Las tres palizas del CD Tenerife al subcampeón de Copa
La final de la Copa de España de 1931 forma parte de la historia del fútbol español. Porque el Athletic de Bilbao logró su segundo doblete consecutivo y porque, por primera vez en la historia, un equipo de Segunda División, el Betis Balompié, alcanzaba la final. Bueno, también entró en la historia por celebrarse en un ambiente de júbilo popular tras la proclamación de la II República Española.
Aquel día, en el viejo Chamartín y sobre un barrizal infame, el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, entregó la copa a los vencedores y destacó “la gallardía mostrada por los vencidos, que ojalá se diera también en política”. Para llegar hasta ahí, los verdiblancos habían dejado en el camino al Madrid y al Arenas de Getxo, ambos de Primera División. A estos últimos los eliminó tras un desempate que les hizo llegar agotados a la final. Y luego, en su compromiso ante los Blasco, Muguerza, Iraragorri, Bata, Chirri y Gorostiza, el Betis padeció además la lesión de su portero.
Mes y medio después, los andaluces llegaban a Tenerife y, tras un encuentro de aclimatación saldado con victoria (1-0) ante el Unión (entonces sin el título de Real), el viernes 14 de agosto de 1931 se midieron en el Stadium al CD Tenerife. Abrisqueta, el entrenador local, alineó esa tarde a Cayol; Llombet, García I; Esquivel, García II, Arsenio Arocha; Torres, Rancel, Arencibia, Semán y Luzbel.
Los verdiblancos salieron también con su equipo de gala, con diez de los once futbolistas que habían sido titulares en Chamartín. Entre ellos, los grancanarios Adolfo, Martín y Pedro González Timimi. Al descanso ya perdían por 2-0. En los primeros minutos, Arencibia avanzó en velocidad desde el centro del campo y superó a Jesús con un tiro suave y colocado, alejado del habitual cañonazo de la época. Luego, don Pancho se retrasó unos metros para servir a Luzbel, que desde la izquierda dio un pase preciso que Torres, el otro extremo, empujó a la red.
Arencibia de penalti, Semán y Luzbel cerraron la goleada definitiva (5-0), sin que los béticos pudieran batir siquiera en una ocasión a un inspirado Cayol. Mientras, el Tenerife se entretenía con jugadas de tiralíneas o con taconazos como el que ejecutó Semán en la acción del 5-0 para regalarle el tanto a Luzbel.
Eso sí, acabado el partido, Abisqueta pasó factura a los críticos, que preferían ver a Arencibia de mediocampista, al insistir que el Tenerife había goleado “con Arencibia en el centro del ataque”, algo no del todo cierto, pues don Pancho se retrasaba para iniciar los ataques y así descolocaba a la zaga rival. Dos días después, el Tenerife se imponía al Betis por 3-1. Y al domingo siguiente, por 5-2. O lo que es lo mismo, tres repasos al subcampeón de la Copa de España.
(*) Este texto forma parte del libro El CD Tenerife en 366 historias. Relatos de un siglo, del que son autores los periodistas Juan Galarza y Luis Padilla, publicado por AyB Editorial.
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