perro, actitud que el PP ha mostrado desde el primer día para acabar con el gobierno de coalición pero, muy especialmente para derribar a Sánchez. Tampoco se sorprenderán ustedes si los señores jueces, tan imparciales, tan limpios en su cometido, echan una mano en este mes y medio que nos queda hasta que nos acerquemos a las urnas. La mano irá, por supuesto, al cuello de la izquierda. Ahí tienen, de ayer mismo, la decisión el Supremo sobre la llamada ley de nietos. Y allá a su frente, ese particular Estambul de una izquierda muy izquierda que todavía no ha decidido si ahorcarse o hacerse el harakiri. Que si listas, que si Rufián. Y el tiempo, por supuesto, se va acabando. Qué pena. Porque ese hormigueo social que ha levantado la crisis de la vivienda y el efecto Maricarmen tenía toda la apariencia de que empujaría a esos líderes de izquierda, pero muy de izquierda, vamos que no se puede ser más de izquierdas, por la madre que me parió, a tener una cierta decencia y olvidarse de sus miserables cuitas de partido rancio y un punto miserable. ¿Tampoco así, con esa movilización social soplando a popa, con el monstruo de la extrema derecha neofascista dispuesta a saltarnos a la yugular, a un paso de acabar con las conquistas sociales que nos ha costado décadas conseguir, van a dejar de mirarse el ombligo? Qué quieren que les diga, que esos insensatos se merecen el pozo de la desaparición. Si no sirven para nada, mejor desaparezcan. Quítense de en medio y no estorben.  

Todo mal, todo feo, todo difícil. Pero ni un paso atrás para coger impulso. Hay que dar cuerpo a esa fuerza social que está en calles y plazas y volcarse en avances sociales. Y si la izquierda muy izquierda no sabe hacerlo, que el PSOE sea más listo y ponga el cesto para recogerlo. Así, con especial atención a las cosas de a diario, que si el médico de familia o las resonancias, las aulas horno, los tomates por las nubes y la vivienda, claro, es como pueden ganarse los votos. Esto es: a las cosas. Ya sabe el Ojo, como cualquier persona avisada, que el partido de Pedro Sánchez ha incumplido muchas de sus promesas, algunas por apocamiento ante los ríos profundos del capitalismo, y otras porque no ha tenido los votos suficientes en un Congreso sin mayoría clara. Pero estaría bien, por una vez, que el Gobierno sepa vender todo lo que ha hecho y lo que ha logrado en estos años: aumento del salario mínimo, Ingreso Mínimo Vital y ERTE, revalorización de las pensiones, ley de eutanasia, aumento de becas, mejoras importantes de la ley de Dependencia, etc., etc. Acierta la ciudadanía en reprocharles sus errores, pero es un insulto a la inteligencia acusarles de causar el engordamiento de la ultraderecha. Más bien habría que culpar a la derecha, beatífica y mansa compañía de los neofascistas. Ellos sí han contribuido a su implantación. Lo dice muy bien Franco Delle Donne en Epidemia ultra: del fascismo europeo a Silicon Valley: “Copiar, cooptar o integrar a la ultraderecha a un gobierno no la neutraliza. Nunca lo ha hecho. Solo la vuelve más fuerte”. Y aquí, en las comunidades autónomas donde gobiernan lo tenemos bien a la vista. Y eso que solo enseñan la patita, que saben que mejor les irá si se esconden en sus guaridas. Saldrán al aire cuando tengan todo el poder. Y da miedo.

Claro que estamos asustados y con la campaña que están haciendo aún más. Suena dramático pero a veces conviene ponerse serio: o siglo XXI o siglo XIX. 

Ante el clavel y la rosa, el votante escoja.

Adenda. “El juez Antonio Viejo ha citado para el próximo 3 de diciembre a Fernando Camino, director de Quirón Prevención, para que declare como investigado por el presunto reparto de una comisión con Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, que ambos habrían obtenido de la compraventa de mascarillas en pandemia y de la que habrían ocultado su reparto, según una providencia del juzgado a la que ha tenido acceso elDiario.es.”, se contaba aquí el viernes pasado. Ustedes leen semejante información y no tienen más remedio que mirar hacia el señor González Amador y la pichona Isabel Díaz Ayuso, que es como llaman a Begoña Gómez los sicarios de la prensa de la derecha. Pichona enamorada, graznan. Pues va a ser que tendrán que esperar, porque en este caso, miren ustedes qué casualidad, la justicia anda a paso de borrico, mientras en otros, qué les voy a decir del fiscal general, por verbigracia, los ilustres togados vuelan a velocidad del Lockheed SR-71 Blackbird. Así que tranquilidad y buenos alimentos, que es mentira que la justicia no es igual para todo el mundo, sean los investigados de izquierdas o de derechas. Eso, échense unas risas. 

Con todo, a la vista de los hechos crudos que ya está al alcance de toda la ciudadanía, parece difícil, muy difícil, el Ojo diría que ontológicamente imposible, separar los sintagmas González Amador y Díaz Ayuso de otras palabritas como cohecho, soborno, sucio pelotazo, mascarillas o áticos gigantescos con terrazas como campos de fútbol. 

Seguro que en su anunciado superventas Íntimo, la reina del vermú nos cuenta la verdad, toda la verdad y solo la verdad, de estas pequeñas minucias.  

Vamos, que la cosa va p’alante. Exasperante por premiosa, la tortuga es más veloz, pero ya están estos asuntos en un túnel del que no se puede salir. 

El que no se conforma es porque no quiere.  

 

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