Ejercicio en La Romareda entre el abandono y el ridículo

Ángel se lamenta por una ocasión fallada

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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El Tenerife se abandonó a la molicie para acabar un partido impropio, entre el ridículo de los jugadores fuera de tono y los desinteresados en lo que pasaba en La Romareda. Ganó el Zaragoza, más obligado como estaba, con aplicación, juego directo y pegada. Tanto que antes de la hora de juego ya estaba fijado este 3-1 doloroso que se inscribirá en la lista de grandes bochornos del tinerfeñismo.

Lo de menos este domingo es el resultado y lo de más el cómo. Habiendo muchos guiones para una derrota, eligió el Tenerife la que más cuestiona el valor de sus futbolistas y la capacidad de su entrenador. Los unos, remedo de su mejor versión. Y este Garitano empeñado en inventar la rueda cada semana en lo que le sale una cuadrada cada vez.

Así lo de esta jornada indigesta. Volvió Sipcic a emparejarse con León y tuvo otro partido entero Bodiger –el segundo seguido– camino de quemar todo el crédito como ocho o como seis, tanto da para un jugador sobrevalorado, abrumado por la presión o simplemente normal. En este Tenerife brumoso cuesta saber qué ocurre con Bodiger.

Por una vez no tuvo mayor influencia la composición del once blanquiazul. Con esta actitud sumisa con la que arrancó, incapaz de compensar la impulsividad del Zaragoza, los nombres eran secundarios. En tres minutos, ya había concedido corners, remates, Soriano ya había dudado en una salida con un remate salvado del gol por José León y el equipo todo llegaba tarde a cualquier disputa

Llegado el quinto, Francés tuvo tiempo para prepararse en el área una volea violenta que dejó helado a Soriano en lo que Mellot y Waldo convenían el modo de defender la jugada, un saque de esquina llovido desde el flanco derecho sin más peligro de haber encimado al central blanquillo.

La ventaja del Zaragoza no le hizo un equipo fiable. Tiró la línea más lejos de Badía que cerca de la medular y se empeñó en un lío tras otro para sacarla jugada desde su área. Entre una cosa y la otra, al Tenerife le bastó una entrega pifiada de Mouriño para habilitar una caída de Ángel que mal resolvió encarado al portero (m.18) y otra de Roberto (m.26) –tras un pase de Luismi Cruz al desmarque de ruptura– que malbarató López eligiendo un tiro blando en lo que Waldo clamaba en la carrera, sin marca, por el pase que no le llegó.

Los brotes de lucidez del Tenerife, de aquella manera, condujeron a otro toque de autor de Garitano. La presencia de Bodiger emparejado con Sergio había dejado en el banco a Corredera, así que, cumplido un tercio de la obra, pagaron justos por pecadores. Entraron el gerundense y Buñuel y se marcharon Nacho (al banquillo) y Sipcic, este directo a la caseta jurando en alguna variante serbocroata para evitarse males mayores.

Los cambios, como los otros en la segunda mitad, no variaron la propuesta del Tenerife, aunque con Corredera le duró más el balón hasta que el Zaragoza volvió a hacer sangre. Tuvo una fase más aseada el Tenerife y una segunda oportunidad de Ángel al espacio en la que sí resolvió a su modo: un recorte en el área para sentar a Francés y un remate cruzado lo justo para que no tapara Badía (1-1).

Pero con un ratito para el descanso, se desconectó lo justo el Tenerife cuando ya había encerrado al Zaragoza en cuarenta metros. León concedió una pérdida suicida a seis metros del área local y armó Toni Moya una vuelta interminable que acabó con la defensa aculada junto a Soriano y Bodiger mareado por el requiebro de Iván Azón y el tiro al palo largo de Soriano que casi detuvo una acrobacia de Mellot.

De regreso del entreacto, vuelta a los pecados capitales, de nuevo en el quinto minuto Complaciente en las marcas el Tenerife, se permitió Germán Valera una pelota medida –seguida por la mirada de Roberto López– que empaló en el flanco opuesto Maikel Mesa, otra volea imposible como la de Francés –ahora de arriba abajo– que se coló en un huequillo entre el poste y Soriano

Noqueado por el 3-1, el Tenerife hizo poco por evitarse media hora larga de un bochorno en el que se mezclaron una actitud de toro manso, la inesperable sucesión de malas entregas de Sergio y los otros cambios. Fiel a la costumbre, acabaron los blanquiazules con un solo delantero –Gallego, un remate liberado ante Badía que perdió el rumbo–, Romero como enganche de circunstancias y Rahmani enfrentado a sus demonios.

A nueve capítulos de bajar el telón se queda el Tenerife obligado, al menos, a un acto de contrición colectivo y enfrentado a uno de esos finales de curso que tanto amargan al tinerfeñismo. Con el crédito social y el futbolístico en mínimos para aspirar a otra cosa que una permanencia por la vía rápida que evite la histeria.

(3) REAL ZARAGOZA: Edgar Badía; Mouriño, Francés, Jair, Lecoeuche; Germán Valera (Fran Gámez, m.84), Toni Moya, Marc Aguado, Maikel Mesa (Jaume Grau, m.75); Iván Azón (Sergi Enrich, m.84) y Bakis (Liso, m.58).

(1) CD TENERIFE: Soriano; Mellot, Sipcic (Alex Corredera, m.29), José León, Nacho (Aitor Buñuel, m.29); Luismi Cruz, Sergio González, Bodiger, Waldo (Rahmani, m.66); Roberto López (Álvaro Romero, m.73); y Ángel (Enric Gallego, m.73).

GOLES: 1-0, m.5: Francés; 1-1, m.37: Ángel; 2-1, m.45. Iván Azón; 3-1, m.49. Maikel Mesa.

ÁRBITRO: Caparrós Hernández (Comité Valenciano). Amonestó a Nacho (m.8), Aitor Buñuel (m.69) y Álex Corredera (m.90+4).

INCIDENCIAS: partido correspondiente a la jornada 33 de LaLiga Hypermotion (Segunda División) disputado en el estadio de La Romareda de Zaragoza ante 18.614 espectadores.

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