El bulo del culo de Ayuso
Se llama canutazo en el argot periodístico al momento en que un político se pone delante de un grupo de periodistas con sus micrófonos y grabadoras para hacer unas declaraciones, en general breves. Este viernes, Isabel Díaz Ayuso lo hizo en Alcalá de Henares y las preguntas fueron sobre el famoso ático. Ahí comenzó una larguísima intervención de varios minutos en las que, casi sin coger aire, se lanzó a ofrecer unas explicaciones confusas con la única intención de presentarse como víctima de una confabulación de sus enemigos reales o imaginarios. No paró de hablar mientras no contaba nada concreto o nada que no se supiera.
Resultó entre divertido y alucinante verla intentar explicarse y soltar frases que se cortaban para cambiar de argumento. Lo más importante es que ella era LA VÍCTIMA. Todo lo que había hecho era perfectamente normal, aunque por lado también decía que ella no había hecho absolutamente nada. Todo había ocurrido aparentemente sin que ella interviniera. Hubo una frase especialmente patética cuando dijo: “¿Por qué no intentáis creerme?”. Era como si formara parte de una canción de la película 'Los miserables', llena de dolor y rabia. Sólo faltaba la banda sonora.
La oposición dice que Ayuso está “desquiciada” y la intervención ante los periodistas lo confirmaba. Le preguntaron por qué había visitado personalmente el ático, del que había dicho que no era para ella. “Porque si lo compran y estoy buscando un lugar donde puede que me lleve las oficinas, el despacho mío, mi despacho, oye, pues por verlo”. Dijo que ser presidenta le obliga a vivir en “condiciones muy duras”, por no tener anonimato, y que le gusta “tener vecinos” (a pesar de que las lógicas medidas de seguridad les obligaría a muchas molestias): “Entonces, lo único que me da alegría es tener vecinos, que tengan sus perros, sus niños, me gusta 'qué tal, presidenta', 'buenos días', 'cómo estás', 'he traído fruta', 'te la intercambio', cosas normales de vecindad”.
Los perros, los niños, la fruta con su inevitable intercambio. Cualquier cosa antes que contar quién dio la orden de comprar el ático de lujo. Quién no ha llegado a casa y le ha dicho a la vecina del cuarto que ha comprado un kilo de naranjas, pero que le da la mitad a cambio de medio kilo de manzanas. ¡El trueque como en los albores de la humanidad! Todo esto dicho a la velocidad de un coche de Fórmula 1 del que sale un humo preocupante.
Su Gobierno difundió el viernes un informe de 224 páginas con los documentos relacionados con la compra sin que en ninguno quedara claro quién había dado la orden de compra. Los nombres estaban tachados. Los documentos habían sido escaneados para que los metadatos no revelaran de dónde había partido cada uno de ellos.
La compra por valor de 6,3 millones fue realizada por la sociedad pública Planifica Madrid en abril, presumiblemente cumpliendo órdenes del Gobierno. Llevaban meses buscando una vivienda. Esa transacción se hizo en secreto. Luego el Gobierno firmó un contrato de alquiler (por solo 3.000 euros mensuales, un precio muy inferior al de mercado) para utilizarlo para sus propios fines. ¿Cuáles eran? Ese documento dice que el Gobierno de Ayuso “tiene interés en hacer uso del mismo como inmueble institucional de carácter residencial o dependencias específicas para su uso de manera permanente u ocasional por distintas autoridades como apoyo a las sedes oficiales”. También se dice que podría utilizarse en caso de algún tipo de emergencia como “espacios accesorios o suplementarios en contextos de gestión de crisis que pueden prolongarse en el tiempo y requerir de espacios complementarios con posibilidad de uso residencial”.
Las dos frases vienen a confirmar la posibilidad de que sirviera de residencia para Ayuso de manera permanente u ocasional. La diferencia entre ambas opciones es irrelevante a efectos contractuales. Una vez que entras a vivir en el ático, podrías seguir allí el tiempo que quieras. Y la Comunidad no se va a gastar seis millones en un piso de lujo en una de las zonas más caras de Madrid –al lado de la casa donde reside la madre de Ayuso– para que viva en él un consejero o para que se celebren reuniones. El Gobierno ya tiene un montón de salas para ese fin y el ático no podía ser únicamente lugar de trabajo porque el edificio está catalogado como de uso residencial. Alguien podría trabajar en él si hace teletrabajo –eso es legal– siempre que la zona de despacho no supere unos máximos.
La versión inicial decía que el ático era para celebrar reuniones durante unas obras en el edificio de la Presidencia de Madrid y que por eso se había buscado “un inmueble destinado a oficinas”, como dijo Ayuso. Fue una de las mentiras que ahora han quedado desveladas por los documentos difundidos. Por eso se ha tardado mes y medio en hacerlos públicos.
Ese contrato de alquiler entre Planifica Madrid y la Comunidad se firmó el 27 de julio. Dos días después, El País dio la noticia y el Gobierno autonómico entró en pánico. Había que deshacerse del ático cuanto antes. Al día siguiente, se anunció la venta del piso, junto a otros edificios, y que los ingresos se destinarían a la recuperación de las zonas de Madrid dañadas por los incendios. Un cambalache disfrazado de gesto humanitario. Eso era ilegal, porque el ático forma parte de los activos de Planifica Madrid y los fondos de su posible venta no pueden emplearse para cualquier cosa solo porque lo diga la presidenta, pero les dio igual.
En este clima delirante, propiciado por la situación que vive Ayuso, el pleno de la Asamblea de Madrid del jueves ofreció otro espectáculo singular a causa de otro tema, la denuncia de un cirujano del Hospital Ramón y Cajal de que se han falseado las lista de espera por razones políticas. Ayuso lo definió así: “El bulo del culo de la semana viene cuando en el Ramón y Cajal un señor está manipulando las citas sanitarias, las suyas, y encima, entre otras muchas lindezas, se le conoce por reventar el coche al jefe y por tener expedientes disciplinarios, y ahora resulta que nos da lecciones de listas de espera en la tele sanchista”. La presidenta se dedicó a difamar al médico para desacreditar su testimonio en vez de investigar una presunta ilegalidad.
Lo del bulo del culo viene de una antigua denuncia de una agresión homófoba que resultó ser falsa y que en la derecha se utilizó para burlarse de los homosexuales. Ya hay que ser retorcido para hacer ahora esa comparación. Les debió de parecer gracioso.
Aterrorizada por la situación creada por el ático, que ni siquiera ven bien en la dirección nacional del partido, Ayuso ha optado por la solución que aplica a todas las crisis. Esparcir basura a todos los lados y presentarse como víctima. La que extiende tantos bulos, con o sin culos, que es difícil seguirles el rastro. En el debate de la Asamblea, Hugo Martínez Abarca, de Más Madrid, la definió en estos términos: “Ayuso lo que quiere ser es una aristócrata, una emperatriz y tener un tren de vida que le paguemos los madrileños”. Por concretar, una aristócrata a la que le encanta intercambiar fruta con sus vecinos.
Una crisis sin final en el horizonte
Cuanto más dure la crisis de Ceuta, peores consecuencias tendrá para el Gobierno. Y no tiene pinta de que esto vaya a acabar pronto. Incluso las medidas que en teoría sirven para mejorar la situación –trasladar a los inmigrantes a un campamento temporal en el puerto de Ceuta con 1.700 plazas– ofrecen imágenes que sirven para sustentar la teoría de la oposición de que todo es un caos sin control.
El traslado realizado el viernes era una tarea complicada. Miles de personas querían poder acceder a la zona de acogida, porque allí tienen garantizado al menos una cama y comida. Mejor eso que vivir en la calle o en una playa. Y eran más que el número de plazas disponibles. No parece que hubiera suficientes efectivos policiales para mover a todas esas personas. Hubo algunos incidentes. Centenares de los migrantes comenzaron a correr por temor a quedarse sin plaza en una estampida recogida por las cámaras.
El Gobierno dice haber cumplido su promesa de habilitar 6.000 nuevas plazas, pero, por lo que se ha podido ver después, no son suficientes. La playa del Trampolín continúa albergando a un número similar de personas al que había antes de la operación.
Esta semana, comprobamos que el presidente de Ceuta era muy consciente justo antes del 30 de julio de las limitaciones legales existentes de cara a devolver a Marruecos a los inmigrantes que llegaran a la ciudad. “No se pueden devolver, sería delito. Lo prohíbe la ley. Para que el menor pueda retornar, tiene que querer retornar. Y ninguno quiere. Y los adultos que solicitan asilo no se pueden retornar”, dijo Juan Jesús Vivas el 29 de julio. Después, cambió de discurso y análisis jurídico, seguro que después de una llamada de la dirección del PP.
El PP continúa con su política de criminalizar a los extranjeros que aún siguen en Ceuta. No sólo no frenan en esa deriva, sino que aceleran. Feijóo se inventó el viernes que su intención es atacar a la policía: “Estos señores no vienen a buscar un trabajo. Vienen a enfrentarse contra el orden público constitucional y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Querer dormir en una cama parece ser un atentado al orden público constitucional. En el empeño por alcanzar al nivel de xenofobia de Vox, Cayetana Álvarez de Toledo afirma que no son migrantes, sino “soldados” y que las mujeres y niños sólo están ahí “de atrezo”. Para caer en el racismo, el primer requisito es mostrar una total falta de compasión por los pobres de otros países. Algunos políticos están dispuestos a eso y a mucho más.