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Un viaje hasta el corazón

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El cartel de Érase una vez en Canarias con la imagen de la patera tomada desde abajo y la claridad solar que deslumbra, y alumbra el fondo marino, anticipan a mi entender el propósito que particularmente desprende la película.

Entiendo que el director nos va a narrar lo bastante de una historia entretejida desde abajo, de tal manera que antes de que la podamos ver, ya la hemos mirado y antes de que la podamos oír, ya la hemos escuchado, porque el relato lo toma de la conciencia, del wólof y del canario de abajo.

El filme de Armando Ravelo puede mostrarnos la orfandad africana, el viaje para llegar, no para venir; la materialización de la búsqueda del vínculo paternofilial, que puede no ser la del encuentro, el desabrigo de la costa africana, el desamparo de las estrellas y la opacidad de la luna mientras se navega en la oscuridad en la ruta precisa y con un rumbo que no garantiza anclar.

Con independencia de la opción que decida el director, sé que el resultado nos inyectará toneladas de hambre de abrazos, de acompañar a quienes llegan por mar, por entibiar el frío de la noche mojada, por servir vasos de agua dulce para paliar la salada ingerida durante la travesía, pero también, y posiblemente sea mayor su reto, de convencer de que a las costas canarias arriban seres humanos, no contratiempos, porque exclusivamente es aquí donde mutamos personas por problemas.

El trabajo realizado para cumplimentar Érase una vez en Canarias ya fue definido por Eduardo Galeano: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

Muchas gracias a Armando por su trabajo de activista de la memoria, propagandista del patrimonio cultural e instigador de conciencias, porque no le es suficiente con saber, sino con tener la capacidad de provocar cambios, de demandar una vida ajustada a la convivencia con la vecindad dentro de los ocho edificios insulares, aún en momentos complejos en los que seguimos necesitando conocer para comprender el pasado, el remoto y el de ayer que sigue concatenado con África desde donde llegan vidas rotas por la necesidad y se siguen fragmentando en Canarias si no ponemos remedio inmediato.

Muchas gracias, equipo de Érase una vez en Canarias, porque con esta narrativa dramática nos aproxima la realidad opaca hasta el corazón a través de los ojos, oídos y la conciencia. Rememora una historia patrimonial y les agradezco y reconozco el arte de su trabajo. Les felicito por explorar historias que nos facilitan progresar como pueblo multicultural, solidario y amante de la vecindad, a la que se le ayuda en su derecho a trazar su propio camino dirigiendo sus pasos hacia donde pueda desarrollarse, a donde encuentre bienestar y relaciones sólidas, paralelas y sanas porque el enriquecimiento es mutuo, el corazón se nos ensancha y bombea más.

En varios puntos de África se encuentra memoria canaria, y en las zonas en las que no tenemos rememoración escribimos historia contemporánea, mucho más valiosa, porque permite a las personas actuales ser protagonistas, caligrafiar tramas y diseñar finales felices, como traza en sus guiones el director de Érase una vez en Canarias, cargados de reflexiones y de menesteres políticos.

Gracias por elegir narrar historias solidarias, comprometidas con los pueblos de las cercanías, porque nos permite vivirlas y protagonizar logros.

También, gracias por hacer visible lo que está a la vista, lo que diariamente vemos en las costas. Sabemos que el dolor compartido duele menos y alivia el padecer, y el arte cinematográfico es un excelente vehículo para sanar.

Los pedazos de historias hasta ahora veladas se manifiestan en la película de Armando Ravelo. Se compone de escenas que nos nutren de vivencias que son nuestras y nos dotan de coraje por solidaridad con la valentía y el arrojo de quienes sin saber nadar y sin más medios que un teléfono móvil y una botella de agua se suben a una patera dejando sus valiosos bienes: una familia marcada por el hambre que sobrevive en un país rico en recursos naturales que explota otras naciones y multinacionales.

Me pongo de pie por quienes no se rinden ante un mar que separa, pero que sirve para unir, para alcanzar la tierra de promesas y de reveladoras esperanzas.

Gracias por una nueva película porque vamos a saber más del patrimonio histórico de Canarias. De todos los que contiene, y aún sin tenerlos delineados, me refiero al más valioso, al que aumenta cuando lo ponemos en práctica, cuando lo usamos y abusamos de él, que es el del patrimonio heredado de la solidaridad, el que nos permite retenerlo en el corazón y nos dota de fortaleza y valentía para seguir evolucionando como comunidad cultural, sabiendo más de nosotras mismas, viviendo con más memoria, agregando actualidad al pasado, y porvenir al tiempo presente.

Gracias, equipo, por sumar patrimonio con historias bellas y duras, cargadas de enseñanzas que nos hacen vibrar y levantarnos, en este caso, ante el ejemplo de una mujer que busca su línea parental.

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