35 años de uno de los capítulos más bochornosos del tinerfeñismo

Milosevic entrenó al CD Tenerife a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado.

ACAN

Santa Cruz de Tenerife —

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El Tenerife 85-86 llegó al ecuador de la competición con resultados desiguales. No brillaba en el campeonato de Segunda División, en el que era decimoséptimo con 17 puntos y cinco negativos tras la disputa de 20 jornadas. Estaba en puestos de descenso, pero con los mismos puntos que el Rayo, situado en zona de permanencia. Sin embargo, desarrollaba una trayectoria espectacular en la Copa del Rey, en la que, además de apear al Orotava y al Güímar, había eliminado a dos equipos de Primera División: el Sporting de Ablanedo, Cundi, Joaquín, Eloy o Quini… y el 'superValencia' de Sempere, Quique Flores, Voro, Tendillo, Arias, Roberto o Fernando. Pese a ello, el ambiente en el Heliodoro era irrespirable.

En su segunda etapa como presidente, Pepe López llevaba nueve años en el cargo y la oposición se había organizado en la Alternativa Azul y Blanca que comandaba un ex directivo, Javier Pérez y Pérez. Y cada partido acababa en bronca. Al palco o al banquillo que desde hacía año y medio ocupaba Dragoljub Milosevic, una eternidad para el inquieto aficionado blanquiazul. El 15 de enero de 1986, el Tenerife disputaba ante el Sabadell el partido de ida de los octavos de final de la Copa del Rey, con opciones de igualar su mejor marca en el torneo. Lo hizo con un equipo formado por: Aguirreoa; José Ramón, Alfonso García, Quique Medina, Sirvent; Lakalle, Paulo Roberto, José Antonio; Haro, Luis y Tarsicio Moura.

El partido fue horrendo, pero a la media hora el brasileño Paulo Roberto, al que ningún aficionado recuerda haber visto correr en el año que jugó como blanquiazul, hizo el 1-0. Con el marcador a favor, Milosevic prescindió en el descanso de Luis para colocar al andaluz Alonso, delantero con poco gol pero que en el último mes y medio había marcado en los tres últimos triunfos del equipo ante Elche, Cartagena y Castilla. A dos minutos del final, después de tenerlo calentando durante más de media hora, introdujo a Toño Hernández… en el lugar de Alonso, cambio típico en el técnico serbio, muy dado a sustituir al sustituto. Entonces, estalló el Heliodoro. Hubo silbidos, gritos, insultos y una lluvia de objetos contra Milosevic, que debió refugiarse en el banquillo.

El 1-0 no era mal resultado para la vuelta y apenas quedaban dos minutos para el final, pero la bronca envalentonó a Alonso, que se encaró con el técnico y hasta quiso llegar a las manos. Por suerte, el eterno utillero blanquiazul, Juan Figueroa, evitó la agresión. Y en cuanto Milosevic se levantó a dar una indicación, los aficionados colocados tras el banquillo local empezaron a agitar las vallas para poder acceder al césped. Acabado el choque, algunos lo lograron y rodearon al preparador balcánico. La intervención de la fuerza pública y de los jugadores limitó los daños, pero no se pudo impedir que el técnico se llevara algún cogotazo, un pisotón y un puñetazo. Luego, el míster tardó casi una hora en poder abandonar el vestuario.

Una vez disueltos los aficionados, Milosevic anunciaba que no iba a dimitir y denunciaba que “la actitud de esta gente está orquestada por una sola persona, que coloca maliciosamente a tres o cuatro individuos detrás de mi banquillo para exasperar el ánimo de los demás”. Un mes después, tras cuatro derrotas consecutivas en la Liga y ya eliminado de la Copa del Rey al caer 5-1 en Sabadell, Milosevic presentaba su dimisión. Su marcha no fue la solución y, en el mes de mayo, el Tenerife consumaba su descenso a Segunda División B.

(*) Capítulo del libro el CD Tenerife en 366 historias

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